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El derecho al aborto libre se escuchó en las calles de Iruñea

El Gobierno de UPN y la Conferencia Episcopal fueron las principales dianas de las denuncias de la manifestación que ayer recorrió el centro de Iruñea para reclamar el derecho al aborto libre y gratuito. Más de un millar de personas se sumaron a la llamada de colectivos feministas de toda Euskal Herria, que anunciaron que mantendrán las protestas en la calle, en un herrialde en que ni se cumple la actual ley.
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Joseba VIVANCO |

«Ésta era de nuestros tiempos», se enorgullecían unas veteranas militantes feministas cuando al inicio de la manifestación las portadoras de la pancarta que la encabezaba arrancaban a entonar la ya clásica consigna «Nosotras parimos, nosotras decidimos». Entre su generación y la de muchas de las participantes ayer en esta movilización en Iruñea en favor del aborto libre y gratuito en Nafarroa mediaban unos cuantos años, cuando no décadas. Y, sin embargo, la consecución de algunos derechos parecen haberse anclado en el tiempo.

La cita era sobre las 17.30 junto a la antigua Estación de Autobuses de la capital navarra. Hasta dieciséis colectivos feminis- tas de toda Euskal Herria convocaban esta marcha en defensa de un derecho al aborto que la sanidad navarra sigue sin acatar desde la entrada en vigor de la ley de 1985. Un llamamiento unitario que fue saludado con numerosos abrazos entre las asistentes, en los prolegómenos de la manifestación. La Asamblea de Mujeres de Bizkaia se encargó de «empapelar» las pecheras de los asistentes con pegatinas que, a lo largo de la marcha posterior, decorarían todo el mobiliario urbano por donde discurría la movilización -incluso la Policía Municipal pidió, de manera infructuosa, que evitaran hacerlo-.

Diez minutos después de la hora prevista, la pancarta con el lema ``El aborto es un derecho, no un delito'' echaba a andar, entre los primeros gritos de «Abortatzeko eskubidea!». Pronto, la hilera de personas, mayoritariamente mujeres y de muy distintas edades, enfilaban hacia la Avenida de la Paz para dirigirse hacia la Plaza del Castillo, final del recorrido.

Si de algo se precian las convocatorias nacidas a partir de los movimientos feministas es que no hay tiempo para el silencio ni la monotonía y que, por muy serio que sea el objeto de la protesta, eso no está reñido con la alegría. Desde el inicio quedó claro con eslóganes como «Los de los rosarios, no nos toquen los ovarios», «Estamos hasta el culo, de tanto obispo chulo», «Que no se meta la iglesia en nuestras vidas» o «Antes que un rosario, unas bolas chinas», que se mezclaban con los ya tradicionales «Feminismo p´alante, machismo p´atrás».

Al encarar la Avenida Pío XII arreciaron los gritos contra UPN y el Opus Dei, que a partir de entonces se convirtieron en las dos dianas preferidas por los manifestantes, junto a la jerarquía eclesiástica. «Vamos a quemar, vamos a quemar, la Conferencia Episcopal, por machista y patriarcal» fue una de las consignas más coreadas durante toda la marcha.

Una manifestación que transcurrió a paso lento, como atestigua que unas participantes llegadas de la capital vizcaina co- mentaran que «en Bilbo no vamos así de tranquilas nunca».

Críticas a UPN y el clero

Al llegar al Paseo de Sarasate arreciaron los silbidos, la marcha se animó con una carrera incluida y al llegar a la sede del Parlamento navarro los gritos de «UPN, kanpora» se convirtieron en uno solo. Ya frente al kiosko de la Plaza del Castillo los cientos de participantes corearon el inicial «Abortazeko eskubidea!», junto al «Hemen, gaude, abortoaren alde».

Miren Aranguren y Juana Aranguren fueron las encargadas de dar lectura, en euskara y castellano, a la declaración final de la marcha. Ambas pusieron de manifiesto que «aquí no se puede abortar», y denunciaron que «aquí, la Sanidad Pública es el particular patio de la clase médica más reaccionaria».

Las asociaciones feministas convocantes quisieron denunciar las «prácticas prevaricadoras del Gobierno de UPN», y poner de manifiesto la falta de programas de educación sexual, de «imposición de un modelo de relación familiar heterosexual» o de denuncia de «un poder judicial y su policía, que se dedican a allanar viviendas particulares y clínicas privadas secuestrando las historias y las vidas de las usuarias».

UPN -aunque también el PSN- fue uno de los centros de las críticas de las organizadoras de esta protesta. Al partido gobernante le culparon de «dilatar la aplicación escrupulosa de la Ley y la prometida ampliación de la misma». A la Iglesia católica, la acusaron de «presionar nuevamente en el escenario electoral entrometiéndose en nuestras vidas».

Las interrupciones voluntarias del embarazo resultan en Nafarroa «una carrera de obstáculos médicos y judiciales», denunciaron. «Una trampa maldita», concluyeron. Con cánticos a favor de «quemar la Conferencia Episcopal» acabó la lectura del comunicado. Un grito que se plasmó en la quema de un cartel en el que se podían ver las figuras de varios clérigos. El canto de «vamos a quemar, vamos a quemar....» se tornó minutos después en «ya hemos quemado, ya hemos quemado, la Conferencia Episcopal».

El punto final a la protesta lo puso la canción, entonada desde el kiosko y que resonó en toda la plaza, del himno de las feministas. «Zutik emakumeak! / hautsi gure kateak» fue respondido desde los asistentes con la estrofa «zutik, zutik, zutik». Desde las convocantes valoraron de manera muy positiva la respuesta y anunciaron que «hoy hemos salido a la calle a reivindicar y lo seguiremos haciendo».

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