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ANÁLISIS

La resurrección de un pueblo olvidado

Para la periodista argentina Stella Calloni, con el triunfo de Lugo, América Latina «festeja otro día histórico». Resalta, eso sí, que Paraguay necesitará de la solidaridad regional.

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Stella CALLONI «La Jornada»

La periodista del periódico mexicano «La Jornada» y también escritora Stella Calloni analiza la victoria de Fernando Lugo y sus repercusiones en un país dominado por la corrupción y la pobreza. También aborda la historia reciente de este territorio sudamericano que vivió la feroz dictadura del general Alfredo Stroessner y, donde la presencia de EEUU sigue siendo más que significativa.

El triunfo histórico del ex obispo católico Fernando Lugo logró finalmente quebrar la hegemonía de más de seis décadas de gobiernos del Partido Colorado, que incluyeron la larga dictadura del ya fallecido general Alfredo Stroessner (1954-1989).

También derrotó los intentos oficiales de debilitarlo con acusaciones burdas, que fueron desde vincularlo a guerrillas y a otros presidentes de la región, a quien el gobierno de Estados Unidos señala como «ejes del mal».

Además, su triunfo se produce en un país donde la presencia de Estados Unidos fue y es más que significativa, desde la dictadura de Stroessner, cuando Paraguay era sede de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) hasta estos últimos años, donde Washington logró que un Congreso oficialista mayoritariamente votara (2005) la inmunidad para las tropas estadounidenses, que han dejado una infraestructura utilizable para cualquier acción regional.

Este popular triunfo además de la significación que tiene al interior del país, fortifica el esquema político de la integración regional en un momento clave.

En sus primeras palabras, demostró un fuerte tacto porque será muy difícil desmantelar las estructuras de un poder que fue absoluto, donde la corrupción es crónica y cruza a toda la sociedad.

Aunque Stroessner fue derrocado por un golpe en febrero de 1989, nadie dudó de un cambio «gatopardista» para que nada cambiara, también promovido por Washington, pero el respiro que significó el alejamiento del dictador resultó una incontenible puerta abierta para un pueblo sometido a uno de los aislamientos más terribles que recuerde la región.

Paraguay fue víctima de olvidos e indiferencias. Esto no permitió analizar a fondo el desgaste del Partido Colorado en sus feroces internas a partir de 1989 y que costaron vidas, como tampoco se registró sistemáticamente la dimensión que tomó la demanda de justicia por parte de los miles de familiares de víctimas y sobrevivientes de los largos años del horror.

La vinculación de la dictadura con la contrainsurgente Operación Cóndor, cuya selectividad en las víctimas posibilitó encontrar huellas en todo el mundo, también hizo volver las miradas hacia ese pequeño país que, a veces, se perdía en la bruma de esos olvidos.

Esa lucha humanitaria trascendió fronteras y ayudó a diversos sectores en sus demandas en los caminos y las calles, dejando el miedo atrás. Nuevos protagonistas surgieron a la escena. Los movimientos campesinos e indígenas fueron claves como los de las mujeres, los sin techos y otros que fueron hoy vitales para el triunfo.

Los protagonistas de este triunfo «han sido los que en estos años han luchado en todo el país», señaló Lugo con razón.

En esas luchas quedaron muchas víctimas, entre ellas unos 200 campesinos muertos y también reprimidos y procesados por demandas sociales.

Además de desmantelar las viejas estructuras, reveer leyes muy graves que se votaron en los últimos años, dando facultades incluso para la creación de fuerzas paramilitares, que ya han actuado en el país, Lugo deberá luchar contra la pobreza que atrapa a más de un 60 % de la población, lo que lo llevará a enfrentarse con los nuevos y viejos grupos de poder económicos y militares y señores feudales, surgidos de viejas y nuevas corrupciones. Deberá luchar contra mafias viejas y nuevas.

También en el plano exterior, donde avanzó en conversaciones con los gobiernos de Brasil y Argentina, para revertir la injusta situación de los corruptos acuerdos de las grandes fuentes de energía como la represa de Itaupú y Yaciretá, entre otros temas, sostuvo que quiere estar en la integración en pie de igualdad y que su país tiene cómo hacerlo. La primera parte de un sueño se ha cumplido, pero sabe que necesitará que las disímiles fuerzas que se han unido para llevarlo a la Presidencia se mantengan firmes en esa unidad, con difíciles equilibrios y paciencias en un país que ha esperado desde hace mucho más de sesenta años.

América Latina festeja otro día histórico, pero para Paraguay es vital la permanente solidaridad de la región y del mundo hacia un pueblo que resucitó de todos los olvidos.

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