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Raimundo Fitero

Operación Risto

Parece claro que a la cadena le gusta Risto Mejide. A los productores de OT, no digamos: están encantados. Y a él, a su gran ego, le parece absolutamente lo más normal haber alcanzado ese lugar de fama y de poderío. Es más, se siente infravalorado: el podría ser fiscal general de EE.UU., por poner un ejemplo de su sencillez. La verdad es que todo lo que están haciendo en los demás programas de Tele 5 para hacer de Risto un valor en alza es bastante cínico, porque lo que hacen, en el fondo, es desmontar a un juguete roto desde el principio, a un producto deteriorado. Risto Mejide no es nada más que una pose, un alarido, un carámbano, un publicista con ganas de fama, y pronto será exactamente lo que ya intenta ser: un famosillo televisivo que se ha ganado el puesto haciendo ver que no le gusta estar donde está. Tengo la impresión de que ha llegado a donde quería y que su aspiración es ser presentador del nuevo «Aquí hay tomate». Su estilo es propio de ese tipo de programa y como funciona a base de eslóganes, sería perfecto para darle morbo a la entrega. Risto, para entendernos es un alumno aventajado de la escuela de los hermanos Matamoros, pero más pijo, con gafas de sol de marca y lenguaje neo reaccionario.

Paralelamente a este encumbramiento estamos asistiendo al resurgir de los programas del corazón disfrazados de otra cosa. «Está pasando» estrena emisión dominical y nos lo confirma. Su tono de reporteros al pie de la noticia es un puro simulacro, lo que les interesa es la parte del corazón, que es a la que le dedican más tiempo y más recursos humanos, o sea, económicos. Lo mismo que ese vergonzante programa de la primera estatal «Yo estuve allí», que no tiene por dónde cogerlo, es malo de solemnidad y es la tumba de la pareja atípica de presentadores porque no se puede estar más forzado. Uno de sus problemas básicos es la indefinición, aunque yo juraría que lo que quieren es ser una salsa rosa pasada de fecha. Esto de recordar la vida de alguien lo hacen muy bien en los programas del corazón en sus formatos especiales. Esto es lo mismo, pero mucho peor. Que pongan a Risto, que es el pasado disfrazado de autenticidad y modernidad.

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