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Raimundo Fitero

Perder es ganar

No hay nada más grosero que ganar, ni nada tan atractivo como perder. La estética del perdedor es la fuente más generosa de toda la inspiración literaria, cinematográfica y escénica del siglo pasado. Además, si nos ponemos a hacer demagogia asimétrica, deberíamos convenir en que estadísticamente somos muchos más los perdedores que los ganadores, por lo tanto, democráticamente, ganamos los que normalmente perdemos. Así que en días de resúmenes deportivos, de ascensos, descensos, alivios y desesperaciones, lo único que nos queda por añadir es que lo que todos queremos es participar y si ganamos es una cuestión secundaria. ¿Quién me ha gritado cínico?

De acuerdo, es difícil creerse el discurso anterior, pero queda perfecto para los días de resaca. Es más, yo lo único que quisiera saber es cuántos ganan con esa moda uniformante que les ha dado a la inmensa mayoría de las cadenas generalistas que a partir de las dos de la madrugada, más o menos, intentan que todos ganemos, pero que lo hagamos perdiendo. En primer lugar el tiempo. Un tiempo que lo cobran las operadores de telefonía con porcentajes inmensos a las empresas convocantes productoras. Y después que lo que se gana, si no se pierde, es ínfimo, en relación con lo que ganaríamos si perdiéramos el tiempo en otros asuntos. El tiempo es petróleo.

La cosa está clara, todos esos concursitos en donde aparece, una presentadora (la variante de presentador varón o de pareja también existe), que hace preguntas sencillas, muy animosas, para ganar unas cantidades no excesivamente grandes, que se acumulan, son iguales y salen a la vez, colapsando una franja horaria. Su mecánica, su estética, el tono, los grafismos, son todos idénticos, como si salieran de la misma factoría. Probablemente todos son franquicias, y hay una empresa que los hace y los vende a las cadenas, o les compra o alquila el tiempo televisivo, que también puede ser. Es más, la otra noche en dos canales diferentes estaban con el mismo concurso, juego o engañabobos. Así, como se lo cuento. ¡Qué aburrido debe ser ganar! Jugar y ganar adocena. Lo bueno es perder porque es ganar amigos.

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