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La adaptación al calor no depende sólo del cuerpo, sino también del cerebro

Adaptarse a las altas temperaturas no depende sólo del cuerpo, sino también del cerebro. Basta decirle a éste «disfruta del calor» para que la sensación de agobio disminuya. Ésta es la recomendación del sicólogo Ricardo Ros desde su consulta en Iruñea.

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Iñaki VIGOR

Una monitora de un grupo de scouts procedente de Valencia hubo de ser evacuada el pasado miércoles en helicóptero tras sufrir un golpe de calor cuando hacían senderismo en una zona próxima al monte Ezkaurre, en las inmediaciones de Izaba. Otros dos niños también fueron evacuados con síntomas de deshidratación. Ese mismo día, una niña de tres años falleció en una localidad francesa a causa del calor, después de que su padre la dejase en un coche aparcado al sol. Estos son casos extremos que suelen ocurrir cuando se superan los 35 grados de temperatura, pero son casos que se repiten casi todos los veranos. Un descuido o una falta de previsión ante la llegada de una ola de calor pueden tener consecuencias mortales.

Se considera que hay una ola de calor cuando la temperatura ambiental supera los 35,8 grados de máxima y los 21,5 de mínima durante varios días. Este verano todavía no hemos conocido ninguna ola de calor en Euskal Herria, porque las elevadas temperaturas del pasado miércoles fueron una excepción. De hecho, ni siquiera fue el día más caluroso del año, sino el segundo, ya que las temperaturas de ese día fueron superadas por las del sábado anterior.

Pero el problema no suele ser tanto el calor como la adaptación a él. El ser humano puede vivir en temperaturas extremas, tanto de frío como de calor, pero cuando llegan cambios bruscos no tiene tiempo de adaptarse y entonces surgen las complicaciones. Así lo indica Ricardo Ros, licenciado en Sicología por la Universidad Autónoma de Barcelona que ejerce como sicoterapeuta desde 1980 en su despacho profesional de Iruñea. A su juicio, la irritabilidad, el agobio o el cansancio que sufren muchas personas cuando llegan días de intenso calor, a consecuencia de la ansiedad que ese calor les provoca, se debe más a un problema de adaptación que de temperaturas.

Pero precisa que esta adaptación a las altas temperaturas no depende sólo del cuerpo, sino también del cerebro. Así, asegura que basta con decirle a éste que disfrute del calor para que la sensación de agobio disminuya. «Al mal tiempo, buena cara», afirma este especialista, que aconseja que «cada persona se responsabilice de sus sentimientos y sensaciones y que se centre en el presente en lugar de quejarse del tiempo, porque ahora es una ola de calor, la semana que viene quizá vuelvan las lluvias y luego tal vez bajen demasiado las temperaturas».

Aunque reconoce que no es posible evitar el sudor, el calor o el cansancio, se muestra convencido de que el ser humano dispone de mecanismos de adaptación tanto físicos como mentales. «Sí se puede cambiar el pensamiento y plantearse -pone como ejemplo- que la sudoración ayuda a regular la temperatura corporal, eliminar toxinas y limpiar poros».

Medidas de prevención

El intenso calor puede afectar a todas las personas, pero sobre todo a mayores de 65 años y menores de 5, personas que realizan una actividad que requiere mucho esfuerzo físico o personas con mucho peso, enfermas o que toman determinados medicamentos.

Cuando el sistema de control de la temperatura corporal se sobrecarga mucho, surgen enfermedades derivadas del calor. No obstante, se pueden prevenir con medidas que favorezcan los mecanismos de enfriamiento del cuerpo. Así, el Instituto de Salud Pública del Gobierno de Nafarroa recomienda beber más agua y líquidos frescos, aunque no se tenga sed; realizar las actividades de mayor esfuerzo físico (compras, limpieza, deporte...) en las horas de menor calor; evitar el sol en las horas que más calienta, y protegerse de él con sombrillas, gorros, gafas y cremas de alta protección.

Dentro de casa, aconseja darse una ducha de agua fresca, usar ventilador o aire acondicionado o irse a un lugar climatizado.

Aconsejan usar protector solar en los parpados y lentillas con filtro de rayos

En los meses de verano suelen ser frecuentes las patologías oftalmológicas, como conjuntivitis, úlceras o traumatismos derivados de impactos recibidos al realizar actividades deportivas. Para evitar estas patologías, la oftalmóloga Sofía García recomienda usar fotoprotector solar también en los párpados y lentes de contacto con filtro de rayos uva.

Otros consejos para cuidar nuestros ojos en verano son utilizar gafas de sol con filtro homologado y gorras o viseras que protejan del sol, evitar el uso de lentillas en el mar o la piscina, y utilizar periódicamente colirios para aliviar la sensación de sequedad e irritación ocular.

Asimismo, recomienda no sumergir la cabeza en el agua si se ha tenido una intervención ocular reciente, no automedicarse y usar gafas protectoras con lentes de material orgánico en la práctica de deportes acuáticos. I. V.

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