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Bolt y Phelps, principales cometas en el firmamento de unos juegos olímpicos «excepcionales»

La clausura de los Juegos Olímpicos de Beijing hace que no se pueda evitar echar la vista atrás. Todo el esfuerzo de un espectáculo sólo repetible cada cuatro años se desvanece de a poco. No obstante, hay figuras, que por sus marcas o por sí mismas, siempre quedarán en la retina.

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Arnaitz GORRITI

My way es una canción popular escrita en francés por Fred Brott -se titulaba Comme d'habitude- cuya adaptación al inglés fue realizada por Paul Anka. Pero la historia ha hecho que la memoria colectiva de este tema tan versionado viaje a Frank Sinatra -y, en menor medida, a Sid Vicious- para identificar a aquel que ha vivido la vida intensa y plenamente y, reconociendo aciertos y errores, se dispone a pasar revista de lo vivido recogiendo de la hojarasca de sus recuerdos. Por ello, cuando se haga un repaso de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, los nombres de Usain Bolt y Michael Phelps aparecerán en el imaginario colectivo. Hombre-bala y hombre-pez, capaces de celebrar oros y récords mundiales dándose tiempo para el disfrute y haciendo un deleite la visión de sus hazañas. En el firmamento olímpico, estos dos deportistas fueron dos cometas esporádicos que difícilmente brillarán con tanto fulgor.

Usain Bolt no parece un atleta. Cabe imaginarlo corriendo con su pandilla por las calles de Kingston, de adolescente, escapando de algún tendero al que le han birlado una pieza de fruta, o acelerando para evitar que se le escape uno de esos autobuses amarillos que lo van a llevar a la escuela. Ya en el tartán, ver correr a Bolt es ver una tormenta. Retando a los Geyperman de tren superior hipertrofiado, este prodigio de la naturaleza entra en meta con la ligereza del rayo. Obviamente, toda la jauría que llega por detrás no es más que una andanada de truenos que boquea por no perder la estela, una suerte de paradoja que convierte el ritmo caribeño en el más rápido del mundo.

Llamar torpedo a Phelps, por su parte, podría ser malinterpretado. El de Baltimore no sólo ha superado la marca de siete oros de Mark Spitz, sino que ha logrado que, el siguiente osado que trate de estampar su nombres con letras de oro y diamantes en la natación, deba vérselas con su figura y sus marcas. Ocho medallas de oro y siete récords. Y con 23 años. Su próximo reto olímpico podría ser superar el récord absoluto de medallas. De hecho, sólo está a dos medallas del registro de Larissa Latynina. Si la motivación puede ser el enemigo número uno de Michael Phelps, ya tiene un nuevo desafío.

Otros deportistas logran una medalla, y es entonces cuando se les conoce. Otros, pese a ser conocidos y admirados, raramente pueden lograr tal éxito. Los casos de Samuel Sánchez, Leire Olaberria y Almudena Cid son los más significativos. El asturiano de Gueñes rompió los pronósticos al imponerse en la primera de las finales olímpicas. Destinado a trabajar para Valverde, el santo y seña de Euskaltel-Euskadi celebró con lágrimas de felicidad -y de recuerdo a su madre- un oro que tal vez sólo él supiera que podía ganar. Leire Olaberria también se emocionó y lloró. Su historia, su tardía llegada al ciclismo en pista después de emprender su andadura deportiva con el atletismo para, hace sólo cuatro años, subirse sobre una bici, ha tenido el final feliz de un bronce en puntuación, un bronce dorado. ¿Pero quién dice que en el deporte de elite sólo gana el primero? De tal modo, qué menos que dejarse seducir por Almudena Cid; qué menos que considerarla una triunfadora. La mujer de goma con voluntad de hierro. La gasteiztarra ha redescubierto la gimnasia rítmica, demostrando que la belleza y la elegancia de la madurez merecen su sitio. Por ello, pese a no poder subir a ningún podio olímpico, su esfuerzo y sus lágrimas tienen la compensación en el reconocimiento. Las cuartas plazas de Maider Unda, Leire Iglesias o Ander Elosegi tampoco pueden dejar de ser éxitos, de ninguna manera.

Por otra parte, Beijing 2008 ha sido un rotundo éxito para la propia nación anfitriona. Líder del medallero -pese a obtener menos medallas que los Estados Unidos- el «gigante dormido» que mencionaba Napoleón ha deslumbrado a todo el mundo. Desde una alucinante ceremonia de inauguración, hasta el final, la selección china ha demostrado ser competitiva en casi todas las especialidades. Jamaica ha reinado en el tartán, Argentina, de la mano de Messi, ha sido el rey del fútbol y en la mejor final de la historia del torneo de baloncesto, el redemption team norteamericano recuperó el cetro olímpico. El podio en este deporte, completado por las mejores España y Argentina de todos los tiempos, suena a leyenda. Por cierto, la capitana de la selección estadounidense de baloncesto, Lisa Leslie, se ha colgado su cuarto oro olímpico, al igual que Kenenisa Bekele, logrando un doblete alucinante en los 5.000 y 10.000 metros. En balonmano, Karabatic logró «su» oro olímpico, plata para la Islandia de Olafur Stefansson y bronce, con una gran contribución de Iker Romero y Jon Belaustegi, para la selección española, que se despedía de Lozano y Barrufet.

La otra cara

La cruz, la otra cara de la moneda, la derrota... ¿Quién se acordará de Tyson Gay cuando se hablen de estos juegos? El velocista estadounidense ha sido el vivo retrato del declive de los Estados Unidos en la velocidad, especialmente sangrante en el relevo 4x100 metros, con los testigos probando el tartán. Pero si hubo algún derrotado en el Nido del Pájaro fue el atleta local Liu Xiang. La retirada por lesión lesión del chino supuso tal conmoción para toda una nación entregada, que el propio vallista debió salir a la palestra disculpándose.

La mala pata no siempre ha sido china, empero. Blanka Vlasic se olvidaba de saltar por encima de la segunda plaza del cajón, la española Marta Domínguez perdió su opción de medalla en la final de los 3.000 metros obstáculos por un tropezón casi cómico, Federer regaló su número uno a Nadal, que le puso una guinda dorada. Asimismo, la estadounidense Alicia Sacramone «regalaba» a China el oro en gimnasia artística por equipos y, sin duda, el recuerdo más doloroso será la del haltera magiar Janos Baranyai, que se dislocó el codo en su prueba.

Por su parte, y sin tanto dolor, desde luego, Iker Martínez y Xabi Fernández no puede decirse que han salido derrotados, porque una plata -después de no puntuar en una regata pese a sus protestas- que se quedó a un punto del oro de los daneses es un rotundo éxito. No obstante, el cambio de embarcación de la pareja vencedora privó a los vascos revalidar el oro de Atenas 2004. Más aún, la desafortunada actuación de Mikel Odriozola o Jon García hace que tal frustración suene cada vez más lejana.

La selección brasileña de fútbol conquistaba la medalla de bronce, pero la forma de caer ante Argentina en semifinales hace que la selección canarinha no pueda presumir. En cuanto a otros deportes como el baloncesto o el balonmano, la Croacia del mago Ivano Balic pasó del oro de Atenas 2004 a la «medalla de chocolate» de Beijing. Bendito fracaso en comparación con la vigente campeona mundial, Alemania, que no pudo pasar el corte de la primera fase. Hablando de Alemania, qué tristeza da ver a la selección teutona de baloncesto; bronce en el mundial 2002 de Indianapolis, plata en el Eurobasket 2005, pero eliminados en la primera fase. Esta vez, Robin Hood Nowitzki no pudo ser ningún héroe.

Como tampoco lo pudo ser la Rusia de Andrey Kirilenko. El AK47, alma del vigente campeón de Europa, no ha dado su nivel, y tras su petardazo del Eurobasket de Madrid 2007, su selección ha vuelto a la frialdad anodina. No le fue tan mal a la selección esteparia en el torneo de baloncesto femenino. Después de remontar ante España en cuartos de final, las rusas, guiadas por la «traidora» Becky Hammon, no lograron hacer sombra a los Estados Unidos, debiendo conformarse con un bronce ante China.

Pero los grandes derrotados de esta cita olímpica fueron los seis positivos en los cerca de 4.600 controles antidopaje. Aunque en los días que corren, nadie se crea los valores del Barón de Coubertain, tanto ante ellos como ante sus seguidores, estos atletas; el lanzador de peso Igor Rasoronov, la medalla de plata en heptatlon, la ucraniana Lyudmila Blonska -con la agravante de reincidente-, la ciclista española Maribel Moreno -que abandonó la concentración de Beijing alegando una crisis de ansiedad-, la atleta griega Fani Halkia, el norcoreano Kim Jong Su y la gimnasta vietnamita Thi Ngan Thuong Do, fueron engullidos por la vorágine de los denominados «excepcionales», por el presidente del COI, Jacques Rogge.

He aquí un repaso de los nombres que vivieron Beijing 2008, «a su manera».

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