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«Nunca he intentado sorprender. No era necesario, la gente se provoca sola»

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Esther Ferrer

Artista y premio nacional de artes plásticas

Esther Ferrer (Donostia, 1937) es una mujer reconocida, con una larga carrera artística dedicada a las performances, que ha realizado sola o con el actualmente disuelto grupo ZAJ. Reside en París desde comienzos de los años 70, y allí ha continuado con su activa participación en festivales internacionales, así como en exposiciones. Ayer le otorgaron el Premio Nacional de Artes Plásticas.

Itziar AMESTOY

El Ministerio de Cultura español informaba ayer de que el premio Nacional de Artes Plásticas le ha sido concedido a Esther Ferrer por «la relevancia de su trayectoria, su influencia pedagógica y su peso internacional». Esta pionera de las performances, cuya trayectoria se remonta a los años 60 con el grupo ZAJ, una propuesta heredera del dadaísmo y Marcel Duchamp, es una mujer muy cercana. Ayer hablaba con GARA desde su domicilio de París sobre este galardón y reconocía que le agobia un poco. No es de extrañar, porque lo que se reconoce es su «continuada presencia» internacional y su «incidencia en generaciones más jóvenes».

¿Cómo valora el premio?

Cuando te conceden uno se supone que la gente ve tu trabajo como importante. Pero yo tengo la sensación de que no es tan importante como eso. Lo siento como una responsabilidad y me agobia un poco.

¿Agobia más la responsabilidad que el reconocimiento?

Sí, muchísimo más. El reconocimiento lo puedes olvidar perfectamente; es decir, yo no voy a cambiar mi vida ni mi trabajo por este premio. Quizás cambie algo porque empiece a tener más demanda, que normalmente tengo poca. Lo que pasa es la gente te mira más y yo pienso que el anónimato es una mejor manera de vivir.

¿Existe un reconocimiento cómodo?

El reconocimiento no se ve. Llevo años siendo artista, haciendo mi trabajo de la mejor manera que puedo y lo voy a seguir haciendo, dentro de mis límites. Lo único es que, como mi nombre ahora sonará más, ahora a lo mejor va más gente a ver la exposición y las galerías te frecuenten más. Pero para mí, no va a cambiar. Ya soy muy vieja para andar cambiando.

Con este reconocmiento se destaca su actividad pedagógica.

Sí que he dado muchos seminarios con gente muchísimo más joven que yo. Aún así, son actividades que no hago siempre porque no quiero acostumbrarme; quiero que cada curso sea como una aventura para mí, distinta de las otras y poniendo todo lo que pueda en ellas. Me cansa mucho. La verdad es que me gusta trabajar con la gente joven porque es muy dinámica, es algo muy refrescante. Es gratificante darte cuenta de que, a lo mejor, hay cosas que ellos no saben y que tú has aprendido con la experiencia.

Entonces, ¿considera parte de la labor del artista transmitir conocimientos?

En realidad, cuando doy un curso no es que transmita conocimientos, lo que intento es que los alumnos saquen lo que ellos tienen dentro. Que sean ellos quienes vean hasta dónde pueden llegar o si no pueden llegar. Por ejemplo, que vean qué les interesa de la performance o simplemente que se den cuenta de que no es su camino. La persona no se enseña, no se puede enseñar. Lo único que puedes hacer es estimular, poner en una situación donde pueda llegar a saber si esa forma de expresión le interesa o no. Y si le interesa, que se lance al vacío y que la haga.

Por favor, defínanos que es una performance.

Hay muchas definiciones, y cada artista tiene la suya. Siempre he dicho, y lo he escrito tantas veces que ya hasta me parece un lugar común, que es el arte del espacio, la presencia del tiempo. Pero eso se puede decir de muchas artes porque la performance es un híbrido. Es un saco sin fondo donde se puede meter todo lo que se quiera, pero sabiendo lo que haces.

Premios así dan pie a hacer una valoración de su trayectoria. ¿Qué época destacaría?

En la época en la que empezamos, con muchas dificultades, hacer performances era muy estimulante. Era hacer algo que la gente no conocía, que tú mismo intentabas encontrar la forma. Las lecciones que recibes de la gente, a los que les interesa, a los que no, los que se enfadan y reaccionan. Era un periodo muy estimulante para un artista, por lo que tengo una pequeña nostalgia... que no es tal, porque eran los años del franquismo.

¿Es más difícil sorprender ahora al público?

Nunca he intentado sorprender ni provocar a la gente. No era necesario, porque la gente se sorprende y se provoca sola.

¿Algún sitio especial en el que haya expuesto?

Todos son especiales. Cada vez que me proponen hacer alguna exposición lo hago con todo mi interés. No porque el espacio sea importante vas a hacerlo con más interés.

En estos momentos, ¿tiene algún proyecto entre manos?

Sí, tengo muchos. Tengo que ir a Bilbo en unos días, para estar en una cosa que organiza Josu Rekalde, de la UPV. También tengo performance aunque en este año, en el 2009, no he aceptado muchos viajes porque tengo que preparar una exposición aquí en París en abril y necesito trabajar.

¿Y le queda algún reto?

Seguir viviendo como una persona lo más inteligentemente que pueda. Es el único reto que tengo y ahí está el arte.

El premio llega del Ministerio español, ¿tiene algún problema con este aspecto?

Siempre me preguntan si me considero más francesa que española, y siempre digo que no tengo ni dios, ni patria, ni nacionalidad. Me gustaría poder ser una ciudadana del mundo. Estoy marcada por una infancia, pero luego viene la persona. Por eso, me gustaría no tener patria.

 
PEDAGOGÍA

«No siempre doy cursos porque no quiero acostumbrarme, quiero que cada curso sea una aventura para mí, distinta de las otras»

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«Destacaría la época en la que empezamos, hacer performance era muy interesante porque la gente no lo conocía y tú mismo buscabas la forma»

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