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Raimundo Fitero

Las no noticias

Ya conocen las noticias. Ahora les vamos a contar la verdad» es el inicio de cada entrega de «El intermedio» de Gran Wyoming, y en Cuatro hay un programa que empieza a consolidarse, tanto en su forma, estructura y aceptación pública, «Estas no son las noticias» que tiene a Quequé como conductor principal, arropado por una buena cuadrillas de divertidos colaboradores. En ambos casos, y en otros parecidos, son precisamente con las noticias verdaderas con las que hacen una ficción, o dicho de otro modo, buscan en la parte más inverosímil de las noticias el material para irnos configurando una mirada al mundo un poco más asequible en cuanto a despojar a las noticias ordinarias de cada día de las falsas grandilocuencias y énfasis esperpénticos con las que en ocasiones nos las presentan.

Se trata de un sano ejercicio para quitarle el colesterol malo a los tics de los gabinetes de prensa de los ministerios, a los intereses personales de las consejerías, a los globos sondas de los banqueros, a las intoxicaciones de las agencias de comunicación conectadas directamente con los fondos de víboras universalizados, incluso para que la parte ligera de los noticiarios queden un poco con las tripas al aire, que significa, dicho en otros términos, para traducir a un idioma reconocible por una inmensa minoría con toda la enfatización humorística o sarcástica posible, para que sean más digeribles como no noticias, es decir como actos de comunicación desmontados.

Asomarse a ciertos informativos es sentir el vértigo de las noticias convertidas en un circo, en un pastel, en un enjambre, o lo contrario, se nota demasiado cómo se crean noticias a partir de indicios, rumores o directamente de consignas. Lo que nos llega a concluir que probablemente todos los presentadores de teleberris, telediarios y sus otras manifestaciones cruzan los dedos por debajo la mesa como para decir que aunque parezca lo contrario, eso no son noticias. Como andamos con la zambomba, pidiendo aguinaldos, diremos que son, simplemente, otra cosa. Podríamos decir que, normalmente, no son toda la verdad y nada más que la verdad. Más bien lo contrario.

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