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El conflicto del gas ruso-ucraniano: por qué la ue no quiere inmiscuirse

Pese a que Ucrania y Rusia lo intentan denodadamente, la Unión Europea se niega a entrometerse en el conflicto gasero entre ambos países, tanto por el hecho de que los contratos entre Kiev y Moscú son opacos como porque las relaciones de Bruselas con el Kremlin ya son de por sí suficientemente complicadas.
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Catherine TRIOMPHE

Periodista (AFP)

El viceprimer ministro checo, Alexandr Vondra, cuyo país ocupa la Presidencia de turno de la UE desde el 1 de enero, lo dijo bien claro el pasado sábado: «Nos negamos a tomar parte en el conflicto; éste es un desacuerdo comercial y no conocemos todos los detalles de todos los contratos porque son confidenciales». Vondra acababa de entrevistarse con el vicepresidente del gigante gasero ruso Gazprom, después de haber recibido la víspera a una delegación ucraniana; dos citas que reflejan los esfuerzos de ambas partes para poner a la UE de su lado. En vano, según aseguran los responsables de la Unión. «El objetivo de nuestros esfuerzos no consiste en actuar como mediador, sino en hacer hincapié en el respeto de los acuerdos» de entregas firmados entre los importadores de la UE y Gazprom, puntualizó el mandatario checo.

La UE se niega a implicarse en las negociaciones entre Kiev y Moscú en cuanto que los contratos ruso-ucranianos «carecen de transparencia», añadió Vondra. «Nadie sabe de verdad en qué consisten esos contratos», explicaba una fuente próxima a la Presidencia checa, que al mismo tiempo advertía de que «quienes intentaran inmiscuirse correrían un gran riesgo».

Por tanto, nadie sabe con certeza quiénes son los responsables de las caídas de presión registradas en los gaseoductos húngaros, polacos o rumanos, señales precursoras de reducciones de los volúmenes de gas suministrados al resto de Europa, tal como destacan fuentes de la Presidencia Checa. Y es que, a falta de estaciones de medición independientes en la frontera ucraniana-rusa, nadie sabe qué cantidades de gas envía Rusia a Ucrania.

Las únicas medidas fiables a disposición de la UE son las tomadas a la llegada en los gaseoductos directamente conectados con los ucranianos: los de Eslovaquia, Hungría, Polonia y Rumanía.

Pero, más allá de esta opacidad, la UE tiene otras razones para considerar que «su implicación debe limitarse a instar a las dos partes a negociar de buena fe», según los términos en los que se expresó Cristina Gallach, portavoz del jefe de la diplomacia comunitaria, Javier Solana.

Una esas razones es que las negociaciones se han enconado por las diferencias persistentes entre la primera ministra ucraniana, Yulia Timoshenko, y el presidente de ese país, Viktor Yushchenko, en torno a la sociedad RosUkEnergo, a día de hoy intermediario inevitable en el tránsito del gas ruso hacia la UE. Disensiones desestabilizadoras para Ucrania e inquietantes para la UE, que veía en esta ex república soviética un modelo de evolución democrática.

Otra razón: si la UE tomara bajo su responsabilidad el contencioso ruso-ucraniano, «complicaría más aún la cuestión de su dependencia» energética respecto a Rusia, uno de los puntos sensibles de sus relaciones con Moscú, explica un diplomático comunitario a la agencia France-Presse.

Ahora bien, como recuerda el analista Philip Hanson, del instituto Chatham House, esta cuestión es fuente de divergencias en el seno de la UE entre los partidarios de una línea dura hacia el Kremlin y con estrechos vínculos con Ucrania -como Polonia y los países bálticos- y los que, por contra, quieren reforzar su cooperación con Moscú y Gazprom -como Alemania e Italia-. «No veo cómo podría llegar a funcionar la UE con un punto de vista unificado si se tratase de negociar de verdad algunos puntos muy delicados», comenta Hanson.

A pesar del anunciado envío de una misión de expertos, la UE deberá, pues, mantener su presión sobre las dos partes para que alcancen un acuerdo y aseguren el suministro. Más aún cuando, según afirma la Presidencia checa, el elevado nivel de reservas de gas de la UE colocan a sus países miembros a refugio de problemas de suministro por un periodo de «varias semanas».

Para entonces, todo el mundo espera que Kiev y Moscú -cuya «reputación está en juego», puntualiza Vondra- habrán alcanzando un compromiso.

Rumanía pide a Kiev que respete los compromisos de entrega

El Gobierno rumano instó ayer a la vecina Ucrania a respetar los compromisos asumidos en cuanto a la distribución de gas procedente de Rusia. Rumanía cubre con recursos propios el 69% de su consumo de gas e importa de Rusia el 31% restante.

«Lo normal es que los compromisos existentes sean cumplidos de forma honrada. Rumanía no debe sufrir a causa de los desacuerdos entre Ucrania y Rusia», dijo en un comunicado el ministro de Exteriores, Cristian Diaconescu, tras una conversación telefónica con su homólogo ucraniano, Volodymyr Ogryzko. Éste, por su parte, solicitó el apoyo de Bucarest para que una misión de la UE se desplace a Kiev con el fin de valorar el conflicto, al tiempo que aseguró que «Rumanía no tendrá que soportar las consecuencias de esta situación».

Rumanía registró el sábado una disminución del 32% de los suministros que llegan desde Rusia. También se encontraban bajo los valores normales las entregas del gas ruso hacia Polonia, Bulgaria y Hungría. GARA

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