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El Alavés ofrece otra copia incluso de peor calidad

Los albiazules sumaron la tercera derrota consecutiva como locales en circunstancias muy similares a las anteriores. Ni el hecho de que terminaran jugando los seis arabarras suavizó los pitos de final del partido.

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ALBACETE 2
DEPORTIVO ALAVÉS 0

Jon ORMAZABAL | GASTEIZ

Acudir cada quince días a Mendizorrotza -el domingo que viene habrá que volver- se está convirtiendo en una penitencia, ya que cada jornada el partido que los jugadores ofrecen a sus sufridos aficionados es incluso peor. Ayer, en uno de los peores partidos que se recuerdan, ni siquiera el aliciente de ver a un Alavés con seis jugadores del herrialde sirvió para silenciar unos pitos de desaprobación, sin duda, merecidos.

Lamentablemente, la crónica del partido de ayer es una versión empeorada de las últimas comparecencias del Alavés en Mendizorrotza, con lo que se podrían coger las líneas escritas hace quince días, cambiar los nombres de los protagonistas y el cuerpo de aquella crónica encajaría perfectamente para describir lo sucedido ayer, aún con peores sensaciones, ya que hasta la reacción final, a base de juventud, fue bastante inferior a las anteriores.

Con los inevitables matices de cada partido, el encuentro resultó un calco del vivido ante el Celta. Esta vez, el tempranero gol adverso llegó un poquito más tarde y, para colmo de males, tuvo su origen en una jugada tragicómica, en una buena triangulación albiazul que fue cortada involuntariamente por la cabeza de Bernabé García. El resto de la jugada es bien conocida en Mendizorrotza; contragolpe bien llevado por el rival, en este caso Toché, fallo defensivo de Kalderon y César, centro al área y gol de Diego Costa.

A partir de ese instante, vuelta a la habitual impotencia ante otro rival muy justito. A pesar de la superioridad de Garro y Garitano en el pivote, la línea de creación volvió a mostrarse incapaz de generar peligro en la portería contraria.

Tanto al linear al mismo equipo de Alicante pese a lo poco que han entrenado entre semana Javi Guerra y Cuevas, y luego en sala de prensa, Manix Mandiola evidenció que se encuentra con los mimbres muy justitos para tratar de enderezar la nave albiazul.

Muy estáticos

Ya sea por los nervios, la presión o los problemas físicos, los jugadores encargados de tirar del equipo hacia adelante se mostraron bloqueados en todo momento. Con Emilio impreciso, Cuevas desconectado, Edu Albacar perdido en otras guerras con árbitros y líneas y Javi Guerra muy lento y acusando el desgaste físico y mental, casi todas las esperanzas se centraron en lo que podía inventarse un Óscar De Marcos que parecía el único con capacidad de desbordar.

Con los jugadores excesivamente estáticos, como si esperasen que alguien pudiera solucionar el entuerto por su cuenta, un par de disparos lejanos fue todo el balance ofensivo, ante un portero que era incapaz de blocar un solo balón y que la temporada pasada ya facilitó el 0-3 albiazul en el Carlos Belmonte.

La reanudación no pudo ser más desesperante, ya que lejos de ser capaz de mejorar sus prestaciones ofensivas, lo que aparecieron fueron sus suicidas limitaciones defensivas. Otra vez excesivamente pronto, Pablo Casar falló a la hora de cortar un pase que se le coló entre las piernas, con el agravante de que se quedó mirando, y Toché se presentó solo ante Bonis, batiéndole con serenidad.

Con todo perdido, Mandiola dio la oportunidad a los más jóvenes, dando entrada a Igor y propiciando los debuts de Reguero -terminaron jugando los seis alaveses aunque sólo coincidieron cinco en el campo- y de Dani Castellano, que ofrecieron, gracias a su chispa e ilusión, detalles de lo que pueden llegar a ofrecer.

Aunque por momentos metieron al Albacete en su área, ni sería justo ni conveniente cargar el «marrón» de tirar de este equipo a estos jugadores que hace nada jugaban en Tercera y, pese a su empeño y la expulsión del ex albiazul Trotta, ni siquiera hubo esa reacción final que había suavizado las críticas otras semanas y el público despidió al equipo con pitos sin un destinatario concreto.

«Somos los que somos y estamos donde estamos»

Manix Mandiola, que reconoció haber acudido al partido de ayer muy ilusionado tras la victoria de Alicante, se mostró bastante abatido al término del partido ante el Albacete, con un discurso bastante pesimista frente a su habitual locuacidad.

Aunque quiso medir mucho sus palabras, de lo dicho por el eibartarra se desprende cierta desconfianza con la plantilla actual. «Tenemos lo que tenemos, por un motivo o por otro y estamos donde estamos por méritos propios, lo uno lleva a lo otro y poner excusas es en balde. Lo que pasa es que pensábamos que teníamos el aval de la semana pasada y que con la victoria jugaríamos con más tranquilidad pero nada más lejos de la realidad. En los primeros minutos nos han andado al aire», señaló el técnico albiazul.

Preguntado por si ve posible sacar al equipo adelante con el plantel actual, Mandiola respondió que «todo es mejorable, pero a mí me toca manejar a estos jugadores y no vale de nada poner excusas. Lo que pasa es que a todos nos gustaría tener gente más contrastada que cuatro chavales que estaban jugando en Tercera, a los que no podemos echar la responsabilidad en un momento así».

En su análisis del partido, el técnico albiazul se quejó de que «seguimos dando el paso atrás, ellos han tenido el acierto en el gol y luego arriba no hemos estado acertados. Luego hemos movido bien el balón, lo que pasa es que el déficit de atrás hace que todo lo que hacemos adente parece que no vale para nada. Los viejos fantasmas vuelven otra vez, porque atrás hemos vuelto a estar muy mal».

Con estos condicionantes, Mandiola dio por normales los pitos con los que el público despidió al equipo al término del partido. «El público es normal que esté enfadado; fíjate qué racha llevamos en casa. Cuando no hay resultados pide al menos buena actitud y pide pelea. Este tipo de gente que tenemos no son guerreros y si no ganamos...», agregó.

Jon ORMAZABAL

 
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