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La «paz caliente» sube de temperatura

Las relaciones entre Rusia y Occidente han sido tradicionalmente complicadas. Lo eran cuando el mundo estaba geopolíticamente dividido en dos bloques y lo siguen siendo ahora que, en cierto sentido, es más monocolor pero que al mismo tiempo contiene muchos más tonos o matices. Las sucesivas crisis políticas en los principales países del bloque occidental durante la última década -EEUU, la Unión Europea y Japón- no parecían tan graves ante la debilidad de sus históricos contrincantes, algunos de los cuales incluso pasaron a ser considerados aliados estratégicos. Esas crisis políticas antecedieron a la crisis general del modelo económico occidental, que hasta hace poco era considerado por sus apologetas el cénit de la historia. A eso se le sumaron cambios profundos en ciertos países, como los operados en el entorno latinoamericano, que tras años de dominación comenzaron a caminar por nuevas sendas de soberanía, emancipación y libertad. Por último, el despegue de nuevas potencias -como China, India y Brasil- y el resurgir de Rusia como potencia han abierto un nuevo escenario geopolítico. La «guerra fría» murió, pero la «paz caliente» ha tomado su lugar.

En ese escenario la posición de Rusia es crucial. El verano pasado Moscú ya mostró que no aceptará el tutelaje occidental en relación a las repúblicas que forman la periferia de Rusia por un lado y de la UE por el otro. En ese sentido, enseñaron los dientes frente al intento por parte de Georgia de ocupar Osetia del Sur bajo el amparo de EEUU. Moscú también ha dejado claro que no renuncia a la diplomacia, pero que su concepción de la misma tiene un rasgo intrínseco de dureza que contrasta con el estilo conciliador de la Administración Obama.

Más allá de la retórica, los parámetros de esa diplomacia siguen siendo la influencia, el control y, sobre todo, el poder. Frente a esa postura, la debilidad de las autoridades europeas es patente. Moscú quiere demostrar que no aceptará que otros tomen decisiones sobre su espacio de influencia. Y en ese ámbito los rusos tienen la llave y la energía para subir la temperatura.

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