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Fascismo disfrazado de Estado de Derecho

La absoluta involución en materia de derechos -políticos, civiles y humanos- que durante los últimos años ha ocurrido en Italia de la mano de Silvio Berlusconi conoció ayer un nuevo salto cualitativo al poner su Gobierno en marcha una reforma legal que tiene como objetivo la criminalización y, en última instancia, el castigo contra los inmigrantes sin papeles. Según la norma que ha aprobado la Cámara de los Diputados italiana la inmigración no regulada pasará a estar tipificada como delito, la denuncia de ese tipo de situaciones ilegales será obligatoria por ley para el resto de ciudadanos y se legalizarán patrullas urbanas para facilitar esa denuncia y la persecución de las personas inmigrantes sin papeles. En definitiva, se pretende discriminar a una parte de la población por razones étnicas, compeler a la ciudadanía a convertirse en delatores o chivatos por decreto e institucionalizar una fuerza parapolicial formada por voluntarios cuyas causas para conformar esas «rondas» ciudadanas son cuando menos sospechosas y sus funciones siniestras. Todo ello bajo el populista discurso de la seguridad, la democracia y el Estado de Derecho.

Organismos internacionales como las Naciones Unidas o Amnistía Internacional ya han criticado la política contra los inmigrantes promovida por Berlusconi. La izquierda italiana, otro de los objetivos de il Cavaliere, ha venido denunciando la construcción de un Estado totalitario y policial que amenaza los principios más básicos de la democracia. Marco Minitti, del Partido Democrático, ha dicho que «es necesario escuchar a la ONU y a la Iglesia, la gente no puede ignorar esto». Y es que incluso la Iglesia católica italiana y el Vaticano, apoyo habitual de Berlusconi en el frente social, han denunciado estas medidas.

Todo ello está ocurriendo en el corazón de Europa, en vísperas de unas elecciones europeas y en un país donde «fascismo» es algo más que un capítulo de los libros de historia contemporánea. Es urgente denunciar, resistir y revertir estas políticas que hablan de democracia cuando en realidad imponen nuevas formas de fascismo.

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