
Marcelo �lvarez, Patxi Velasco y Lander Garc�a Ahaztuak 1936-1977
Los del monte
Un eco que a�n nos devuelve las voces militares y los disparos en la borda de Faustino en el 44, la agon�a de los cinco guerrilleros all� abatidos. Que nos devuelve el sonido de las pisadas de Quintana, aquel guerrillero que hizo m�s de treinta veces a pie la ruta desde las monta�as cant�bricas a territorio franc�s en busca de armasCautivo y desarmado el ejercito rojo...� proclam� el �ltimo parte de guerra del ejercito fascista el 1 de Abril de 1939, pretendiendo escenificar as� la derrota total de los sectores sociales que desde concepciones pol�ticas e ideol�gicas tan diferentes hab�an confluido alrededor de la potencialidad de la II Rep�blica, del Frente Popular... de la experiencia democratizadora en lo social, en lo nacional, en lo cultural, en lo econ�mico que ello comenzaba a suponer a trav�s de una pr�ctica y unos debates que no hab�an hecho m�s que empezar cuando fueron arrancados de cuajo con el golpe fascista del 18 de Julio del 36.
Cuando desde Ahaztuak 1936-1977, con motivo del setenta aniversario de ese �ltimo parte de guerra, decidimos realizar la campa�a �1939-2009: Ni cautivos ni desarmados� como contrapunto hist�rico y como declaraci�n de compromiso, setenta a�os despu�s y desde nuestro combate por la memoria, con aquellos valores y aquellos sue�os supuestamente derrotados hasta el exterminio, ten�amos claro que dentro de esta campa�a habr�a un lugar de honor para unos hombres y mujeres que cumplieron, en toda su amplitud y sacrificio, con ese lema porque no estuvieron cautivos y siguieron armados, un lugar de honor para los �fugaos�, �fuxidos�, �emboscados�... seg�n los t�rminos que el lenguaje popular busc� en los diferentes �mbitos geogr�ficos del estado espa�ol para referirse a estos constructores de una voluntad, de una lucha y una esperanza que como muchos investigadores comienzan a reconocer hoy a la luz de nuevos datos e investigaciones fue el mayor quebradero de cabeza del r�gimen franquista a lo largo de sus cuarenta a�os de existencia.
Esta resistencia armada que abarc� toda la pen�nsula y que congreg� alrededor de 10.000 personas en armas y m�s de 100.000 colaboradores, apoyos y enlaces a lo largo de sus casi treinta a�os de lucha ha sido y es hasta hoy d�a otro de los grandes olvidos de la memoria hist�rica llegando la falta de reconocimiento para con estos �maquis� y �guerrilleros� al extremo de no aparecer ning�n reconocimiento hacia ellos en la llamada �Ley de Memoria Hist�rica� promulgada por el Gobierno espa�ol hace dos a�os, olvidando as� su sacrificio, cercenando una p�gina honrosa e ineludible de nuestra memoria hist�rica democr�tica y antifascista, la que habla de la legitimidad y la justicia de la lucha armada para enfrentar al fascismo y del honor y la proyecci�n �tica de los que la realizaron. Hasta ahora el �nico reconocimiento real de la memoria y sacrificio de todos estos hombres y mujeres ha sido el realizado por las asociaciones y grupos populares.
Junto con ello se olvida tambi�n la cruenta represi�n para acabar con ellos que no s�lo abarc� a los combatientes, sino a decenas de miles de personas consideradas colaboradores, entorno. Se olvidan masacres como la del Pozo Funeres (Asturias) en 1948 donde 22 personas fueron sacadas de sus casas por la guardia civil, torturados y arrojados vivos a sus profundidades, se olvidan las letras UHP grabadas con un alambre al rojo en el pecho izquierdo de Mar�a, se olvidan de los golpes en los pies a Luisa tras colgarla de una viga a sus 14 a�os y de su violaci�n... , de Jos�, uno de los 24 hombres que un grupo de guardias civiles al mando del general Manuel Pizarro Cenjor encarcel�, tortur� y fusil� en 1947 en la sierra de G�dar (Teruel). Se olvidan de las v�ctimas... y de los victimarios.
La lucha por la memoria hist�rica es una lucha contra el olvido. Contra el olvido de hechos, de personas, de valores. De lo que significan opresi�n y libertad, de que no son iguales los que mueren y matan por una o por otra, de que fascismo y voluntad popular no eran, no son, no ser�n nunca lo mismo. Eso es lo que defendemos y lo que nos trae el eco en estas monta�as de Navascu�s que hemos elegido para realizar este homenaje al maquis, a la guerrilla antifascista, a los del monte. Un eco que a�n nos devuelve las voces militares y los disparos en la borda de Faustino en el 44, la agon�a de los cinco guerrilleros all� abatidos. Que nos devuelve el sonido de las pisadas de Quintana, aquel guerrillero que hizo m�s de treinta veces a pie la ruta desde las monta�as cant�bricas a territorio franc�s en busca de armas, municiones y avituallamiento.
Navascu�s es para nosotros Bejes, es Pe�amayor, es Ferradillo... Es la Brigada �Malumbres� y la Brigada �Machado�, Lisardo y los Caxigales, el cobijo y el m�dico de Bilbao y la espera infructuosa del barco con armas en La Franca. Es Mateo Obra y Celestino Uriarte. Es Gir�n, es O Piloto -el �ltimo guerrillero asesinado en Lugo en 1965- y es Daniel Rey, asesinado en Labarces en 1946. Es la guerrilla asentada en la Cordillera Cant�brica y los intentos fallidos de abrirla en la zona minera vizcaina y en Urdaibai... Es como entonces, voluntad y esperanza de continuar ni cautivos ni desarmados, libres para elegir la libertad y armados de razones para defenderla incluso en tiempos oscuros como ellos lo hicieron. La necesidad de hacerlo es hoy como ayer m�s que evidente pues como canta Aura Kuby en homenaje a Juanin y Bedoya, otros dos guerrilleros ca�dos en combate contra las fuerzas de la dictadura franquista, �S�bditos de monarqu�a/ regalo del dictador/ olvido, amnesia y porf�a/ costumbres de ganador./ Nos es preciso vivir en el maquis cotidiano/ s�lo por la dignidad que merece el ser humano�.