GARA > Idatzia > Iritzia> Kolaborazioak

Joxe Iriarte «Bikila» Escritor

Por la boca muere el pez

En definitiva, los dueños o quienes tienen a su servicio los medios de comunicación usan el lenguaje conforme les interesa

Decía un clásico que las personas (y las organizaciones) tienen que ser juzgadas por lo que hacen no por lo que dicen. Viene esto a cuento porque, en los últimos tiempos, no hay noticia donde no salte a la vista justo lo contrario.

Desde todo tipo de instituciones se nos traslada la idea de que la participación ciudadana es la quintaesencia de la democracia. La diputación de Gipuzkoa ha organizado cursos por diferentes pueblos de la provincia gastándose un pastón con dicho tema. Pero hacen justo lo contrario. Mucha cancha mediática en temas marginales, y cierre total en torno a los temas estratégicos claves. AHT-TAV, Superpuerto, incineradoras, plantas productoras de energía, red de carreteras; impuestos, orden público, etc. Recuerdo que el anterior Gobierno Vasco, mientras exigía (a mi juicio, «con todo derecho») al Gobierno central que se respetase el «derecho a decidir» del pueblo vasco, se aliaba con su máximo representante -y negador en lo tocante a lo anterior- en Vascongadas para prohibir a varios municipios el derecho a opinar y decidir sobre el TAV.

Los gestores-políticos y los empresarios se llenan la boca con conceptos como desarrollo sostenible, responder al cambio climático... cuando en la práctica (incluso en los negocios ligados al llamado capitalismo verde) hacen todo lo contrario. Sus proyectos son insostenibles, acumulativos (lo alternativo es un añadido y no algo sustitutivo), siendo una pequeña prueba los temas anteriormente mencionados, sin olvidar la ofensiva cada día más agresiva para colarnos la industria nuclear por la puerta trasera del efecto invernadero. ¿Y qué decir del dinero empleado en el reflotamiento de la industria automovilística necesitada de una draconiana reconversión? Se lo aconsejó Michel Moore a Obama: Si durante la II Guerra Mundial la General Motors fue capaz de trasformar la producción de automóviles por tanques y cañones, ¿por qué no se cambia ahora y se producen trenes y autobuses para el servicio público?

Hablan de solidaridad a la hora de afrontar la las crisis, de impulsar nuevos valores (incluso hay quienes hablan de un capitalismo ético, ¿cabe mayor sinsentido?), pero una vez pasados los primeros agobios se está comprobando que todo es mentira. Se privatizaron los beneficios y ahora se socializan las pérdidas, y los bancos vuelven a ganar (aunque sea algo menos que antes), los ejecutivos a aumentar sus dividendos, a blindar sus contratos a la vez que se flexibilizan plantillas y el paro se expande como reguero de pólvora. ¿Y los impuestos? ¿Por qué no paga quien más tiene? Mis ojos y oídos no daban crédito viendo por la tele a Astiazaran (quien, tras su ruinoso y desastroso paso por la Real, se aposentó en la Federación Española para seguir chupando del bote) cotejando la posibilidad de medidas de fuerza de los clubes si los impuestos de las superestrellas se homologan con otros países europeos.

Hablan de intervenciones humanitarias cuando en realidad se refieren a guerras, como tales, inhumanas. Y dan el Nobel de la Paz a Obama, al presidente y a la vez comandante en jefe del Ejército del mayor y más agresivo imperio que actualmente existe (no es la primera vez), y sólo porque es algo menos salvaje que el anterior.

Se celebra a bombo y platillo el 20 aniversario de la caída de un muro (el de Berlín) con asistentes de honor, como Hilary Clinton, responsables de levantarlos (frontera USA-México, Palestina, Ceuta y Melilla, por poner unos ejemplos) y extenderlos a lo largo y ancho de todo el mundo, produciendo injusticias y calamidades de todo tipo. Y, encima, dan el saque de honor a Lech Walesa, el ex sindicalista que llegó a presidente de un gobierno traicionando sus orígenes obreros e impulsando el neoliberalismo más salvaje. Pocas veces la palabra «solidarnosc-solidaridad» fue tan vituperada como en Polonia.

Y aquí, en casa, vemos que conceptos como pluralidad, transversalidad, que en política y en cultura son valores positivos, expresan justo lo contrario. Basta ver ETB para comprobar que si antes no era precisamente espejo de pluralidad, ahora lo es menos. Desde la Consejería de Educación del Gobierno Vasco buscan el bilingüismo equilibrado justo desequilibrando la balanza del lado del idioma hegemónico (y obligatorio).

Y podría seguir hasta aburrirnos.

La verdad, estoy tentado de afirmar que las palabras son espejo de un mundo al revés, pero no es así. Lo que hay es manipulación y mucho morro (miente, calumnia, tergiversa, que algo queda; los nazis lo hicieron a lo burro y ahora todo es mas sutil, como la publicidad y las incursiones subliminales), como el de ésos que se erigen en supremos defensores de la vida, importándoles un carajo los millones de seres humanos condenados a morir (de sida y enfermedades venéreas) y, lo que es peor, ¡a vivir sufriendo!, porque su estrechez moral obliga, a otros, a unas relaciones sexuales sin ningún tipo de protección, salvo el de la abstinencia imposible. Como lo demuestra el hecho de que no la guarden ni sus sumos predicadores. Un botón de muestra, los sacerdotes americanos, irlandeses, y no paro de contar, acusados de agresiones sexuales a menores.

En definitiva, los dueños o quienes tiene a su servicio los medios de comunicación usan el lenguaje conforme les interesa. Ya lo dijo Humpty Dumpty en Alicia en el País de las Maravillas: «Esa palabra quiere decir lo que yo quiero que diga, ni más un menos» (o algo por el estilo, que cito de memoria).

Devolver a las palabras su verdadero sentido es la otra cara de esa moneda imaginada donde alguien imprimió aquello de: «Hacer lo que se dice y decir lo que se hace». Y por lo menos intentarlo.

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo