GARA > Idatzia > Eguneko gaiak

NOMBRAMIENTO DEL NUEVO OBISPO DE DONOSTIA

El triste papel de Uriarte en el desembarco del ariete español

Hasta la consagración episcopal de José Ignacio Munilla, su antecesor, Juan María Uriarte, ha tratado de allanarle el camino, a pesar de que quienes lo añoran, lo ocultan. Los documentos críticos con la elección fueron tratados de acallar por el de Fruiz sin éxito, al contrario que el castigo al silencio al teólogo Joxe Arregi.Munilla, ariete de la «reconquista» española y españolista, regirá su línea pastoral en la rigidez doctrinal alejada del Concilio Vaticano II y la intolerancia moral

p004_f01_285x144.jpg

Agustín GOIKOETXEA

Desde ayer José Ignacio Munilla Aguirre es el nuevo obispo de Donostia tras su consagración en la catedral del Buen Pastor para el ministerio para el que ha sido designado por el Papa, Joseph Ratzinger. El prelado ultraconservador desembarca en una diócesis donde tiene muchos más detractores que apoyos, a la vista de las reacciones que ha suscitado su nombramiento por la Santa Sede en los últimos meses con documentos públicos en contra de su designación: uno avalado por cerca de 2.300 cristianos guipuzcoanos y otro por el 80% de los párrocos. De poco le sirve el desembarco ayer de adeptos venidos de diferentes puntos del Estado español, algunos de ellos jóvenes curas vascos de ideología extremista.

Munilla, ariete de la «reconquista» española y españolista, regirá su línea pastoral en la rigidez doctrinal alejada del Concilio Vaticano II y la intolerancia moral, propia de la nueva cohorte de obispos jóvenes de la que se ha rodeado el cardenal madrileño y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Antonio María Rouco Varela. El vivero está en el Seminario Mayor de Toledo, allá donde fue el donostiarra para formarse. A pesar de que, en las semanas previas a la polémica ordenación episcopal, se ha cubierto con una piel de córdero, nadie en la comunidad diocesana guipuzcoana cree en los mensajes conciliadores lanzados por él en la homilía de ayer, en sus últimas comparecencias públicas y por sus apologetas en medios de comunicación y blog de la ultraderecha española.

Los últimos episodios vinculados a la sucesión en la diócesis no son nada prometedores para aquellos católicos que defienden una Iglesia más cercana al pueblo y a los sectores más desfavorecidos del mismo, dotando a laicos y mujeres de mayor protagonismo en la organización de la propia Iglesia. Si la sombra de Munilla y sus padrinos se vislumbra en alguno de ellos, no hay que obviar la trayectoria de Juan María Uriarte desde febrero de 2000 hasta nuestros días, lejana en algunos episodios de ese manto de progresía con el que ahora se le viste.

El de Fruiz, ya como obispo dimisionario y más cercano en el tiempo como administrador apostólico de la diócesis desde el 21 de noviembre de 2009, está detrás de maniobras que poco tienen que envidiar a la «labor» de Munilla. La piedra angular de los modos de proceder de la jerarquía católica es la ausencia de democracia, como lo atestiguan decisiones arbitrarias adoptadas por ambos prelados y censuradas con dureza por movimientos cristianos de base.

Al recién llegado se le achaca como muestra de su despotismo episcopal el traslado del seminario de Palencia a Madrid en contra de la opinión de un sector importante del clero local o de rodearse en la curia palentina de miembros del Opus Dei, así como de los pujantes movimientos neoconservadores Camino Neocatecumenal -conocidos popularmente como los kikos- y la Cruzada de Santa María, en auge con los dos últimos poseedores de la mitra y el báculo de San Pedro.

Uriarte no se queda atrás en Gipuzkoa, con el veto en el pasado a varios profesores de la Escuela de Teología, vinculada a la Universidad de Deusto; castigo a algunos presbíteros por mantener posturas públicas en favor de la homosexualidad, o en las últimas semanas con sus maniobras para que al teólogo franciscano Joxe Arregi se le haya impuesto el silencio como sanción por denunciar la desafección del nuevo obispo hacia la comunidad diocesana o por la relación de José Ignacio Munilla con unos archivos informáticos olvidados en Zumarraga.

Uriarte es instigador del castigo al silencio al teólogo Joxe Arregi, a pesar de su defensa en otro tiempo de Pagola. El franciscano dijo en una entrevista publicada en un portal digital catalán que no eran pocos en la diócesis que conocían que, en 2004, cuando fue designado prelado de Palencia, Munilla «olvidó» en su ordenador de la parroquia del Salvador, en Zumarraga, una carpeta con el nombre de «mafia», que contenía «conspiraciones» y «maniobras eclesiales turbias», así como «fichas» de algunos de sus compañeros de presbiterio. Mandó a una persona «para hacer una copia y borrarla», pero fue sorprendida.

El provincial de los Franciscanos ha impuesto al teólogo progresista «desaparecer» de los medios de comunicación, no predicar en Arantzazu y dejar de escribir todos los jueves una reflexión sobre el Evangelio que era recogida por diferentes medios digitales relacionados con la religión. Las medidas, según ha transcendido en círculos de la Iglesia guipuzcoana, fueron adoptadas por el responsable de la provincia franciscana de Arantzazu, «pero fue monseñor Uriarte quien las impuso, al plantear que el castigo al profesor de la Universidad de Deusto era una medida menor para evitar que otras más duras pudieran llegar en el futuro».

En su último mensaje, del 7 de enero, titulado ``Quedarás mudo hasta que mi palabra se cumpla'', el sancionado manifiesta que «quedaré mudo el tiempo de un embarazo y algo más, hasta que la luz decaiga y vuelva a crecer» y confiesa que la interrupción de sus escritos es «porque las circunstancias así lo imponen, porque tal vez me excedí en las palabras y provoqué un torbellino demasiado peligroso para mí y para otros».

El teólogo confiesa que «los márgenes de riesgo y disidencia o incluso de error son cada vez más estrechos», apostillando que «sigue sin ser verdad que la persona esté por encima de las instituciones». No faltan quienes piden al nuevo obispo que, como gesto al inicio de su pontificado en Donostia, hable con el franciscano y consiga de sus superiores de Arantzazu que se le levante el castigo. Otras, más pesimistas, creen que el silencio sólo será el primer castigo de la jerarquía al profesor de Deusto.

Esta reflexión acerca del castigo a Arregi iría en la línea de la que transmitió el desde ayer obispo emérito de Donostia al clero guipuzcoano, a quien «frenó» en los meses previos a que se hiciera público el nombramiento de Munilla por parte de la Santa Sede en la redacción y difusión de un manifiesto en contra. Sacerdotes con los que contactó GARA aseguraron que Uriarte «está cansado y decepcionado porque su vía `diplomática' ha fallado y porque su freno al clero no ha traído nada. Deja una nefasta herencia después de pedir confianza». Se referían a los contactos mantenidos por el de Fruiz en Roma, donde trató sin éxito de que el cardenal ezpeletarra Roger Etchegaray influyese en los círculos que rodean a Benedicto XVI.

La diócesis es, desde la designación, «una olla a presión», pues la mayoría entiende el retorno del joven prelado como un intento de «reconquista» del nacionalcatolicismo español. Además, la estrategia de Juan María Uriarte en el proceso de sucesión se ha vuelto contra él. Hace unos días, tal y como ha podido conocer este diario de fuentes diocesanas, buena parte del equipo que le ha rodeado estos años dimitió. Lo sorprendente, y que muestra la convulsión, es que lo hicieron ante el ya administrador apostólico y no ante el sucesor.

«Tras la decisión se oculta que la curia no está nada contenta con lo que está haciendo o ha hecho el propio Uriarte. No tuvo en cuenta a la comunidad diocesana para proponer a la terna de posibles obispos al Vaticano», explican, lo que le hubiese armado de argumentos. Optó por no escuchar a la comunidad cristiana y jugar tan sólo con sus bazas, pocas frente al poder del presidente de la CEE, que impuso a su candidato -José Ignacio Munilla-, que no era planteado por el prelado dimisionario. «Es posible que Uriarte, a pesar de los antecedentes de Iruñea y Bilbo, no haya sabido jugar sus bazas, como lo hizo en el caso del libro de Pagola», declaran miembros del presbiterio que no quieren identificarse por miedo a las represalias.

De poco sirvieron las gestiones en Roma, la razón de Estado del Vaticano primó respecto a las sugerencias del obispo. La Santa Sede lleva años moviendo las piezas del ajedrez virtual para tratar de que las diócesis vascas se disuelvan como un azucarillo dentro de una Iglesia española ultramontana y vivero de los postulados preconciliares. El plante de los curas a la ordenación, a pesar de que los nuevos responsables de prensa lo oculten, fue manifiesta y hay que situarla en una forma de protesta activa dentro de una institución en la que el castigo a las voces disidentes ha sido una constante en 2.000 años.

A partir de mañana podrían comenzar a atisbarse los movimientos del nuevo prelado y de aquellos que no han ocultado que no coinciden con su obispo en la línea pastoral que mantuvo en Zumarraga y Palencia. Será cuando comiencen a conocerse los nombres de los nuevos secretarios de la diócesis, vicarios generales y delegados que conformarán el Consejo Episcopal de la «era Munilla». Uno de los cargos de confianza será Esteban Munilla, hermano del prelado y director de Radio María, y se anuncia la llegada de curas jóvenes que se han formado en semilleros del cristianismo católico español como Toledo o Madrid, y otros que optaron por Iruñea.

Una prueba de lo que viene fue el desembarco ayer de purpurados españoles llamados a la «reconquista espiritual» de Gipuzkoa por una mañana para aupar a su joven ariete. Al margen de decenas de obispos y cardenales, con el nuevo nuncio vaticano en el Estado español, Renzo Fratini, al frente, más de 300 curas no incardinados al herrialde acudieron a la ceremonia del Buen Pastor. Ello no puede ocultar el desafecto del clero guipuzcoano a su pastor, al igual que la mayoría de los fieles, y que se aventura que se plasmará en nuevas iniciativas de la comunidad diocesana.

Al contrario de lo que sucedió en Bizkaia con la consagración de Mario Iceta como obispo auxiliar, los sacerdotes parecen estar dispuestos a mantener un pulso con la jerarquía católica española, no cumpliendo con las previsiones de Rouco Varela, Munilla y hasta los mismos responsables del Vaticano que vienen augurando que la «tormenta escampará una vez que el prelado y su equipo se hagan cargo de la diócesis».

 

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo