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Errores de principio en una guerra que no tiene fin

Dabid LAZKANOITURBURU

Periodista

La década a cuyo final asistiremos este año arrancó con una guerra entre bombardeos que vomitaban «libertad» (en Afganistán y en Irak) y aviones civiles convertidos en bombas que estallaron contra el corazón del imperio.

Y termina con un nuevo episodio de la misma guerra, esta vez entre aviones no tripulados para bombardeos «quirúrgicos» y la amenaza de nuevos kamikazes dispuestos a explotar en pleno vuelo sobre EEUU.

Quien sabe lo que nos depararán los años veinte de este nuevo siglo, pero a este paso asistiremos entonces a un nuevo round entre EEUU y esa cosa que se llama Al Qaeda y que, en vez de menguar, no ha hecho otra cosa que extenderse por doquier, desde el extremo oriental de Asia hasta el Sahel africano.

Desconocida en Irak hasta el derrocamiento manu militari de Saddam Hussein, descubrimos ahora que la red es capaz de enrolar en sus filas hasta a agentes jordanos que trabajaban oficialmente para la CIA. El «error» le ha costado a esta última la vida de siete de sus agentes más destacados precisamente en la búsqueda de los líderes de la red de Bin Laden.

La Administración estadounidense acaba de admitir errores de inteligencia. No está mal y por algo se empieza, aunque, a estas alturas, el reconocimiento sabe a poco.

Más le valdría a la Administración Obama revisar sus políticas en el mundo árabe y musulmán -tal y como prometió a poco de llegar a la Casa Blanca-. Más le valdría aplicar la inteligencia -ese arte sutil y complejo- antes que seguir alimentando un círculo que se ha revelado infernal. Porque ese es el principal error. Ése que no detectan sus escáneres.

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