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Maite SOROA | msoroa@gara.net

¡Vaya palizón a Zapatero!

Hay días en que es mejor no levantarse de la cama. Algo así debió pensar ayer el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, al repasar la prensa. Ni uno solo de los editoriales dedicados a analizar la crisis de la economía española y la gestión de su Gobierno se compadecía de ZP. Ni siquiera los suyos.

El editorialista de «El Mundo» enseñaba los dientes y, después de apabullar con datos negativos, sentenciaba que «todo esto no se ha producido por la perfidia de los mismos inversores y medios de comunicación que hace dos años hablaban todavía del `milagro español'». Leña al mono.

En «Abc» no se mostraban mucho más misericordiosos y dejaban sentado es que «el problema del Gobierno, a estas alturas, es que las palabras no bastan y que sus interlocutores, nacionales o europeos, ya están escarmentados de las explicaciones del Ejecutivo socialista». O sea que no les creen ni en su casa.

Los de «Deia», tras citar el artículo del «The New York Times» titulado «La tragedia de España», se lo ponían de lo más oscuro a Rodríguez Zapatero: «Lo que a finales de 2007 se definía en Europa como el milagro español se ha convertido en el ocaso internacional de Zapatero hasta el punto de que, en plena Presidencia de turno de la UE, diecisiete de los veintisiete ministros invitados no han acudido a la cumbre sobre competitividad organizada en Donostia». O sea, calabazas.

Y hasta en las páginas de «El País» le zurraban de lo lindo: «El presidente del Gobier- no mencionó ayer una su- puesta conjura de los mercados contra el euro o contra la economía española. No necesita ir tan lejos ni recurrir a complots de guardarropía. La deuda española pierde credibilidad cada vez que un responsable político se desdice de lo que dijo antes con rotundidad (caso de las pensiones); y se resiente cuando se presentan planes de austeridad en los que se fía parte de la recuperación de ingresos a tasas de crecimiento del 3% en 2012 o se dan como razonables recortes de gastos de 50.000 millones sin eliminar una sola dirección general en la tupida maraña administrativa». ¡Vaya día, Zapatero!

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