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El G20 lleva la guerra de divisas a la cumbre de Seúl

Los países del G20 acudirán a la cumbre de Seúl el próximo fin de semana con la guerra de divisas como telón de fondo y con la disputa entre los países ricos y los emergentes en sus políticas para salir de la crisis. Los ricos quieren que países como Brasil o China estimulen su demanda interna para poder vender allí sus productos.

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Paco G.PAZ |

El G20 afronta en Seúl su quinta y más difícil cumbre de jefes de Estado, debilitado por las diferencias que separan a los países ricos y los emergentes, y sin expectativas de lograr grandes avances para subsanarlas.

Todos los países, con EEUU a la cabeza, han decidido que el espinoso asunto de la valoración de la divisa china, para muchos germen de los desequilibrios que sufre el crecimiento mundial, no figure explícitamente entre las prioridades de la cumbre, que se desarrollará el 11 y 12 en la capital surcoreana.

«No esperamos que el asunto de la divisa de China o el tema del desequilibrio se resuelva de una vez por todas en Seúl. La cumbre es un paso más en un esfuerzo a largo plazo», dijo recientemente unos días uno de los asesores económicos de la Casa Blanca, Mike Froman, en un intento de quitar importancia al asunto.

El G20 ha vivido en los dos últimos años una profunda transformación, que le llevó en 2008 a pasar del casi anonimato a convertirse en el grupo estrella que debía lidiar con la crisis financiera mundial, por encima del G8.

En el G20 están integrados las principales economías desarrolladas junto a las emergentes, como China, India y Brasil.

Este grupo fue capaz en los primeros conatos de la crisis financiera de coordinar una respuesta mundial a la crisis con el lanzamiento de planes de estímulo para evitar una recesión a escala planetaria.

La medida funcionó, aunque no de manera igual para todos. Dos años después, los países emergentes viven un crecimiento acelerado, basado sobre todo en las exportaciones, con escasa demanda interna y una divisa que, en algunos casos, se mantiene devaluada de manera artificial.

Por contra, los países ricos como EEUU registran crecimientos débiles, y siguen necesitando de un estímulo económico. Además, exigen a los emergentes que potencien su demanda interna para venderles sus productos y así poder crecer.

«Que consuman otros»

«Hay que acostumbrarse a que EEUU ya no va a ser el consumidor final (que sustente la recuperación mundial). Necesitamos que otros países tengan una fuerte demanda interna, Si nosotros vamos a ahorrar y exportar mas, necesitamos que otros gasten e importen más», explicó Froman.

El panorama económico está ahora mas polarizado que antes de la crisis, con un bloque de países avanzados que crecen poco y registran grandes déficit por cuenta corriente, y otro bloque emergente con fuertes superávit, como China, que produce y exporta mucho mas de lo que consume e invierte. EEUU quiere que la cumbre de Seúl se imponga el objetivo de que el déficit o superávit por cuenta corriente de los países no supere el 4% del PIB.

Monedas devaluadas

Lo que parece claro es que el comunicado final contendrá un mensaje de que los países no puede devaluar su moneda para hacer más competitivas sus exportaciones, lo que se denomina como «devaluación competitiva».

EEUU y Europa creen que China y su resistencia a apreciar su moneda están detrás de los desequilibrios que sufre el mundo, pues obliga a otros países emergentes a frenar la revaluación de sus divisas para seguir siendo competitivos. Sin embargo, el propio EEUU se beneficia de mantener un dólar débil y sus últimas medidas de estímulo acentúan esta tendencia.

Es lo que Brasil ha llamado «una guerra de divisas», un fenómeno que amenaza con extenderse por todo el mundo, y que el G20 dice que quiere evitar a toda costa. El propio presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, afirmó que acude a Seúl a «pelear contra la guerra de divisas». La cumbre de Jefes de Estado servirá, en cualquier caso, para hacer un llamamiento a la desaparición de los factores que causan desequilibrios en el mundo, especialmente en materia de la balanza comercial y por cuenta corriente.

En este sentido, se espera un llamamiento a las naciones emergentes para que potencien su demanda interna, de manera que su crecimiento descanse menos en las exportaciones y más en las importaciones. Es decir, que los ricos puedan acceder a sus mercados para sustentar su crecimiento, dada la debilidad de la demanda interna.

El G-20 también apelará a los países a que eviten manipular sus monedas, que deben fluctuar libremente según las fuerzas del mercado.

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La revalorización del yuan será una de las demandas que el G20, de forma explícita o implícita, acordará en la cumbre de Seúl, aunque en principio la moneda china no figura entre las prioridades.

Pendientes de acordar la supervisión financiera

Además de la guerra de divisas y los estímulos económicos, otro de los temas importantes del G20 será la reforma de los órganos de Gobierno del Fondo Monetario Internacional (FMI), un tema sobre el que ya se alcanzó un acuerdo histórico en la reunión preparatoria que mantuvieron los ministros de finanzas hace apenas dos semanas.

Gracias a este acuerdo, los líderes del G20 se comprometerán en Seúl a que las economías ricas cedan un 6% en sus cuotas de representación, y dos asientos en el Consejo del organismo.

Otro de los puntos fuertes de la cumbre es la reforma de las instituciones financieras, un asunto en el que lleva ventaja Estados Unidos, que ya ha aprobado una legislación al respecto. También Europa acude con su propio planteamiento, las nuevas normas de capitalización de la banca, conocidas como Basilea III, aunque su aplicación se plantea de forma progresiva y no se completará durante varios años.

Además de estos temas, Corea ha aportado a la agenda de la cumbre la aprobación de medidas que favorezcan a los países subdesarrollados. GARA

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