GARA > Idatzia > Eguneko gaiak

Terremoto en Japón

Las víctimas del terremoto se cuentan por miles entre el temor nuclear

El balance provisional de víctimas mortales y personas desaparecidas va creciendo por miles según se confirma que una serie de localidades costeras fueron asoladas por el tsunami.

p002_f01.jpg

Hiroshi HIYAMA - Karyn POUPEE (AFP) | TOKIO

El temor de encontrarse ante un accidente nuclear de gran magnitud se extendió durante la jornada de ayer por todo Japón tras la explosión registrada en una central ubicada a 250 kilómetros al norte de Tokio, en el día siguiente del fuerte seísmo al que le siguió el mortífero tsunami que ha dejado miles y miles de víctimas mortales y desaparecidos.

La explosión se produjo a las tres y media de la tarde, hora local [las siete y media de la mañana en Euskal Herria], en el reactor número 1 de la central de Fukushima I (nordeste de Honshu, la isla más grande del archipiélago japonés) a consecuencia del terremoto de la víspera, de 8,9 grados en la escala Richter, el más potente registrado en este país.

La televisión pública NHK informó de que varios empleados resultaron «ligeramente heridos» por la explosión mientras el Gobierno anunciaba el envío de «superbomberos» a la zona. En un primer momento, el portavoz gubernamental, Yukio Edano, declaró que había sido informado de que se había producido «una especie de explosión». «Estamos supervisando con atención los niveles de radiación», añadió.

El propio primer ministro, Naoto Kan, fue quien ordenó la evacuación de los habitantes en un radio de 20 kilómetros en torno a la central, doblando la distancia que se había fijado el viernes. Previamente, la agencia nacional de seguridad nuclear e industrial había advertido de que podría haberse producido una fusión en el reactor. Según indicó a France-Presse un experto, fue detectado cesio radiactivo en los alrededores de la central, lo que generalmente atestigua que ese fenómeno está a punto de producirse.

La planta de Fukushima I fue víctima de una serie de problemas encadenados desde que el fuerte seísmo y sus sucesivas réplicas perturbaron sus circuitos de enfriamiento. Tras detectarse los problemas de temperatura, aviones de la Fuerza Aérea de EEUU [que cuenta con instalaciones permanentes en Japón] lanzaron líquido refrigerante sobre la zona durante la noche del viernes al sábado.

Por la mañana, el nivel de radiactividad detectado en la sala de control del reactor era mil veces superior al normal.

La compañía que explota esta central, Tokyo Electric Power (Tepco), recibió la instrucción de abrir las válvulas del reactor para liberar vapor radiactivo y, así, reducir la presión interna, anormalmente elevada.

Más tarde se informó de que el edificio que alberga al reactor número 1 había colapsado. Las cadenas de televisión mostraban una nube blanquecina surgiendo de las instalaciones y, a continuación, pasaban imágenes en las que habían desaparecido el tejado y las paredes de la cámara del reactor.

La versión oficial explicaba que el derrumbe del edificio exterior se debió al terremoto, no a la explosión, y que ésta no se produjo en el interior del reactor.

La central de Fukushima II, localizada a una docena de kilómetros de la primera, también sufrió problemas de refrigeración en cuatro de sus reactores y Tepco tomó medidas de prevención similares. Este problema que afectaba directamente a la familia Suzuki. «Mi hermano está empleado allí y ha trabajado toda la noche. Estoy preocupada por el riesgo de exposición a las radiaciones», declaró a AFP la señora Suzuki.

Peligro por exposición al aire

Las autoridades transmitieron que los expertos aconsejaban encarecidamente a la población que se quedara en casa y cerrase bien las ventanas. A quienes se encontraban en el exterior, se les invitó a usar mascarillas o pañuelos mojados para proteger las vías respiratorias y a que se cubrieran al máximo para no exponer su piel al aire.

La dosis recibida en el lugar del siniestro podría corresponder al que puede absorber una persona como máximo en un año bajo el riesgo de poner en peligro su salud, según afirmaron algunos medios, que colocaban ese nivel en 1.015 miliSievert (mSv).

No obstante, la agencia nipona de seguridad nuclear consideraba poco probable que se hubieran producido incidentes graves en el espacio que alberga la vasija del reactor. El portavoz del Gobierno también aseguró que el nivel de radiación en el lugar del siniestro había «descendido bastante» tras la explosión, insistiendo en que ésta no se había producido «en el reactor».

En cualquier caso, este accidente ha sido clasificado en el nivel 4 de la escala de gravedad de incidentes nucleares y radiológicos (INES), que va de 0 a 7. La Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) incluye en el nivel 4 aquellos accidentes que no entrañan riesgo importante fuera del lugar del siniestro.

El nivel 0 corresponde a la ausencia de anomalías en el funcionamiento de una planta nuclear. El término «anomalía» se utiliza para el nivel 1, mientras que para el 2 y el 3 se reserva el de «incidente».

La AIEA, organismo dependiente de la ONU, también informó de que «las autoridades japonesas han indicado que se estaban preparando para distribuir comprimidos de iodo a los habitantes de las zonas próximas a las dos centrales de Fukushima».

Mientras tanto, se iban acondicionando diferentes instalaciones para acoger a quienes abandonaban sus domicilios, ya fuera porque seguían la orden de evacuación en torno a las plantas nucleares, por temor a los derrumbes o, como le ocurría a la mayoría, porque sus domicilio habían sido arrasados por el tsunami.

Cuarenta años en funcionamiento, como la de Garoña

La central nuclear de Fukushima I, ubicada en la localidad de Okuma, comparte un récord peligroso -ya incontestable en el caso japonés- con la de Garoña, situada a las puertas de Euskal Herria. Se trata del récord de longevidad. La planta japonesa es la más antigua de las que se encuentran en funcionamiento en aquel país, ya que inició su actividad en 1971. La burgalesa se acopló al sistema eléctrico estatal el 2 de marzo de ese mismo, por lo que acaba de cumplir su 40º aniversario sin que todavía el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se haya atrevido a marcar una fecha definitiva para poner fin a la vida de esta instalación.

El accidente de Fukushima es seguido con atención por el Consejo español de Seguridad Nuclear (CSN), que ha creado un grupo de responsables y técnicos que se reunieron a primera hora de la mañana de ayer en su sala de emergencias, donde están en permanente contacto con los organismos internacionales de este ámbito. Por su parte, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, se apresuró a asegurar que el parque español de centrales nucleares «es joven y seguro».

Más cauta, la canciller Angela Merkel prometió revisar la seguridad de todas las centrales nucleares alemanas tras el accidente registrado en Japón. GARA

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo