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Costa de Marfil, al borde de otra guerra

Gbagbo se aferra al poder mientras se recrudece la batalla en Abidjan de las urnas a las armas

La combates se intensificaron ayer en Abidjan por la feroz resistencia de las tropas de élite de Gbagbo, que se aferra al poder, ante la presencia de las fuerzas de Ouattara, en la que podría ser su última embestida para llegar al palacio presidencial.

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GARA | ABIDJAN

La batalla de Abidjan se recrudece. Las tropas de élite del presidente saliente, Laurent Gbagbo, y las Fuerzas Republicanas de su rival, el mandatario reconocido por la comunidad internacional, Alassane Ouattara, se enfrentaban ayer en torno a la residencia del primero y al palacio presidencial, con una intensidad que fue aumentando durante las primeras horas del día. Gbagbo, que se cree sigue en Abidjan y denunció un golpe de Estado en su contra, aseguró que no tiene intención de renunciar y prometió que luchará «hasta el final».

Mientras continuaban los combates, el Gobierno de Ouattara anunció la reapertura del espacio aéreo de Costa de Marfil y los aeropuertos tras el cierre impuesto la víspera, aunque las fronteras terrestres y marítimas seguían cerradas.

Fuentes leales a Ouattara afirmaron que habían tomado la residencia presidencial del barrio de Cocody y que se desconocía el paradero de Gbagbo, pero, según otras fuentes, lejos de ceder a la presión de las armas, habría abandonado su residencia para instalarse en el palacio presidencial, sede del poder situada en el barrio de Plateau, en el centro de Abidjan. Uno de sus portavoces aseguró que «no abdicará» y sostuvo que se dirigirá a la nación en las próximas horas o días.

«No creo que Laurent Gbagbo sea capaz de resistir más tiempo, con todas las deserciones que está habiendo en sus filas. Tiene un instinto suicida, se ha metido en un callejón sin salida y está condenado a ser echado», declaró a AFP Anne Ouloto, portavoz de Ouattara.

Aunque su salida del poder se anuncia cercana, un portavoz de Gbagbo, Tussaint Alain, aseguró de forma categórica ayer que «no tiene la intención de abdicar o de rendirse a ningún rebelde». También uno de sus amigos más cercanos, el socialista francés Guy Labertit, señaló que el presidente saliente «no dimitirá». Esté en su residencia o en el palacio presidencial, «no saldrá vivo», dijo.

Después de que el miércoles el jefe del Estado Mayor, el general Philippe Mangou, se refugiara en la embajada sudafricana en Abidjan, circuló el rumor de que Gbagbo podría hacer lo mismo, pero Pretoria desmintió los rumores.

«Iremos a buscarlo»

«Laurent Gbagbo debe entregarse para evitar un baño de sangre. Esperamos que lo haga, de lo contrario iremos a buscarlo adonde se encuentre. Si dimite, está bien, si no, será llevado ante la justicia internacional», había advertido el jueves por la noche Guillaume Soro, primer ministro del Gobierno de Ouattara.

En el barrio de Plateau, las ráfagas de fusiles Kalashnikov y los disparos de armas pesadas se sucedieron a un fuerte ritmo durante toda la jornada. Las calles estaban vacías, y la gente permanecía en casa. «Estamos aterrorizados, los tiroteos duraron toda la noche y no pudimos dormir», declaró Sylvie, una habitante de Cocody.

«Escuchamos fuertes explosiones, que se detuvieron durante media hora antes de reanudarse. Era ensordecedor y estábamos atrapados entre los disparos», agregó visiblemente afectada por los violentos enfrentamientos en ese barrio residencial y temerosa de que la situación se prolongue durante días.

Durante la madrugada de ayer, el palacio presidencial fue sometido a un intenso asedio y fue objetivo de bombardeos, una situación que se repitió durante el día de ayer. Los ataques comenzaron después de que Gbagbo rechazara el ultimátum del primer ministro de Ouattara, que le conminó a dejar el poder antes de las 9 de la noche del jueves.

Fue en las inmediaciones de la residencia de Cocody y del palacio presidencial donde las tropas de élite leales a Gbagbo, a quien el Ejército, la Policía y la Gendarmería abandonaron el miércoles, estaban oponiendo una tenaz resistencia. Otro foco de duros combates para las Fuerzas Republicanas de Ouattara era Agban, el mayor cuartel del país, donde se hicieron fuertes algunos altos mandos militares y policiales cercanos al presidente saliente.

Los combates aumentaron por la mañana y remitieron por la tarde en Abidjan, a donde las Fuerzas Republicanas llegaron la víspera después de tomar el control de casi todas las ciudades del país en el marco de una ofensiva militar que iniciaron el lunes hacia el sur y cuyo objetivo final es la instalación de Ouattara en el palacio presidencial. Mientras, continuaron los llamamientos a Gbagbo, que se niega a dejar el poder tras perder las elecciones en noviembre, a renunciar para evitar un derramamiento mayor de sangre. Desde el inicio de esta crisis, que ha llevado al país al borde de la guerra civil, han muerto al menos medio millar de personas, en su mayoría civiles. Ayer, dos balas perdidas mataron a un profesor francés en Yamusukro y a una empleada sueca de la ONU en Abidjan.

Las tropas de la misión de Naciones Unidas en el país, la Onuci, cuyas patrullas fueron tiroteadas en distintos puntos de la capital, expresaron su disposición a facilitar la salida del mandatario del país si así lo desea.

Si el jueves Human Rights Watch denunció masacres cometidas por partidarios de Gbagbo, ayer Naciones Unidas acusaron a las Fuerzas Republicanas leales a Ouattara de haber cometido «graves violaciones de derechos humanos» especialmente en las regiones occidentales de Guiglo y Daloa. Citó saqueos, extorsiones, secuestros, detenciones arbitrarias y malos tratos a civiles y recordó que ambas partes podrían tener que responder de sus actos ante el Tribunal Penal Internacional.

 
Duékoué

La Onuci desplegó ayer soldados en la ciudad de Duékoué, donde las tropas de Ouattara encontraron mayor resistencia en su avance hacia Abidjan, para proteger a unos 10.000 civiles que buscaban refugio en una iglesia.

París y Washington piden el relevo inmediato

El Estado francés, antigua potencia colonial, y EEUU reiteraron ayer su llamamiento a Laurent Gbagbo para que presente su renuncia inmediata y ceda el poder a Alassane Ouattara, igual que antes lo había hecho el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. A ese llamamiento se sumaron también la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) y la Unión Africana (UA), que emplazaron al presidente marfileño de facto a dimitir para evitar un «baño de sangre».

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, instó a Gbagbo a cumplir con la resolución 1.975 del Consejo de Seguridad y a presentar su renuncia para «detener la violencia» y poner fin a la crisis política que estalló tras las elecciones por «el rechazo de Gbagbo a reconocer su derrota». Sarkozy reunió por la tarde a su gabinete de crisis para analizar la situación en el país africano. Antes habló por teléfono con Ouattara, aunque no se conocieron detalles de esa conversación.

En el comunicado oficial de El Elíseo, difundido tras ese encuentro, se exige a toda las partes respeto a la seguridad de los civiles marfileños y extranjeros, 15.000 de ellos franceses.

En el mismo sentido, EEUU, que dijo que en este caso «todas las partes responderán» por las atrocidades que cometan, instó a Gbagbo a «aceptar su destino» y dimitir inmediatamente.

La UA se sumó a ese emplazamiento al tiempo que reiteró que, junto a la Cedeao, seguirá trabajando para «promover la reconciliación nacional, el arraigo de la democracia y la consolidación de la paz». GARA

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