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Nafarroa, la hora de los abertzales

Nafarroa despierta tras dos legislaturas en la nada. Bildu recuperará para el Parlamento miles de votos que devuelven a los abertzales a la condición de oposición real, más aún en el caso probable de que UPN y PSN se vean abocados a gobernar juntos. Es la hora del cambio, o al menos de su inicio.

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Ramón SOLA

El 3 de abril de 2009, el mismo día que se constituía el Parlamento de Gasteiz basado en el apartheid político, el de Iruñea celebraba su 30º aniversario. En un momento dado, numerosos ex electos ilegalizados se levantaron y entonaron el ``Eusko Gudariak'' ante todos los mandatarios. No sólo fue una pequeña revancha: reflejó la dualidad del herrialde, visualizó la auténtica oposición y obligó a tomar partido. Así, Patxi Zabaleta, de NaBai, decidió abandonar el acto en disconformidad con las palabras de la presidenta del Parlamento, que había tildado la protesta de «antidemocrática».

Aquel pequeño fogonazo vino a quebrar la ficción creada por la ilegalización, que se aplicó por primera vez en este parlamento (Batasuna fue disuelta aquí antes incluso de las elecciones de 2003) y que ha condicionado totalmente su labor y su agenda desde entonces.

La aparición de Bildu como opción legal hace que la realidad vuelva a colarse tras las paredes cada vez más opacas de la Cámara, para desesperación sobre todo de UPN, que ha podido gestionar estos ocho años con calma chicha (en los cuatro primeros, de hecho, la ilegalización le regaló la mayoría absoluta junto a CDN). Y la realidad es que la única oposición posible al bloque dominante en estos 30 años -UPN-PSN, con la única excepción del efímero tripartito de Javier Otano en 1995- son los abertzales. Es lo que hay, es lo que ha habido siempre.

Escenarios propicios

La desfiguración de la Cámara alimentó la ficción de que era posible crear una nueva oposición a la derecha españolista a partir de la exclusión de la izquierda abertzale; una nueva oposición que no cuestionara el estatus de Nafarroa, pero sí aportara un barniz de progresismo-vasquismo. El portazo del PSOE a Nafarroa Bai en agosto de 2007 zanjó esta vía. Y por si quedaran dudas de que no fue algo meramente puntual, en esta campaña el nuevo líder del PSN ungido por Ferraz, Roberto Jiménez, ya deja claro que no piensa aspirar a nada si para ello necesita contar con votos de Bildu.

La oposición vuelve, por tanto, y vuelve fuerte, con el viento a favor de un proceso en ciernes, del hartazgo creciente con UPN tras dos décadas de gobierno y de los avances en la percepción social de que el discurso «navarrista» está agotado y es falso. La negativa de Aralar y PNV a la unidad electoral propuesta por la izquierda abertzale estuvo a punto de perpetuar una situación que imposibilitaba el cambio, pero gracias a Bildu se recuperarán los miles de votos abocados al nulo en 2003 y 2007. A partir de ahí, nadie duda de que los abertzales son la fuerza emergente, aunque concurran en dos listas. El 22 de mayo por la noche se sabrá si ha sido mejor o peor, pero el 23 el debate de la unidad de acción seguirá abierto.

Su impacto será mayor, además, en un escenario de fragmentación de sus rivales, con UPN y PP enfrentándose por un mismo saco de votos y con el PSN en horas muy bajas. Aunque en campaña nadie renuncie a nada, parece probable que no haya otro escenario de gobernabilidad que el pacto UPN-PSN, otra vez; a UPN y PP solos no les dará la suma y tampoco parece viable un acuerdo a tres en el que confluyan PP y PSN.

La oposición real, la abertzale y de izquierdas, no debería desmoralizarse por ello, sino al contrario: tendría todo el campo abierto para confrontar políticamente y para ir ganando terreno al tiempo que acompasa sus estrategias. La próxima legislatura traerá otros trampolines: los probables avances hacia un proceso de paz, la reapertura del diálogo político, el debate ideológico que provocará el quinto centenario de la conquista en 2012... Un campo de juego cargado de oportunidades. Llega la hora que los abertzales estaban esperando, la que UPN quería evitar a toda costa, la que hace que Yolanda Barcina recorra Nafarroa en busca de alguna pintada tras la que seguir atrincherándose.

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