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José Luis Soto Director de la Agencia de Noticias en Línea Espacio Insular

Una brisa soberanista sobre Euskal Herria

Estamos ante un tiempo soñado por miles y miles de vascos que han apostado por un cambio político en paz

El pueblo vasco ha luchado durante siglos por mantener las señas de identidad cultural, el idioma, las leyes viejas, sus instituciones democráticas y el derecho a decidir su futuro. En este sentido, una de las recientes luchas, a partir de la movilización popular, fue la que lograr que Bildu pudiera estar en las elecciones del 22 de mayo, en las que ha obtenido unos resultados extraordinarios.

Para que todo esto fuera posible, se han realizado unos pasos que han formado parte de una ingeniería política donde muchas personas han manifestado su coraje político al apostar sin especulaciones por un cambio de ciclo político en Euskal Herria.

Resulta un acto de estricta justicia destacar los pasos dados por Eusko Alkartasuna, que en la mayor parte de su historia ha privilegiado estar por una labor en beneficio del país, postergando su desarrollo como partido. En las elecciones del año 2009, de la mano de Unai Ziarreta, centró su campaña en la necesaria creación de un polo soberanista, donde se fuera materializando la tan necesaria unidad abertzale. Lo cierto es que la cosecha fue mala desde el punto de vista electoral, pero esto no fue motivo para que esta agrupación política, a la que muchos opinólogos de la política la sentenciaron a desaparecer en el corto plazo, reafirmara en un congreso extraordinario la línea política de continuar trabajando en la construcción de un bloque soberanista, poniendo en riesgo toda su historia partidaria, en definitiva su existencia futura. Cabe destacar la tarea realizada por su secretario general, Pello Urizar, y su firmeza ante las amenazas de Rubalcaba sobre la posible ilegalización de la sigla, así como la tarea llevada adelante por muchas personas que anónimamente fueron tejiendo los mimbres necesarios para llegar a esta nueva realidad política, por ejemplo, Sabin Intxaurraga.

La izquierda abertzale no se quedó atrás, y fue un importante referente como Arnaldo Otegi quien levantó la bandera de explorar las nuevas vías civiles pacíficas y democráticas para continuar luchando por la autodeterminación de Euskal Herria. Muchos compañeros de Otegi se sumaron a este fundamental proceso que dio sus frutos luego de los debates realizados en las asambleas locales, con el magnífico resultado de dirigir la nave partidaria hacia las vías políticas, civiles y pacíficas enunciadas. Cabe destacar un reconocimiento a quienes ya venían bregando desde hace tiempo por esta apuesta y a quienes pagaron con la cárcel por privilegiar el diálogo como herramienta política.

También resulta justo reconocer los pasos dados por ETA, que mas allá de declarar una moratoria en las actividades militares, se puso a disposición de una verificación del alto el fuego definitivo ante una comisión internacional, y además con una clara apuesta, según se desprende de sus comunicados, a la aceptación del cambio de ciclo político, donde en adelante la política y el diálogo serán las herramientas para la resolución del conflicto político.

Por último cabe destacar el coraje de los dirigentes y militantes de Alternatiba, quienes más allá de provenir de una estructura partidaria estatal, han evaluado y se han sumado a una causa que tiene por objetivo devolver la legalidad a miles de ciudadanos vascos y avanzar por el camino del diálogo a una resolución definitiva del conflicto político. En tal sentido, su participación en Bildu, constituye un acto de valentía política que la historia sabrá poner en valor.

Muchos amigos de Euskal Herria afirman que la Diáspora también ha empujado y aportado en la tarea de consecución de los objetivos que se sintetizan hoy en Bildu, y eso también es parte de la realidad. En tal sentido, la Diáspora deberá continuar trabajando en la acumulación de fuerzas abertzales, en el respeto de todas aquellas agrupaciones nacionalistas que no forman parte de Bildu, con las cuales se deberá llegar a unos acuerdos mínimos en temas fundamentales como la defensa de nuestras señas particulares, el euskera, nuestros símbolos, la territorialidad, así como en la labor que ponga fin a las ilegalizaciones como la de Sortu, la dispersión de los presos y el bloqueo político impuesto por los estados francés y español.

Estamos ante un tiempo soñado por miles y miles de vascos que han apostado por un cambio político en paz. Sigamos construyendo un espacio político abertzale y en base al diálogo acordando con quienes no forman parte de Bildu pero que también constituyen una expresión importante del nacionalismo vasco. Ésta deber ser la labor de cara al futuro: trabajar incansablemente para lograr la unidad y acumulación de fuerzas abertzales con el fin de cristalizar el objetivo principal de nuestro pueblo, que es el de ejercer su derecho a decidir.

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