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VII Copa del Mundo

Los All Blacks quieren reeditar el título que ya consiguieron en 1987

La selección de Nueva Zelanda, que juega en casa, parte como la gran favorita junto a Sudáfrica, que es la campeona en ejercicio. Australia, Inglaterra, Francia e Irlanda forman parte del selecto grupo de aspirantes.

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 Jon LEUNDA I

Nueva Zelanda y Tonga disputarán mañana el partido inaugural de la séptima edición de la Copa de Mundo en el Eden Park de Auckland. El campeonato reunirá –hasta el 23 de octubre– a 20 selecciones que lucharán por el título y para destronar a Sudáfrica, actual campeona.

Los sudafricanos parten como favoritos junto a los locales de Nueva Zelanda, pero habrá que tener muy en cuenta también a Australia y a tres de las selecciones europeas más potentes: Inglaterra –la actual actual subcampeona–, Irlanda y Francia, que también se han presentado en las antípodas con el objetivo de luchar por el campeonato.

Nueva Zelanda y Francia compartirán el mismo grupo en la primera fase con rivales inferiores –a priori–, y deberían ocupar los dos puestos que clasifican para la siguiente ronda y dirimir entre ellas el primer puesto.

Los All Blacks han preparado a conciencia la Copa de Mundo. Pese a ser una de las potencias mundiales, sólo lo han ganado una vez, fue el primero que se jugó, y en Nueva Zelanda. De eso hace ya casi un cuarto de siglo. A partir de entonces, nunca pudieron alcanzar el título.

Pero esta vez esperan volver a lograrlo y se han preparado a fondo. En 2010 acapararon los premios al mejor equipo del año, al mejor entrenador –Graham Henry– y al mejor jugador –su capitán, Richie McCaw–, y se proclamaron campeones del prestigioso Torneo Tres Naciones, ganando 13 de los 14 partidos que jugaron durante el año –aunque hace un par de semanas perdieron la final del Tres Naciones 2011 ante Australia–.

Francia será su primer gran rival. Impulsados por una generación brillante, liderada por jugadores como Thierry Dusautoir, Imanol Harinordoki, Aurélien Rougerie o Vincent Clerc, y con unos relevos jóvenes prometedores como Fulgence Ouedraogo, Morgan Parra o  Maxime Médard, los jugadores de la selección francesa avanzan como outsiders de primer nivel. No viajan a Nueva Zelanda a hacer turismo. Su objetivo es el título, o como mínimo estar en la lucha por el Mundial. Cualquier otro resultado sería un fracaso para la selección blue.

Los campeones

Sudáfrica parte a tierras de Oceanía con la intención de revalidar su título. También habían presentado su candidatura para organizar este Mundial, pero no se la aceptaron. Acuden dolidos, y con el objetivo de demostrar que siguen siendo los mejores. Gales será su rival más fuerte en la fase de grupos, pero Fidji –que a punto ha estado de boicotear este evento– y Samoa pueden ser peligrosos, aunque los sudafricanos no deben tener problemas para pasar de ronda.

Inglaterra es otra selección que ya sabe lo que es ganar un Mundial. Además, son los actuales subcampeones, y también forman parte de la selecta lista de favoritos. El suyo es el grupo más complicado, con rivales como Escocia y Argentina. Los ingleses se estrenarán el 10 de setiembre ante Los Pumas argentinos, en un choque que se presume caliente, como demuestra el hecho de que hasta el momento ha sido el encuentro que más entradas ha vendido, exceptuando los partidos que va a disputar la selección local.

Por último, Australia cierra el grupo de máximas aspirantes al título. Su grupo parece uno de los más sencillos de la primera ronda, y sólo Irlanda le puede hacer algo de sombra, pero a partir de ahí no debe tener problemas para clasificarse y meterse en la lucha por el título.

En deportes de equipo, la satisfacción es compartida. No es mérito de uno, sino de todos. No gana uno, sino todos. Y viceversa. Uno es parte de un equipo. Pero siempre son bienvenidas las destrezas individuales. Son necesarias, a veces indispensables, y casi siempre determinantes. Se observa en aquellas acciones que generan reacciones, propias de los elegidos, capaces de hacer algo distinto y cambiar el rumbo de la historia.
Como en toda cita mundialista, se espera a los mejores, y cada seguidor se ilusiona al poder contar en su selección con hombres relevantes, que podrían convertirse en las figuras del campeonato. El público quiere verlos, los rivales desean medirse con ellos, y sus propios compañeros experimentar la tranquilidad que significa tenerlos de su lado. Esta séptima Rugby World Cup no será la excepción. Y los ojos de todos estarán enfocados hacia un puñado de grandes jugadores, que buscarán destacarse en el evento.

Las estrellas

En Sudáfrica hay jugadores para intentar repetir el título. Aunque parezca que a Bryan Habana se le ha mojado la pólvora, su velocidad, determinación y explosión en ataque son de temer. Fourie du Preez ya está de vuelta, plenamente en forma tras una dolencia muscular que lo alejó de los campos y de su selección hace más de un año. Con continuidad recuperará su nivel. Y atención también a estos tres: Pierre Spies, Victor Matfield  y Bakkies Botha.

Nueva Zelanda, bajo la batuta de Dan Carter –un apertura completo y exquisito– buscará armar su fiesta. Y, por supuesto, el gran Richie McCaw, su capitán, tres veces Mejor Jugador IRB (2006, 2009 y 2010), un delantero nato. Su vecino, Australia, acude sin su principal estrella Matt Giteau, descartado por el seleccionador en la lista final,  y con la joven promesa James O’Connor como titular inamovible en los Wallabies.

Inglaterra cuenta con Chris Ashton, Ben Youngs y Toby Flood. Francia acude con una importante camada de veteranos, entre ellos Imanol Harinordoki, único vasco del Mundial, que dirá adiós en este torneo. Y Brian O’Driscoll, capitán y emblema irlandés, liderará un equipo que puede dar más de una sorpresa.
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