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Antonio ALVAREZ-SOLIS Periodista

Honestidad

 

Sin duda la nueva declaración del Colectivo de Presos Vascos abre una puerta muy amplia para la superación de la lucha armada. Creo que lo que propone la plataforma de presos de la organización vasca se brinda con seriedad y propósito firme de alcanzar rápidamente la paz. ETA estima que ha llegado la hora de la política y en su propuesta se dibuja una decisión radical de entregar las armas. Pero Madrid ha respondido con el argumento sempiterno de que ETA no es fiable. Exigen algo muy difícil de admitir por una organización clandestina, como ocurriría con cualquier otro combatiente con capacidad aún de combatir: que se desarme sin darle garantía alguna de futuro. ETA teme que su desarme sea seguido de una etapa de duro trato a sus miembros y, lo que es peor, con un endurecimiento de la represión de los partidos soberanistas. O sea, se trataría de que ETA entrara en una rendición incondicional sin beneficio alguno para la masa mayoritaria de vascos que persiguen su independencia por medio de la vía política. Es decir, Madrid rechaza de plano el proceso irlandés para crear la gran mesa de intercambio de ideas. Topamos, pues, con el eterno problema español de falta de credibilidad política. Los gobiernos españoles tienen una secular tradición de deshonestidad en sus comportamientos. Esto malogró, por ejemplo, conseguir una descolonización que creara nuevos vínculos con la anterior metrópoli. El rechazo del mundo hacia lo español, del que hablaba un brillante eclesiástico viajero, parte de esos comportamientos engañosos. El peligro de la deshonestidad es el que suscita la reiterada petición independentista de unos testigos internacionales del proceso. España está sentada sobre un cubilete trilero.