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Iker Bizkarguenaga | Periodista

Quiero un tocayo en las Cortes

Imagino que cuando leáis estas líneas muchos de vosotros y vosotras aún guardaréis en vuestras retinas la imágenes del acto de ayer en el Velódromo. Os envidio. Con envidia sana, eso sí, no vayamos a condenarnos eternamente. Pero sí me hubiera gustado asistir a esta nueva cita con un escenario en el que se han representado muchos de los hitos de este país. Y no solo políticos, porque dentro y fuera de sus irregulares anillos también se han desbordado emociones ante proezas deportivas o con bertsos tan hermosos que te ponían un nudo en la garganta. Fue antes de que apareciera el BEC, más cómodo, más funcional, más grande, pero sin la magia de la elipse de Anoeta.

Precisamente, magia es lo que parecen necesitar algunos partidos para levantar los resultados que les auguran para el próximo domingo. Magia o malas artes, como la que supone enfangarse en una polémica artificial e interesada que algunos han querido desatar a cuenta de las riadas del pasado domingo. ¿Qué va a contarles el candidato Odón Elorza a los vecinos de Martutene y Txomin Enea? ¿Qué puede argumentar el PNV, que antes construiría diez trenes de alta velocidad y cuatro superpuertos que atender a las necesidades de esos barrios? Sorprende el desvergonzado atrevimiento de quienes han gobernado el ayuntamiento y la diputación hasta hace dos días.

Se entiende el nerviosismo. Unos, los de Rubalcaba, esperan pegarse un costalazo de esos que marcan época, y otros, después de perder Ajuria Enea y dos diputaciones, tiemblan ante la posibilidad de no contar con un grupo parlamentario en Madrid. Se entiende, sí, pero hay que mantener unas formas.

Y frente a los nervios de unos, la ilusión de los otros. Como la que en Araba existe ante la posibilidad de que por primera vez un diputado independentista logre un escaño en Madrid en representación de este herrialde. No tanto por el escaño en sí, como por derribar definitivamente el baluarte que los españolistas creían haber erigido entre Okondo y Oion, y que el 22 de mayo empezó a fracturarse. Ese sí que va a ser un ejercicio de fracking, y no el que tienen planeado nuestros mandatarios más gaseosos. Mi tocayo Urbina lo tiene al alcance de la mano, y cuando el 20N lo consiga, no habrá sido por arte de magia, sino porque un montón de gente ha trabajado mucho para lograrlo.

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