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Iosu Balmaseda, Isabel Castro, Xabier Barber Miembros de la Comisión General del sindicato ESK

Es tiempo de revuelta social

Tenemos que paralizar la producción, los servicios, el transporte... y hacer de la calle un clamor. Que la lucha sea una herramienta de transformación social La última (?) Reforma laboral es una agresión letal a derechos que trabajadores y trabajadoras hemos conquistado al precio de mucho dolor

El 29 de marzo va a haber una gran huelga general. Hay que hacer que sea expresión pública y nítida del malestar existente en buena parte de la sociedad. Que la cada vez más extendida pobreza, la cada vez menos callada indignación se transformen en organización estable, coordinación amplia y lucha permanente. La ciudadanía tiene que ejercer de tal y quitar el protagonismo a los discursos de las élites económicas y políticas.

Porque la situación que vivimos es insoportable. La última (?) Reforma Laboral, esta vez aprobada por el PP, es durísima; una agresión letal a derechos que trabajadoras y trabajadores, con o sin empleo, por cuenta ajena o por cuenta propia, hemos conquistado, al precio de mucho dolor, a lo largo de décadas. Se añade, además, a la larga lista de ataques institucionales realizados estos años contra la gran mayoría de la sociedad, los más recientes la reforma de las pensiones y la de la negociación colectiva. Y, como las anteriores, no servirá para crear empleo (menos aún de calidad); al contrario, sus nefastos efectos se sumarán a los de la propia crisis.

Es insoportable que el Banco Central Europeo (BCE) vuelva a regalar medio billón de euros (al 1% de interés) a los bancos, mientras estos siguen desahuciando a personas en situaciones extremas, dejándolas sin vivienda, y dificultando el acceso a los préstamos (a un interés mucho más alto) a la gente, pequeños negocios e instituciones públicas que son las realmente necesitadas. Es indecente que los sueldos y «pen- siones» de banqueros y banqueras, gestores de transnacionales y otras gentes de esa ralea se midan en millones de euros anuales, mientras el salario mínimo interprofesional (SMI) apenas supera los 600 euros mensuales, se recortan las pensiones y los subsidios de desempleo o las rentas básicas, y sigue habiendo muchos miles de personas que tienen empleo, pero cobran 600, 800 o, las afortunadas, «incluso» 1.000 euros mensuales.

No es de recibo que se recorten los gastos en la sanidad y la educación públicas, o en los diversos ámbitos de las coberturas sociales (renta básica o de ingresos mínimos, asociaciones de cuidados paliativos...), el euskara, la cultura... mientras grandes cantidades de dinero pú- blico (nuestro) se destinan a grandes infraestructuras, como mínimo de escaso interés social (el Tren de Alta Velocidad como paradigma, pero hay más) o al mantenimiento del estatus económico y social de la parte empoderada de la casta política.

Los grandes bancos y sus todopoderosos accionistas y directivos, aunque nos cuestan mucho, valen (de valor de verdad, no de euros) infinitamente menos que las personas. ¿Por qué priorizar, entonces, la devolución de la deuda, pública o privada, usurera e ilegítima en muchos casos, al bienestar de la población?

El 29 de marzo, los sindicatos, los movimientos sociales, las organizaciones de personas afectadas por los recortes, la mayoría social vamos a tomar las calles. Tenemos que paralizar la producción, los servicios no imprescindibles, el transporte... y hacer de la calle un clamor. Que la rabia sea lucha y la lucha una herramienta de transformación social.

Para caminar hacia una sociedad igualitaria, hacia un modo de producción que respete los límites medioambientales, con unos pueblos libres, hermanados hacia los cuatro puntos cardinales. Para ello hay que conquistar el reparto de la riqueza (una profunda reforma fiscal, la tasa Tobin a todas las transacciones financieras, el cierre de los paraísos fiscales...) y el reparto de los trabajos (el empleo, los cuidados y el doméstico): ¿Para cuándo la semana laboral de 35 horas por ley? ¿O la desaparición de las horas extras? ¿Y la recuperación de verdaderos contratos de relevo?... Conquistar, que no solo pedir, porque no nos van a dar nada si no les obligamos a ello.

Hay crisis, sí, en plural: económica, medioambiental, política y sistémica. Hagamos que sea el alba de otra manera de vivir, más colectiva y menos individualista; más consumidora de afectos y cuidados y menos de cosas; igualitaria entre mujeres y hombres; solidaria entre personas y entre pueblos... En definitiva, libre de supuestos valores («tanto tienes, tanto vales»), inculcados una y otra vez desde las diversas maquinarias del poder, y rica en valores reconquistados, nuestros.

Razones hay de sobra. Nos falta continuidad y contundencia. El camino puede intuirse complicado y la salida incierta. Pero si no, si la iniciativa sigue en sus manos (las de todos los poderes que nos malgobiernan), el desastre está asegurado. La mejor alternativa es la lucha. Hagamos del 29 de marzo un día histórico, en los lugares de trabajo y en las calles, y sigamos después la senda de la participación, de la organización, de la unidad...

No corren tiempos de esperar a ver si las cosas cambian por sí solas. Es tiempo de revuelta social, en el mejor sentido de las palabras: que esa mayoría de la sociedad se revuelva y tome (tomemos) conciencia de que un mundo mejor es posible, también aquí en Euskal Herria. Y que vea (veamos) que el presente y el futuro están, si queremos y nos los peleamos, en nuestras manos.

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