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Raimundo Fitero

Los resultadistas

 

En el mundo del fútbol, eso tan importante que hasta los bancos y cajas tan renuentes a dar créditos a pequeñas empresas y familias, no tienen ningún reparo en concederlos para pagarse viajes a finales europeas, o que incluso patrocinan campañas, ligas y demás zarandajas. Digo, en el mundo del fútbol dividen a los entrenadores entre los que consideran que lo importante es el juego desplegado, la belleza, y quienes apuestan por utilizar cualquier arma y estrategia con el fin de lograr el resultado. A estos les llaman resultadistas, y en ciertos ámbitos más propensos a la lírica, se considera un despropósito, un baldón proponer este tipo de juego.

Pero en el campo político, lo único que interesa es el resultado. Es decir, todos son resultadistas. Y eso implica que cualquier mensaje, cualquier idea, cualquier propuesta, toma validez y categoría si está refrendada por un número suficiente de votos. Es decir, aquí no hay jogo bonito, sino ganar. Y si puede ser por goleada, mejor. Los programas son simples señuelos, que después no se cumplen, ni comprometen. En la publicidad, existe el concepto de engañosa, y si no se cumple con lo anunciado en el folleto buzoneado, se puede reclamar, pero ¿algún juzgado admitiría una denuncia por engaño electoral?

Ahora mismo, todos los periodistas y tertulianos se esfuerzan por pronunciar a la manera más parisina posible el apellido del nuevo presidente francés. Un presidente molieresco, en el sentido de que ni iba a ser el candidato, ni tenía muchas opciones, pero que a fuerza de constancia y con el favor de las medidas descabelladas del marido de Carla Bruni, se le ha ido preparando su desembarco sorpresa en el Elíseo. No sabemos exactamente si tiene un programa de mínimos, si esa defensa de la inversión frente al recorte quedará en algo tangible, si la renovada alianza con la Merkel (mientras dure como presidenta, ya que pierde elecciones constantemente desde hace meses) servirá para aliviar algo la presión de los mercados a la ciudadanía europea. De momento, ensayemos bien la pronunciación de Hollande y mientras tanto miremos a Grecia con pasión turca y dudas resultadistas.

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