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Raimundo Fitero

Cosas raras

 

Parece que las últimas jornadas del campeonato de Liga son un tráfico de influencias, de componendas, de mensajitos y de maletines. El fútbol vive en una burbuja económica realmente asombrosa. Los clubes tienen deudas acumuladas que parecen cajas de ahorros de segunda. El egocentrismo de sus presidentes, el dinero fácil de las televisiones, el mercado de traspasos y todo lo que rodea a esta auténtica droga dura de las masas, está a punto de estallar. Seguramente la coyuntura política y económica permitirá que se mantenga el engaño, que no se lleve la ley a sus últimas consecuencias porque seguramente seis millones de parados no provoquen una rebelión social, pero una suspensión de la Liga o el descenso por impagos de varios clubes señeros, podría ser la chispa que hiciera saltar el polvorín del descontento.

Cada final de temporada pasa lo mismo. Se extienden las sospechas. Las aficiones celebran el mantenimiento en la categoría o se vuelven contra sus ídolos si bajan a segunda división. Los insultos que lanzan a los futbolistas son clásicos, les llaman mercenarios, les increpan porque gana mucho dinero. Hay equipos intervenidos, con administradores judiciales y con nóminas muy atrasadas, sin olvidarse de que existen fichas anuales, que no se están pagando. Hasta en los futbolistas hay clases. O quizás es donde más clasismo existe.

Los clubes tienen deudas multimillonarias con Hacienda y con la Seguridad Social. Pero no pasa nada porque dicen que son entidades privadas, y no hay nadie que se atreva a ejecutar ningún embargo que ponga en peligro el equilibrio social que provoca el fútbol. Tanto para los ganadores como para los descendidos. La afición entregada a los equipos es un fenómeno que crece de manera exponencial y que dadas las circunstancias generales, parece el único lugar donde evadirse, donde colocar algo de uno mismo en préstamo emocional con unos colores, un balón, un juego. Pasan cosas raras, sí señor. Pero nadie va a meter mano a este opio tan oportuno para que crezca el desinterés por lo importante. Lo más raro que se vislumbra, no obstante, es un tal de Guindos, al que llaman ministro. ¿De parte de quién está?