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Xabier Silveira | Bertsolaria

Fútbol sí, política no

Dicen que todos los policías de la ciudad estarán hoy destinados al partido. ¿Se habrán unido las fuerzas del orden a la fiesta del «fútbol sí, política no»?

Cuando dar forma de texto a lo que te ronda en la cabeza puede volver a acabar contigo por enésima vez, temes que pueda ser la última. Como al gato con poca memoria, asomar a la repisa del tejado y no saber a ciencia cierta si llevas dos, tres... ¿seis? Y se te quitan las ganas de saltar. Y te cagas. Y reculas. En ese momento aparece el balón de los vecinos atascado en la cañería y la voz de Esperanza Aguirre brota de la antena. Entonces suspendes el partido y tornas a intentar jugar mañana a puerta cerrada.

En boca cerrada no entran moscas, pero buitre no come alpiste. Ni Esperanza Aguirre insectos voladores, pues ella es una lagarta de las de «V» y solo come ratones. Alza el cogote, estira el cuello, abre la boca y los engulle, grrrug. Ella es así. A veces habla, dice cosas, y hasta en ocasiones acierta a hilvanar frases que pudieran tener sentido: «pprroohiibiirr hhiimmnnooorr ppiiitarrr», por ejemplo. Esto lo debió de balbucear el otro día entre ratón y ratón, ya que se come el segundo cuando entre los dientes asoman todavía las patas traseras del primero. Después, luego, más tarde, un periodista de los de la nave nodriza escribiría un artículo, se convertiría la supuesta frase en noticia y, voilà,acabaría con Basagoiti declarando que a él tampoco le gustan los piperpotos con el pollo ni los gritos de «vascos moríos».¡Magia! ¿O será que prefiere matarnos él a todos y quedarse solo?

Sea como fuere, me parece muy fuerte, muy fuerte, muy fuerte. ¡Por dios! Mezclar así el fútbol con la política es de vergüenza ajena. ¿Qué tendrá que ver el fútbol con la política? Es como querer ver la política en la crisis o en la desaparición de una lengua. Un programa de radio ¿También es política? ¿ Y un bertso saio? ¿Es política un partido de pelota, juegue o no juegue Titín? Cualquier día nos vienen diciendo que ir al centro comercial a pasar el sábado es política. O, mejor aún, que los presos de ETA son políticos. Tanta dieta vegetariano-transgénica acabará por hacer estragos.

Aunque es cierto que en esta ocasión la suerte, el azar, la pura casualidad ha querido que vayan a coincidir en torno a la copa de su majestad el Rey de España tres sectores muy separados entre sí, geográficamente hablando. Catalanes del Barça, vascos de Bilbo y madrileños de la Falange. Todo un ejemplo, una clase magistral de cómo afrontar la convivencia entre gentes hermanas. Sin odios ni rencores, con las manos abiertas y el corazón envuelto para regalo, confraternicen hoy todos ellos en la carpilla situada a orillas del Manzanares. Solo una duda me asalta. En los foros de chorizos, cacos, gánsters de barrio y derivados de las pymes de la delincuencia hay centenares de citas para hoy en Madrid. Dicen que todos los policías de la ciudad estarán hoy destinados al partido. ¿Se habrán unido las fuerzas del orden a la fiesta del «fútbol sí, política no»? Sería de aplauso. La política nos separa y el fútbol nos une.

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