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Udate

Bochorno y fresco en una segunda jornada irregular

Segundo día del Bilbao BBK Live y uno de los carteles más atractivos, sobre el cartel, de los tres días, desde el inicio con Zea Mays hasta la conclusión con Triángulo de Amor Bizarro. No obstante, la experiencia musical de la tarde/noche fue variada: decepciones y descubrimientos. Al igual que el primer día, la apariencia es de superar las 30.000 visitas.

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Pablo CABEZA | BILBO

Las noticias del primer día fueron muchas, pero una de ellas, al margen de la música, es que el espacio destinado a cámping había quedado desbordado al poco tiempo de su apertura. Revisado el panorama a primera hora de la tarde, el verbo desbordar no recoge la situación, ya que los campistas han tenido que ingeniar no menos de siete u ocho campamentos diferentes, realmente impresiona. Laderas, cemento, atalayas, senderos, zonas de zarzas, cunetas..., todo ha servido, y continúa sirviendo puesto que siguen llegando aficionados, para que los miles y miles de mochileros tengan un pedazo de tierra o algo que se le asemeje. De otra parte, y aunque solo sea por caridad, para el siguiente año que el Ayuntamiento se apunte un gasto en saneamientos, ya que el recinto oficial de cámping, entre árboles, aprisiona un hedor a orines que resulta insoportable. Los campistas, con todo, se lo toman con humor.

Los mánagers y los grupos están repletos de singularidades. A las 18.00 toca Zea Mays. En la hoja de ruta pone que sólo fotos en las tres últimas canciones. El mánager decide que sea a las 18.35. Entran al foso los de las fotos, la banda se despide: «Agur», suelta Aiora. Y los espejos de las cámaras se encabritan. Todos a tic tac a toda pastilla. Por suerte el agur conlleva tocar el extraordinario tema que dedicaron a Kukutxa y que dura lo suyo. Cada canción de su bolo, no obstante, ha sido un hit o un merecimiento arrancado a la historia para merecersse estar en un escenario y en un lugar tan estimable, aunque quepa pensar que el mismo mérito tenga un concierto a ras de tierra para diez personas. La actuación es perfecta, dinámica, con la bandera de Kukutxa sobre la batería y con un final de clip: Iñaki arrojándole la guitarra a Asier, el batería, que la recoge en un último instante. Emocionante el set y final sobrecogedor.

De paso hacia el escenario de Zea Mays hemos visto unas canciones de los mexicanos Zoé. Se apuntaba que tocaban space rock. El space lo puso el espacio de Kobetamendi y el rock ellos. Vamos, que todo quedó en un zigzagueante indie rock..

En escena está Noah & the Whale. Visten de traje bien pulido, van de guapos y lo parecen. Es una buena apuesta. El escenario dos está completo. Melodías de gasa, sonido electro acústico, momentos épicos con los juegos de voces y un estilo próximo al neo-folk.

Lo que no ignoran un par de miles de asistentes es que tras el desconocido nombre de Warpaint se encuentra una de las apuestas más sugerentes de la programación del día, Warpaint. Situadas en el escenario 3 y en paralelo a Noah & the Whale, las chicas de Los Ángeles trabajan sobre bases clásicas de pop o rock, pero transformando el sencillo fondo en piezas con apariencia de rock experimental. Buenas armonías vocales, sonido muy presente de bajo y una guitarra y voz, Emily Kokal, cautivadora.

Retomando el asunto de los mánagers y las decisiones de los músicos respecto al derecho de los periodistas gráficos a informar, Munford & Son, una de las propuestas más esperadas de los tres días, deciden que nadie les haga fotos. Nadie salvo los miles de aficionados que desde sus móviles y cámaras compactas no cesan en su clic.

Munford & Son

Marcus Mumford, con chaleco y corbata, dirige esta banda de corte musical similar al de Noah & the Wale. Acústicas, contrabajo, banjo, mandolina, acordeón... repasan su primer disco y el puñado de singles editados a lo largo de tres años. Van tranquilos y cumpliendo expectativas, aunque por momentos desfallezca la intensidad hasta llegar al posible tedio, la reiteración y lo plasta.

A la misma hora, Here We Go Magic ofrecen pecados rockeros a su millar de seguidores. Van fieros, una puñalada de rock espesa y cruda. The Kooks son evidentes. La típica formación que suena muy bien y que olvidas al día siguiente. Armonizan voces a lo sesenta. Para picotear son excelentes. Nada de grandes sorbos. Caña y sinceridad están dando We Are Agustines. Vestidos como llegaron y con el acelerador atascado en el fondo. Puro realismo. Gracias.

Continúa el viento. De los 30 grados y bochorno de las primeras horas se está pasando al fresco de una tarde/noche que parece no pueda aguantar por mucho tiempo la espesura de nubes. Arriba todas las gamas de grises, abajo toda la variedad posible de sudaderas. El ordenador se cierra, pero aún queda mucha noche y... Radiohead.

APERTURA Y CIERRE

La organización cifró en nada menos que 36.842 personas el número de asistentes a la primera jornada del festival. Mañana, el día en el que se clausura, los cabezas de cartel son Keane y Garbage, que saltaran al escenario a las 22.25 y 00.20, respectivamente.

BORRACHERAS

«De seis de la tarde hasta las ocho se está bien. Pero a partir de esta hora no hay más que tíos mamados, así que si te piden el teléfono o el mail, ten cuidado que te vomitan», de una chica a su amiga a la entrada del festival. Se bebe, cierto, y mucho, pero tampoco es eso.

EL RETO

Al cierre de esta crónica, (22.00) las nubes vuelan más que se desplazan, como durante toda la tarde. Quizá esto no termine en un trágico barrizal, preocupación del día. No obstante, en la carpa de prensa la pregunta era más prosaica: ¿Tendrá Garbage capacidad de convocatoria o hundirán el festival?

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