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Maite SOROA | msoroa@gara.net

Caminan hacia su ruina hablando latín

Mientras en Europa no encuentran grúa suficientemente grande para levantar al Estado español, y en Madrid quien más quien menos empieza a pensar en coger las maletas y pirarse a las Islas Salomón, hay quien aprovecha el viaje para sacar a paseo sus fobias. Como Pascual Tamburri, que puestos a recortar, enseguida ha visto dónde dar el hachazo. El titular de su columna en «Elsemanaldigital.com» era explícito: «Recortar sin molestar: euskera, 2.000 millones para empezar». Luego, en la entradilla, señalaba que «las comunidades nacionalistas gastan miles de millones en promover lenguas minoritarias. Sus sueños no avanzan, pero los pagamos entre todos los españoles». A servidora se le ocurre alguna otra cosa que merecería la pena recortar, y no se trata de dinero. Dicho esto, el profesor Tamburri tira de ese discurso rancio, en blanco y negro, que una creía desterrado. Así, primero afirma que «el euskera, en ninguno de sus dialectos o en su versión sabiniana, jamás ha sido la lengua de todos los vascos (ni por supuesto de los navarros)», para a continuación sostener que «a día de hoy, y con la excepción de las comarcas rurales que han llegado por sí mismas al bilingüismo con gran número de vascoparlantes nativos, el vascuence es un idioma artificialmente mantenido y que no se extiende por más que se gaste en él». Para artificialmente mantenidos, algunos columnistas de la derechona, que se quedarán sin paga en cuanto este país les mande a paseo. Esperemos que pronto.

Para acabar el disparate, Tamburri perpetra un párrafo antológico: «¿Queremos recortar? Ya que no hay necesidad alguna de imponer el vascuence en un país donde cualquier puesto puede ser desempeñado en castellano, si hay libertad para ello, aquí tenemos un estupendo lugar para recortar. Recortemos, y no sólo tendremos que sacrificarnos menos sino que habrá vascos y navarros más libres. Y cuando nos sobre dinero ya nos lo gastaremos en latín, que enriquece el espíritu y no enriquece a los enchufados». Ese es su futuro, un Estado en la mayor de las ruinas en el que sus habitantes se desenvuelvan bien en latín. Afortunadamente, el nuestro va a ser muy diferente.

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