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Mikel INSAUSTI I Crítico cinematográfico

¿Cuánto cuesta una entrada de cine?

 

Cuando Groucho Marx preguntó por el precio del viaje en tren al Oeste que no podía pagar, acabó por meterse con el hombre que despachaba los billetes detrás de la ventanilla, diciéndole con sorna: «No me extraña que esté tras las rejas». Pero la escena ha cambiado en el mundo real de nuestros días, y ahora va a tener lugar ante la taquilla de un cine, donde el vendedor de entradas habrá de enfrentarse a los pocos espectadores que allí acudan, contrariados por una subida más que alarmante e inevitable.

No me dejan de sorprender los estudios que se publican a diario sobre el efecto negativo que tendrá en el sector de la exhibición cinematográfica el incremento del IVA, como si hicieran falta prospecciones de mercado para darse cuenta de que el Gobierno español quiere cargarse un negocio que necesita, por su propia crisis interna, medidas proteccionistas.

Como los tiempos no están para ayudas a la Cultura, y menos a una industria del cine debilitada por el acceso directo a otros canales mediáticos, urge tomar medidas en sentido contrario, con tal de precipitar su total desintegración. ¡Y problema que me quito!

Ser pobre no es algo vergonzoso, lo malo es ser pobre e ignorante. Al sur de Europa no parece haber otra perspectiva posible, porque los de la España salvaje nos quieren poner a la cola del número de espectadores, a diferencia del resto de administraciones que en el viejo continente se preocupan por que sus ciudadanos sigan disfrutando del cine a precios razonables y asequibles para la mayoría de los bolsillos.

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