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Crnica | conflicto armado en Siria

Un hijo soldado y otro en el ELS, una realidad habitual

Oum Yasser se seca las lágrimas con un pañuelo tan pronto como le brotan. Con un hijo en cada lado del frente, esta madre de familia ha vivido durante largos meses sumida en la angustia y el sufrimiento que ha generado el conflicto en Siria.

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Dominique SOGUEL Afp

«Tenemos un hijo en las filas del Ejército del presidente Bashar al-Assad y otro en el Ejército Libre Sirio (ELS)», explica su marido, Tayssir.

Ni él ni su esposa tienen tampoco noticias de su tercer hijo, Mohammed, de 26 años y estudiante de Literatura Árabe, desde que se fue para hacer el servicio militar pocas semanas después del inicio de las protestas, en marzo de 2011.

Subraya que tanto él como todos los hombres de su familia consideraban el servicio militar como un deber nacional, como un orgullo patrio. Esa percepción cambió cuando los cañones del Ejército comenzaron a disparar contra su propio pueblo. Sin embargo, denuncia, muchos de esos jóvenes soldados se ven atrapados en un servicio militar que puede prolongarse durante 18 meses o, incluso, indefinidamente.

«Mohammed está obligado a quedarse en el Ejército. Si deserta, muere. Hay cientos de barricadas en las carreteras y él solo tiene su carné de identidad», explica Tayssir.

La esposa de Mohammed vive en un vilo, añade. Tras sufrir un aborto provocado por el estrés, ha regresado junto a su familia.

Las noticias que reciben de él son escasas porque las líneas telefónicas no funcionan regularmente en su pequeño pueblo, situado al norte de Alepo. La última vez que supieron algo de él fue hace un hace mes y medio.

Pero, en esas infrecuentes y anheladas conversaciones, Mohammed se limita a hablar del tiempo con su padre, mientras que con su madre rompe a llorar embargado por la emoción.

Um Yasser teme lo peor. Se imagina a su hijo muerto en una emboscada tendida por grupos rebeldes o torturado hasta la muerte por fieles al régimen en caso de que decida dejar el Ejército.

La ansiedad también se apodera de ella al pensar en su otro hijo, Anis, un estudiante de 23 años que se unió a las filas del ELS hace tres meses. «Tengo mucho miedo de que mueran. Ambos representan las dos caras de un pueblo enfrentado entre sí», se lamenta.

«Es difícil», subraya mientras suspira. «Es difícil», incluso, si pudiera volver a reunir a sus cuatro hijas y tres hijos, insiste.

Para Tayssir, la decisión de Anis responde a la lógica de las circunstancias por las que está atravesando el país. «Estamos viviendo masacres, matanzas. Anis decidió defender y honrar a nuestra tierra antes de que vengan otros a hacerlo».

La provincia de Alepo y su capital homónima vivieron una relativa calma al comienzo de la crisis. Una calma que con los meses dio paso a atentados del ELS y a la ofensiva del Ejército.

Tayssir y Umm Yasir, que ocultan su verdadera identidad por motivos de seguridad, no son los únicos en tener a sus hijos en bandos completamente opuestos. En su pueblo, al menos una docena de familias tienen a un hijo en cada lado del conflicto. «Es una tragedia terriblemente habitual», comenta Abu Mahmoud.

Muchos combatientes hacen todo lo que está en sus manos para ayudar a sus familiares a desertar del Ejército. Yahya, de 19 años, desertó hace un mes. Ahora intenta que su hermano haga lo mismo. Reconoce que no es tarea fácil. Él está en la otra punta del país y los oficiales no les dejan ni a sol ni sombra.

Además de la tragedia familia, Tayssir y Umm Yasir deben luchar para sobrevivir. Sus cultivos de berenjenas y tomates se marchitan por falta de dinero para pagar el carburante que necesita el sistema de riego. Sus otros hijos que trabajan en Alepo tampoco pueden ayudarles.

Pese a esta precaria situación, acogen a seis familias en un edificio de hormigón sin terminar de construir situado cerca de su casa y han acondicionado dos cabañas para familiares y amigos obligados a huir de sus hogares por la violencia. Tayssir ni siquiera se atreve a ir a Alepo capital por temor a ser tiroteado en algún puesto de control por tener a un hijo en el ELS. «Todos nosotros, independientemente del bando, defendemos nuestra patria», sentencia.

A su lado, Um Yaseer aguarda la llegada de sus hijos. «Están en manos de Dios», exclama.

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