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Floren Aoiz www.elomendia.com

Huelga general, una inversión de futuro

La huelga general es un instrumento de acción compartido que no excluye otros. Habrá que ensayar más fórmulas, pero ahora lo que toca es salir a la calle

La gente sin recursos no invierte dinero, obviamente, pero sí cosas mucho más importantes, como tiempo, esfuerzos, ilusiones, sacrificios, riesgos... todo eso también es invertir y sin ello es imposible progresar.

Eso que se ha dado en llamar estado del bienestar obedece a una lógica histórica determinada, incomprensible sin las luchas obreras. Sin la revolución rusa de 1917, sin los espartaquistas, sin los intentos revolucionarios y la organización de las fuerzas populares, sin los combates realizados, el mundo sería muy diferente. Todo lo que ahora quieren echar por la borda se conquistó con sangre y sufrimiento. No fue un bienintencionado regalo de las clases dominantes, sino algo impuesto por los sectores combativos, a la vez que una respuesta en clave de compra de la «paz social».

Ahora, en unos nuevos parámetros internacionales, el capital busca también otros espacios de ganancia e impone nuevas reglas del juego en las que el estado del bienestar no tiene sentido. No estamos ante pequeñas escaramuzas para dar algunos repasos al modelo, sino ante procesos que pretenden crear escenarios nuevos de explotación.

Queda atrás lo que algunos han llamado «capitalismo embridado». Se han ido imponiendo otras matrices económicas, políticas e ideológicas que han traído consigo importantes cambios sociales. Como dicen Duménil y Lévy, «además de sus métodos específicos que la definen como neoliberalismo, la nueva fase del capitalismo debe interpretarse con referencia a sus objetivos: restituir el poder y los ingresos de las clases dominantes».

Sería un grave error interpretar que los cambios son coyunturales. Sería caer en la trampa de la doctrina del shock, según la cual se trata de grandes cambios forzados por un estado de necesidad al que no puede responderse de otro modo. Tal cosa no es cierta. De hecho, la crisis que sufrimos es consecuencia de la agenda neoliberal. Por ello, constituye una desfachatez suprema que los responsables del desastre se postulen como los únicos que pueden sacarnos de él. En este panorama, los sectores populares deben preguntarse qué hacer, desde la convicción de que, sea cual sea el balance final de la resistencia ante lo que ya se nos ha venido encima, la pasividad sería suicida. Digo resistencia, pero en Euskal Herria, dada la fortaleza ideológica y política de los sectores populares, puede y debe plantearse mucho más que resistir.

Eso se llama estrategia para el cambio social, y las fuerzas populares vascas la tienen, a la medida de lo que significa en el siglo XXI una estrategia, que no es un mapa marcado en un GPS, sino una guía de objetivos claros, una determinación de esforzarse por lograrlos por dura que sea la lucha, compromiso con la suma de fuerzas, un esquema correcto de formas de actuación y, sobre todo, inteligencia colectiva para encontrar las respuestas adecuadas a las preguntas que surgirán en un camino que no está escrito.

La huelga general es un instrumento de acción compartido que no excluye otros. Habrá que ensayar más fórmulas, pero ahora lo que toca es salir a la calle, invertir por un futuro diferente del que nos quieren imponer.

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