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Mikel INSAUSTI CrŪtico cinematogrŠfico

Castigados sin cine

Qué engañado debo estar para creerme, ingenuo de mí, que durante el año veo buen cine. Menos mal que los columnistas y contertulios, que saben de todo y opinan de todo, aprovechan lo que dura Zinemaldia para abrirnos los ojos a la crítica especializada, que de tan especializados no vemos más allá de nuestras narices.

Gracias al efecto benefactor del intrusismo, me he enterado por una de esas columnas festivaleras de que solo se pueden ver buenas películas en Donostia, y del 21 de setiembre al 29. Estoy muy agradecido por la información, y pienso tomar cumplida nota.

Ha llegado la hora de dejar mi trabajo, no queda otra. Para qué voy a ir a las sesiones comerciales, si no me gustan las palomitas y no hay nada que ver en las pantallas malvendidas al dólar. También tendrán que cerrar los Trueba en Donostia, los Yamaguchi en Iruñea o los Multicines en Bilbo. Porque según el revelador artículo, durante el resto del año no se programa nada en versión original subtitulada.

Pero qué ilusos somos todos los que luchamos a diario para que el cine siga vivo, a pesar de los recortes y de la política anticultural del PP. Lo malo es que no sé qué demontres voy a hacer ahora, cuando todavía quedan once meses de travesía del desierto cinematográfico. En fin, me tendré que colar, con permiso de José Luis Rebordinos, en las proyecciones privadas del comité de selección.

Ya, hablando en serio, sí admito que es mejor ver las películas en versión original dentro de Zinemaldia, porque luego muchas de ellas se estrenan dobladas. Pero siempre merecerá la pena verlas, aunque que sea con unos días o semanas de retraso.