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Dalian, una ciudad «japonesa» en China a pesar de las heridas dejadas por la historia

El sol rojo de la bandera japonesa y las cinco estrellas amarillas de la enseña china ondean en el cielo de Dalian: en esta gran ciudad portuaria del noreste de China no se olvidan los crímenes del Japón imperial, pero saben también que les deben trabajo y prosperidad.

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La ciudad fue la única que protegió un consulado japonés de las manifestaciones antijaponesas que recorrieron China a mediados de setiembre cuando la disputa que mantienen ambos países en torno a la soberanía del archipiélago Senkaku/Diaoyu alcanzó un nivel crítico después de que Tokio comprara dos de las islas a un propietario privado japonés.

En Dalian, la ocupación japonesa duró cuarenta años -hasta el final de la guerra en 1945-, más que en cualquier otro lugar de la China continental. Y, sin embargo, los sentimientos de la mayoría china hacia Japón están hoy lejos de ser hostiles.

«Debemos recordar la `humillación nacional'», explica Li Zhengzai, gerente de un restaurante de comida japonesa, en referencia a la ocupación. «Pero no debe afectar a las generaciones futuras», agrega.

Antiguo bastión de la industria pesada del Estado abandonado al óxido después de las reformas económicas de la década de los 80, Dalian se enorgullece de acoger a varias decenas de las más grandes empresas del mundo, después de haber hecho una apuesta por las tecnologías de la información y la externalización.

Japón es con mucho el principal responsable del éxito logrado por esta ciudad de seis millones de habitantes, llamada a veces la «Bangalore china», que acoge el Foro de Verano Davos cada dos años.

Ante las inversiones japonesas, los chinos de Dalian se muestran agradecidos. «Es absurdo decir que no vale trabajar para las empresas japonesas o ganar dinero japonés» a consecuencia del pasado, asegura Gem Wang del parque tecnológico Dalian Software Park (DLSP), donde cerca de la mitad de las 200 empresas extranjeras son japonesas.

Canon, Toshiba, Mitsubishi, Panasonic y muchos otras compañías emplean a cientos de personas en esta ciudad portuaria.

«Los habitantes de Dalian son quizá más razonables (que en otras partes de China) por un montón de razones, como son la relación histórica, el contacto con los japoneses y una comunicación más fácil con ellos», afirma Wang Gem. «Muchos hablan japonés y tienen amigos japoneses», dice.

La Universidad de Lenguas Extranjeras de Dalian abrió sus puertas en 1964. Este centro se dedicó a la enseñanza del japonés, algunas de cuyas palabras se han integrado en el dialecto local.

Comercio crucial

Para Rana Mitter, especialista de relaciones sino-japonesa en la Universidad de Oxford, «el comercio con Japón ha sido crucial en la construcción de Dalian a partir de los años 80» y las autoridades locales han querido evitar absolutamente manifestaciones en contra de Japón como las que han tenido lugar en el resto del país.

Japón está asociado a la historia de Dalian desde que los chinos denunciaron una «masacre» de civiles en Port Arthur, cometida en en noviembre de 1894 durante la primera guerra sino-japonesa. Port Arthur, que ahora se llama Lushunkou, es parte de Dalian.

Durante once años, japoneses y rusos se disputaron este puerto -estratégico, ya que es el único en la región que no se congela durante el invierno- antes de que Moscú se lo cediera a Tokio al término de la guerra ruso-japonesa.

Después Japón lo convirtió en una plataforma comercial y en un laboratorio de la colonización en el noreste de China, donde en 1931 estableció su Estado-títere de Mandchoukouo (Manchuria, en japonés).

Ocho décadas más tarde, Zhou Qi, de 30 años, resume brevemente la filosofía de los chinos de Dalian: «Hay japoneses buenos y malos».

Una ambivalencia que se encuentra en la propia estructura de la ciudad, entre las casas de estilo colonial de la «Calle de Japón» y la prisión ruso-japonesa transformada en museo con el fin de exponer, según su página de internet, la naturaleza «bárbara y cruel» del imperialismo.

Otra paradoja más, Dalian es el puerto de amarre del primer portaaviones chino que encarna las ambiciones navales de Pekín y su determinación de reafirmar su soberanía, entre otros lugares, sobre las islas en disputa con Tokio.

 

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