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La dieta sanferminera, entre operación bikini y operación vikingo

En sanfermines no todo es beber. También hay que «hacer base» para aguantar la ingesta alcohólica. Algunas comilonas toman tal calibre que se han ganado un hueco en el programa popular. Aquí van las claves de algunas de ellas.

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Zato BEA

Por ironías del destino, la presidenta navarra es catedrática en Nutrición. Probablemente pasará a la historia por las dietas de CAN o, al menos, parece que pasará por el Supremo. Siempre que el abogado de Silvio Berlusconi no lo impida. Yolanda Barcina también tiene cátedra en Bromatología (que no tiene que ver con sus chistes sobre alicatadores, sino con las alergias). Barcina este año se ha saltado su dieta sanferminera. Ella come el día 7 en la plaza San José, junto a la catedral. Este año dejó el asiento libre en la larga mesada. Poco antes le había caído un chorreo descomunal cuando se asomaba al balcón a ver la jotica al santo. Al final, se aseguró de no atragantar la comida al resto de comensales y se ausentó de su cita en San José. A la hora del café, presidía la larguísima mesada la vicepresidenta Lourdes Goicoechea.

Los iruindarras no se preocupan demasiado por mantener la figura durante las fiestas. El menú sanferminero es grasiento, pesado y muy rico, salvo honrosas excepciones. No hay ninguna norma básica, aunque se tiende al primitivismo, con el huevo como elemento nutricional fundamental. El jamón y el lomo funcionan como segundos de abordo durante el día, aunque se vuelven hegemónicos en cuanto cae la noche. El langostino bumerán se convierte en el ave más común entre el tendido de sol del coso iruindarra. Hay quien dice que ha llegado a matar gorriones de un langostinazo.

Lo que hace jatorra a un almuerzo o una comida es que se deguste plantando una mesa en la calle y que se deje una silla libre para agasajar a los transeúntes. Después de eso, uno es libre de hacer trampas, como el responsable de LAB en Nafarroa, Igor Arroyo.

Se puso en plan casta en la placica del Consejo, pero luego optó por el menú del mínimo esfuerzo: pidió chino. «No jodas, cabrón. Esto no lo cuentes en GARA», rogó sin éxito mientras vertía la salsa agridulce sobre un rollito de primavera.

En el área de Gora Iruñea han entendido bien la apuesta por una alimentación hipercalórica. Los mañaneros tienen hoy feria artesana con degustación de vinos y el 13 habrá chocolatada y migas. Parece imposible que alguien pueda catar las dos, pero si seguimos fielmente la pantagruélica dieta sanferminera es posible, porque San Fermín también echa un capote a los tragaldabas y regala estómagos-hormigonera para aguantar las fiestas. Después de chocolate y migas, habrá comida popular.

«Hemos preparado txakas y tortillas de patata y no está saliendo ni una», comentaba un donostiarra en paro que ha reabierto un bar solo para estas fiestas. «Aquí la gente solo come fritos», apuntó. Un bar sin freidora fracasa a la hora del pintxo. El frito es la uña y el marianito, la carne. Algunos bares intentan refinarlo con un aire japonés llamándole «tempura». No tiene ningún sentido. Los japoneses empezaron a hacer tempuras cuando el navarro San Francisco Javier llegó en un barco portugués y les enseñó a hacer fritos allá por el siglo XVI.

El concepto que se halla detrás de cualquier menú sanferminero es el de «hacer base». Se trata de un concepto dietético de origen principalmente paterno o materno: «Come bien porque luego vas a beber». Sin negar la intrínseca relación entre la comida y la bebida, llenar el buche suele ser la excusa para empezar a vinos antes. Y, por mucho que se engulla, no existe garantía ninguna de no acabar rendido ante la melopea. Aun así, un lamparón de yema en la camiseta hace las veces de medalla que distingue al sanferminero de pro, por encima del manchurrón de tintorro que solo los guiris se hacen sin pasar por el tendido de sol.

Por cierto, no existe ninguna comida típica de San Fermín, más allá de los churros de la Mañueta. Cadenas de bollería están intentando sacar adelante un hojaldre bautizado como «el pañuelico». Puro merchandising. Eso es más reciente que el Burger King de Mercaderes. Si acaso, una comida propia de los sanfermines es la fritanga de turbio origen, esa de los puestillos clandestinos. El completo: morcilla, salchicha y panceta es un auténtico manjar.

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