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Maite Soroa | msoroa@gara.net

Partidos tóxicos

Como en época estival también los columnistas de postín cogen vacaciones y los temas escasean -el chicle de Gibraltar lo están alargando más de la cuenta y al final Cameron se va a cabrear-, hoy traemos a esta lupa una firma poco habitual pero de sobra conocida, Andres Aberasturi, que suele escribir en «Estrelladigital». En su última pieza hace balance de la situación política infraebriana, y comienza con un repaso de las últimas décadas. Espectacular el paisaje que presenta. Lean, lean: «En apenas ese puñado de años que para la gran Historia van de 1978 al 2013, no nos hemos privado de nada: la renuncia del presidente que trajo la democracia abandonado por todos, un intento patético de golpe de estado, espionajes `aleatorios' del Rey abajo todos, huelgas generales en cada gobierno, corrupciones de todo tipo, a elegir, directores de la Guardia Civil que parecían sacados de la serie `Torrente', fondos reservados que se repartían los que los reservaban, participaciones en guerras en las que no teníamos que participar, indignados que acampaban en la plaza, pelotazos económicos y de goma, promesas incumplidas, desencantos garantizados, ejecutivos paritarios que parecían nombraban más para la foto que para el buen gobierno, intentos de secesión, cacerías de elefantes, bancos en quiebra, jueces juzgados, trileros de sociedades interpuestas, cuñadísimos, yernísimos, hemanísimos ¡yo qué sé! Y lo peor sin duda: la guerra sucia y además equivocada con el incomprensible apoyo de muchos a los que habían sido condenados como responsables». Marca España le llaman.

Después del evocador repaso, el madrileño se pregunta: «¿Cómo reprochar nada el PSOE al PP y el PP al PSOE? Todos los que están ahora estuvieron cuando entonces y todos los pasados pesan como losas de silencio y vergüenza». Es decir, que son las dos caras (duras) de la moneda. Ante este panorama, cree que «la pregunta es cómo darle la vuelta al sistema para que las citas dejen de ser armas arrojadizas. Hemos hablado tanto y tantas veces del rearme moral, de la regeneración de la democracia, de la urgente transparencia real de los partidos y sus adláteres que uno ya no tiene ni respuestas. Pero es urgente que los partidos dejen ser tóxicos y dejen de contaminar todo lo que tocan». Pues como no haga las maletas lo lleva claro. Porque tóxico es el sistema, todo él.

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