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UDATE | CRíTICA, Quincena musical

Salvados por la Traviata

Mikel CHAMIZO

Ya avisó Desirée Rancatore que su Violetta era más belcantista que verista. La italiana, conocida por su impagable solvencia en el repertorio para soprano ligera, se enfrentaba con esta Traviata a un personaje que requiere otro peso vocal y que, visto lo visto, se adapta a su voz en algunos pasajes mejor que en otros. Afortunadamente no fue impedimento para que Rancatore realizara un acercamiento muy valioso al personaje, que todavía es nuevo para ella. En su clara puesta por la musicalidad, por dibujar cada dinámica y detallar cada frase buscando siempre la más bella línea de canto, tuvo un rendimiento casi impecable, con destellos maravillosos y algún pequeño tropezón que pareció más bien un despiste. Se esperaba de ella un primer acto magnífico, que se quedó en notable, y un segundo más discreto que terminó por concentrar lo mejor de su actuación, intensa, dramática, pero siempre flexible y elegante. No se puede decir lo mismo de los Alfredo y Germont que la acompañaron, José Bros y Ángel Ódena, que pusieron la quinta marcha a sus instrumentos privilegiados desde el principio al final de la ópera. La entrada de Ódena, prácticamente gritando, en el gabinete de Violetta, fue de una ferocidad innecesaria y fuera de tono que se mantuvo durante toda su actuación. Bros también se inclinó por el volumen y la bravura, perfecta para el segundo acto pero fatal para la ternura e intimidad del tercero, en el que él y Ódena parecían dos moiras imprecándole a Rancatore para que se muriera cuanto antes.

Si musicalmente la velada fue irregular, con un Pietro Rizzo que no pareció encontrarse del todo cómodo en el foso, escénicamente fue de un gris oscuro deprimente. La idea de Susana Gómez de meter a Violetta en una jaula de cristal no solo es manida y previsible, fue solventada con simpleza, rutina, una dirección de actores inexistente y momentos rayantes en el ridículo en los movimientos del coro. Una pena, dado el apoyo que brinda la Quicena a los jóvenes directores de escena, encontrarse con un producto tan avejentado.

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