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MAÑANA, 200 AÑOS de la quema y saqueo de donostia | iÑAKI EGAÑA, Historiador

«Donostia fue exterminio civil cuando aún solo se mataban los combatientes»

Un día como mañana de hace 200 años, Donostia desapareció del mapa literalmente, quemada y saqueada. Fue una de las mayores matanzas de civiles fuera del campo de batalla. Hoy día todavía muchos donostiarras ni siquiera saben qué fueron los «libertadores» ingleses los autores, con la sombra latente de una posible venganza española contra la «traidora» Gipuzkoa. Iñaki Egaña ha publicado dos libros sobre el tema: ‘‘Donostia 1813’’ (Txertoa) y ‘‘Txikizio baten kronika laburra’’ (Erein). Y la verdad late en 79 dramáticos testimonios.

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Ramón SOLA | DONOSTIA

En las «celebraciones» de hace un siglo y hace 50 años se ve un desenfoque terrible de lo ocurrido en 1813. Otro tanto ocurrió durante mucho tiempo con la batalla de Orreaga, 1512, Gernika... ¿Tan difícil es saber la historia real de Euskal Herria?

En el caso de 1813 hay una mentira inicial. Cuando los habitantes de Donostia son pasados a cuchillo y todas las mujeres violadas -de niñas a ancianas-, el duque de Wellington niega la responsabilidad y asegura que han sido los franceses. Luego, en otra carta lo viene a asumir, pero dice que son «daños colaterales». Por otro lado, hablamos de una época en la que lo que importa es lo militar, la honra, y no lo que ha pasado con los civiles. Sin embargo, ocurre que en el caso de Donostia esos «daños colaterales» son tremendos: las muertes, las violaciones, la quema casi total de la ciudad, un saqueo que no dura días sino casi dos años, una mortandad tremenda en el invierno posterior... El Ayuntamiento y el cronista de la ciudad pusieron mucho afán en que se supiera la verdad, incluso se mandaron cónsules a Francia e Inglaterra, pero...

Luego llegó el franquismo y reforzó el predominio de la lectura militar de lo ocurrido. En el aniversario de 1963, Donostia conoció su mayor parada militar, con un desfile de los ejércitos británico, francés, portugués y español. En estos dos últimos años se ha intentado dar otra visión, la de las víctimas. Existía material, porque ahí están los 79 testimonios recabados por el juez entonces, testimonios desgarradores pero olvidados por la historiografía española.

Aquella masacre, ¿fue solo cuestión de mala suerte, de que Donostia quedara atrapada en un conflicto entre grandes potencias de la época como Inglaterra, Francia y España? Usted sostiene la tesis de una venganza por la actitud de Donostia durante la Guerra de la Convención, 20 años antes...

No es una tesis nueva, pero ahora va cobrando más relevancia. La Guerra de la Convención se produce cuando España y otros reinos europeos declaran la guerra a Francia, porque temen los efectos de una revolución en la que se ha guillotinado a Luis XVI. Sabemos que las Juntas de Gipuzkoa, reunidas en Getaria, deciden abrir la puerta a Francia con condiciones (aunque el Estado francés no lo acepta e incluso detiene a todos los juntakides...) El caso es que eso crea un malestar enorme a España, que pasa a considerar a Gipuzkoa como traidora. Manuel Godoy [primer ministro de Carlos IV] lo escribirá en sus memorias y abrirá una ofensiva contra los fueros. Y el general Francisco Javier Castaños amenazará con pasar a todos los donostiarras a cuchillo. Hay un dato muy significativo: tras el primer ataque fracasado de julio de 1832 son hechos prisioneros unos 300 británicos heridos. Los franceses los guardan en la iglesia de San Vicente, donde son atendidos por familias donostiarras, y allí algunos de esos ingleses y portugueses ya avisan de lo que puede venir. Explican que el general Castaños, jefe del Ejército del Norte entonces, una especie de Mola de 1936, les ha dicho que hay que tomar la ciudad y pasar a todos sus habitantes a cuchillo.

La ocupación francesa solo duró cinco años, pero sorprende su volumen...

Probablemente es el pasaje más increíble que ha ocurrido aquí hasta ese momento histórico. Ver pasar un contingente de 250.000 personas, durante semanas, por las fronteras de Gipuzkoa y Nafarroa tiene que ser algo impresionante. Todo eso conlleva saqueo, porque se aprovisionan, y también violaciones y otros desmanes. Van a ocupar Portugal, pero luego se desvían hacia Madrid y Barcelona. Donostia queda como una ciudad secundaria: en realidad solo mantienen allí esos años unos 300 soldados. ¿Qué sucede? Que en junio de 1813, cuando los franceses ya se están replegando, ocurre la derrota de Gasteiz y se produce una desbandada terrible. Hay que recordar que allí escapa por los pelos Josep Bonaparte, que había sido rey de España esos años. Entonces, en Donostia se refugian unos 3.500 soldados franceses. Son todos muy jóvenes, de 16 a 20 años, por lo que se ha visto en los desenterramientos de Astigarraga, Zarautz, Donostia... Los más veteranos habían sido enviados por Napoleón a Rusia. Los británicos llegan detrás y son algunos más, 4.000-5.000.

¿Cómo había sido la posición de los donostiarras ante la ocupación francesa?

Algún historiador dice que encontró documentos sobre bailes y fiestas, pero la mayor parte de documentos y de testigos indica que la ocupación no fue bien aceptada por la mayoría de la población. Por lo que ocurrió en Gasteiz en esas fechas, sabemos que el número de hijos naturales aumenta mucho esos años, bien por relaciones consentidas o no consentidas. Y una ciudad que tiene que alimentar a esos soldados, pagarles impuestos... no puede estar cómoda. Por lo demás, Donostia no tiene la importancia de Bilbo, Iruñea o Baiona, ni militar ni económica, por lo que no se entiende tal ensañamiento posterior. En caso de preverse un castigo de este tipo, hubiera sido en Iruñea o en Baiona, que de hecho aguantó más incluso que París en el asedio posterior.

Así que los ingleses fueron recibidos como libertadores, pero...

El 25 de julio se produce el primer ataque, que fracasa. Donostia es entonces una ciudad casi inexpugnable. Con marea alta, lo que hoy son la Parte Vieja y el castillo quedan totalmente aislados, solo sobresale un pasillo de arena para llegar al barrio de San Martín. Los ingleses la llaman «La Roca». Es una ciudad militarizada desde siempre, con toque de queda y unas murallas que hoy no podemos ni imaginar, de diez metros de ancho y quince de alto. Sin embargo, los británicos logran abrir la brecha y ahí empieza el desastre. Hay detalles significativos, como que en el saqueo de Gasteiz toma parte la oficialidad, pero en el de Donostia es la soldadesca.

Por el grado de destrucción y el número de muertes, ¿se puede comparar con la masacre posterior de Gernika?

En porcentaje, los muertos son muchos más en Donostia, no solo en las primeras horas sino en el invierno posterior. El Ayuntamiento de Donostia sacaría dos manifiestos en enero y marzo de 1814 en los que compararía esa matanza con la de Moscú y afirmaría incluso que la Humanidad nunca había conocido una catástrofe semejante. Hay que recordar además que entonces los que luchaban eran los contendientes; el resto de la gente miraba desde los montes cercanos. Las muertes masivas de civiles comenzaron con la Primera Guerra Mundial y luego con la Guerra Civil española. Donostia ocurrió mucho antes, fue uno de los casos más llamativos de exterminio civil en la Europa del siglo XIX. Y sorprende también que cuando se detiene a los combatientes franceses en el castillo, unos pocos días después, no hay tanto ensañamiento con ellos, incluso algunos quedan libres.

Muchas víctimas y, ¿sobre todo mujeres?

Seguramente sí, aunque es muy difícil encontrar sus nombres. Había un nivel muy alto de religiosidad y quedar mancillada por las violaciones era un estigma para toda la vida. Lo mismo ocurriría en la guerra del 36, con violaciones masivas en Zornotza, Irun... de las que no hay un solo documento escrito. Uno de los grandes logros de la investigación en estos últimos años es haber puesto a la mujer en el papel que le correspondía.

¿Qué queda por investigar y por hacer? Wellington sigue siendo considerado un héroe del Imperio británico, Castaños tiene calles en Euskal Herria...

Siempre hay trabajo por hacer, sobre todo en la investigación de los muertos civiles. Ahora estamos comprobando que no hubo tantos muertos por malaria y sí por tifus. Hay mucha información en archivos ingleses, pero a los historiadores les cuesta salir de aquí. Todo esto debe servir para tener más autoestima sobre lo nuestro. En la web del Ejército inglés están todos los nombres de sus oficiales, pero aquí no sabemos casi nada de nuestras víctimas. Venimos de una época franquista en la que lo importante era lo militar, y eso ha dejado más huella de la que percibimos. Hay que cambiar la referencia, ver todo aquello con otros ojos.

De la ciudad amurallada y rural a la clasista y turística

``La Gazeta de Madrid'', «el NO-DO de la época», dejó escrito aquellos días que de Donostia «solo quedará sino la memoria de donde estuvo». Se equivocó de plano. La ciudad fue reconstruida con paciencia, tesón y el apoyo de los ayuntamientos vecinos. Eso sí, fue una nueva Donostia, muy diferente a aquella que Egaña subraya dividida en dos partes: la de intramuros, en la que las gentes vivían hacinadas y con problemas de salubridad, y la extramuros, donde estaban unos 400 caseríos que abastecían a los de dentro. Los niños, por ejemplo, vivían fuera.

La destrucción dio paso a la lucha por la supervivencia, en la que los donostiarras llegaron a residir en la cárcel de la Plaza de la Trinidad. Y también a un clásico postbélico: la especulación. Cada metro cuadrado de las chabolas o barracas en que habían vivido los oficiales británicos pasó a costar diez veces más que las antiguas casas devoradas por el fuego y en la que la mayor parte de los donostiarras habían vivido de alquiler. No es un fenómeno propio de Donostia, «otro tanto ocurre ahora en Irak o antes en los Balcanes», apunta Iñaki Egaña.

Con la desaparición definitiva de las murallas medio siglo después, Donostia se expandió a todos los niveles. La burguesía que engordó en el escenario posterior a la masacre de 1813 se enriqueció cada vez más. Se consolidó una ciudad clasista, en la que, cita el historiador donostiarra, «al estilo de lo que pasaba en otros lugares con los agotes o con las mujeres, había una división clara entre los ricos y la gente común. En la `Belle Epoque', por un lado del Boulevard paseaban los ricos y los turistas, y por otro la gente común».

Para entonces Donostia ya competía con Biarritz y emulaba los bulevares parisinos. El «despegue espectacular» llegó con el turismo, cuando la monarquía española la convirtió en su lugar de veraneo. ¿Hubiera sido así Donostia si no hubiera mediado la catástrofe de 1813? Imposible saberlo. R.S.

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