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El lobo tras un buena Quincena

Mikel CHAMIZO Crítico musical

La de este verano ha sido una Quincena Musical más modesta y, no obstante, más disfrutable. La reducción del número de conciertos a 63 ha permitido vivirla a un ritmo más saludable, sin tener que desesperarse, como hace unos años, cuando los espectáculos rondaban el centenar y había que elegir más de la cuenta. Los «días libres» en el Kursaal y el Victoria Eugenia han permitido, por ejemplo, que algunas personas hayan descubierto el Ciclo de Música Contemporánea, que este año ha salido casi redondo, con recitales maravillosos como el del Cuarteto Diotima o el pianista Wilhem Latchoumia; o el Ciclo de Jóvenes Intérpretes, que ha deparado alguna que otra sorpresa muy agradable. Pero el grueso de público se sigue dando cita en el Kursaal y es justo reconocer que allí se han vivido varios de los momentos álgidos de esta edición: una sobrecogedora «Sinfonía Babi Yar» de Shostakovich, que fue lo único realmente destacable de la visita de Valery Gergiev y la Orquesta del Mariinsky; un gran Nielsen por Paavo Järvi y la Orquesta de Radio Frankfurt, probablemente la formación más destacada que ha desembarcado en Donostia este verano; un hermosísimo «Réquiem» de Fauré por el Orfeón Donostiarra y el joven pero talentoso director Robin Ticciati -corresponsable, un día antes, del momento de mayor nivel artístico del festival con el «Concierto para piano» de Mendelssohn en manos de Stephen Hough-; y una «Sinfonía Resurrección» de Mahler, por la Orquesta de Galicia y nuevamente el Orfeón, que sin ser extraordinaria logró conmover los corazones de muchos donostiarras en fecha tan señalada como es el 31 de agosto. Los donostiarras han respondido con entusiasmo a la oferta de la Quincena, subiendo la media de espectadores por concierto en aproximadamente un 3%, dato que se diría contradictorio con el momento de recesión. Pero no nos engañemos. Aunque la edición se ha salvado con nota, se le empiezan a ver las orejas al lobo: una programación más conservadora, obras que se dirían impuestas por las orquestas, solistas escogidos por los directores... Recordamos lo específicas que eran antes las propuestas de Quincena, diseñadas cuidadosamente, cuando había dinero para escoger, y solo nos queda rogar para que la dinámica de recortes no aboque a la Quincena a ser un festival de saldos.

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