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Gara > Idatzia > Iritzia > Kolaborazioak 2006-03-11
Alvaro Cía García - Junta directiva de REAS-Nafarroa (Red de economía alternativa y solidaria)
La construcción de una economía solidaria

Imaginemos un mundo tal y como lo conocemos hoy día pero en el que todavía no hemos sido concebidos. Mañana vamos a nacer en cualquier parte del planeta, en cualquier sociedad, en cualquier ciudad o aldea, posición social o familia. Tan solo tendremos una posibilidad entre cinco de «aparecer» en un entorno en el que las necesidades básicas estén cubiertas.

Nos encontramos en un escenario en el que el 1% de la población más rica del planeta posee tanto como el 57% de la humanidad (según Naciones Unidas). La brecha entre ricos y pobres se acrecienta día a día. La sobreexplotación de recursos naturales (el 20% del planeta consume el 80% de los recursos globales) y la explotación de personas en países empobrecidos unido a las deslocalizaciones de las grandes transnacionales (246 millones de niños y niñas trabajan en el mundo según la Organización Internacional del Trabajo) son prácticas habituales. Un 99% de las transacciones económicas son especulativas, enriqueciendo a unos pocos y afectando al destino de millones de personas. Las cifras se repiten, nos aturden y llegan a perder hasta la capacidad de conmovernos, abstraídos como estamos en nuestra pequeña burbuja de bienestar, alejados de compromisos y responsabilidades. La información que nos transmiten nunca suele aludir a las causas de los problemas, sino a sus efectos devastadores en los que el ciudadano es mero espectador y nunca parece tener responsabilidad alguna ni posibilidad de actuar, a no ser con pequeñas aportaciones económicas.

La construcción de un modelo alternativo se presenta como una imperiosa necesidad para alcanzar una sociedad más justa y equitativa en la que todos los pueblos sean dueños de su propio desarrollo. Hacia esta utopía posible camina el movimiento internacional de economía solidaria.

Definimos la economía solidaria como una actividad cuyo fin es la transformación social y la construcción de una justicia que posibilite un desarrollo humano sostenible en el tiempo y en todo lugar donde actúe o influya. Se trata de un tipo de economía que tiene como objetivo central el desarrollo de la persona y no el crecimiento del capital.

Las personas dejan de ser medios para la obtención de bienes materiales y pasan a ser fines en sí mismas. Se trata de democratizar la actividad económica e impulsar la empresarial desde abajo hacia arriba, desde las bases hacia todos los estamentos de la entidad. Las personas dejan de ser peones sin voz ni voto para convertirse en partícipes de las decisiones que afecten a su propio desarrollo.

Los principales sectores en los que trabaja la economía solidaria son tres: empresas solidarias, banca ética y comercio justo:

1. Las empresas solidarias, tal y como las concebimos en REAS, cumplen seis principios básicos: 1-Equidad: satisfacer de manera equilibrada los respectivos intereses de todos los participantes en la empresa. 2-Empleo: crear empleos estables, con una remuneración y unas condiciones de trabajo dignas. 3-Medio ambiente: favorecer acciones, productos y métodos de pro- ducción no perjudiciales para el medio ambiente a corto y a largo plazo. 4-Cooperación: favorecer la coo- peración en lugar de la com- petencia dentro y fuera de la organización. 5-Sin carácter lucrativo: las iniciativas solidarias no tienen por fin la obtención de beneficios, sino la promoción humana y social. Los beneficios se revierten a la sociedad apoyando proyectos sociales o de cooperación al desarrollo. 6-Compromiso con el entorno: cooperar con otras organizaciones y trabajar en red.

La Banca ética tiene como diferencias más significativas con la tradicional el hecho de que los ahorros y las inversiones las deriva mediante crédito a proyectos de interés social que no dañen a otros o al medio ambiente y que da cuenta a la sociedad del 100% del capital que utiliza, a diferencia de otros bancos o cajas que muestran sólo una parte de sus inversiones, normalmente las que les dan buena imagen (obra social: cultura, deportes, naturaleza, o cooperación al desarrollo), cubriendo con un opaco velo el resto de operaciones.

El Comercio Justo y el Consumo Responsable. El primero define una relación comercial basada en el diálogo, la transparencia, y el respeto mutuo que busca una mayor igualdad en el comercio internacional. Contribuye al desarrollo sostenible proporcionando mejores condiciones co- merciales y asegurando sus derechos a los productores y trabajadores marginados, especialmente en los países del Sur. A este comercio equitativo se une el consumo responsable, que es sostenible, es decir, capaz de satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las posibilidades de las futuras generaciones para satisfacer las suyas (PNUMA); ecológico: garantiza el respeto al medio ambiente, no utiliza materias de origen químico ni contaminantes, utiliza los recursos de modo sostenible, evita generar excesivos residuos y ofrece productos y servicios de calidad; solidario: tiene en cuenta y respeta los derechos de todas las personas sin exclusión, garantizando unos mínimos sociales y económicos que les permitan una vida digna; y por último ético: en el que el consumidor está bien informado, tiene su propia opinión y adopta posturas conscientes y responsables.

Incorporarse a este movimiento de empresas solidarias, banca ética y comercio justo y responsable, que no es liderado más que por el conjunto de sus participantes, supone un cambio en hábitos y costumbres, un compromiso, un esfuerzo, a veces no tan pequeño, que nos permitirá actuar localmente para construir globalmente un mundo en el que no nos asuste el lugar donde podamos nacer. -


 
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