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Siamak Khatami Politólogo y profesor universitario

Mali: otro episodio de imperialismo

Los islamistas radicales que hacen peligrar la «democracia» en Mali, son ellos mismos malienses -no han ido allí desde ningún otro país, ni ha habido ningún ejército o gobierno extranjero que los haya impuesto sobre los malienses-. Así que, la cuestión es: ¿Cuáles son las causas de la radicalización de una buena parte de la población maliense?

Para algunos puede parecer como si Mali, de repente, desde hace pocos meses, estuviera sufriendo un episodio de violencia islamista que condujo a los militares del país a cometer un golpe de estado y que ahora, al cabo de unos meses, los islamistas estén desatando nuevos actos de violencia, lo que ha dado lugar a una intervención militar europea. Pero la realidad de Mali es incluso más triste: el conflicto allí ha existido desde hace años, y no solo meses; y es otro caso, entre muchos, que ya hemos visto en el Tercer Mundo: casos en que la protección de los intereses de las potencias imperialistas occidentales es la cuestión principal. Y todo lo demás viene de los intentos por parte de las potencias en cuestión, de proteger sus intereses económicos.

Mali, con un territorio considerablemente más grande que cualquier país de Europa occidental, tiene unas fuerzas armadas que consisten en nada más que siete mil hombres, lo que convierte el mantenimiento de la seguridad del país en tarea imposible. Esto causa una dependencia importante por parte del gobierno de Bamako (la capital) de potencias extranjeras -especialmente Francia, la potencia colonia pero, hoy en día, también EEUU, cuyo Gobierno considera Mali uno de los escenarios en la llamada «guerra contra el terror»-. La mayoría absoluta de la población vive de la agricultura (especialmente algodón y arroz) y la cría de ganado. Sin embargo, las variaciones considerables del tiempo hacen que incluso en este sector, los trabajadores malienses sufran regularmente del desempleo. Mali también produce electricidad (aunque solo el 55% de la población de Mali tiene acceso a ella) y posee recursos de fosfatos y sal, pero de especial importancia es el oro, y Mali es el tercer productor de oro más importante de toda África -tras Sudáfrica y Ghana-. La mitad de los malienses viven con menos de 1.25 dólares al día -lo que convierte Mali en uno de los países más pobres del planeta-. Mientras tanto, aunque la educación es gratuita y obligatoria para todos entre las edades de siete y dieciséis años, solo entre 30% y el 46% de todos los malienses sabe leer y escribir, con el porcentaje entre las mujeres considerablemente menor que entre los hombres. Hacen falta más profesores y, en las zonas rurales, también más escuelas. Además, es destacable que la esperanza de vida de los malienses es de una media de 53 años. Un punto que, al principio, me sorprendió fue ver en algunos programas de televisión fue que cuando entrevistaban a los malienses, por lo menos algunos de ellos, expresaban su felicidad por el hecho de que tropas enviadas por potencias occidentales habían llegado a Mali para combatir contra los islamistas. Quizá haya algún grado de verdad en eso, pero dudo que sea completamente cierto. Hay que tener en cuenta que también cuando las tropas de Hitler invadieron Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial, muchos ucranianos pensaron, al principio, que esas tropas iban a liberarles del terror de Stalin; fue solo después de presenciar, personalmente, la brutalidad de las tropas de Hitler que esos ucranianos decidieron que era preferible incluso volver al reino de terror estaliniano que aguantar la brutalidad del régimen de Hitler.

Creo que los malienses que expresaban su felicidad por la presencia de las tropas occidentales al cabo de un tiempo también van a preferir volver a una situación en que aunque sus condiciones de vida estén lejos de las deseadas, por lo menos van a ser ellos mismos, y no unos imperialistas occidentales, quienes van a ser dueños de su propio futuro.

Se ha formado también una fuerza consistente en tropas de Nigeria y otros países de África occidental, que ya han empezado a instalarse en Mali para combatir contra los islamistas radicales. Pero, especialmente en el caso de Nigeria, sus soldados ya tiene fama (por sus participaciones en operaciones militares anteriores, como en el caso de Sierra Leona y Liberia) de mostrar una actitud prepotente -como si Nigeria fuera una Gran Potencia sojuzgando a pueblos impotentes e insignificantes- y también por los múltiples actos de pillaje y destrucción cometidos por tropas nigerianas, que más bien añaden al problema en vez de ayudar a resolverlo.

Hasta comienzos de 2012, el sistema político de Mali era, normalmente, considerado democrático, lo que lo distinguía de tantas dictaduras que han existido en África. El sistema maliense era modelado según el ejemplo francés -presidencialismo, separación de poderes y un sistema que respetaba las diferencias entre las religiones, aunque el 90% de los malienses son musulmanes, y los cristianos una pequeña minoría-. Sin embargo, los islamistas radicales que hacen peligrar la «democracia» en Mali son ellos mismos malienses -no han ido allí desde ningún otro país, ni ha habido ningún ejército o gobierno extranjero que los haya impuesto sobre los malienses-.

Así que la cuestión es: ¿cuáles son las causas de la radicalización de un sector de la población maliense, llevándola a apoyar a los islamistas radicales? Ya hemos mencionado algunos de los problemas de los que sufren los malienses. Debemos añadir que la poca industria que existe en Mali es dominada por intereses extranjeros -europeos y norteamericanos- que son los que sacan todo el beneficio y dejan al Gobierno de Bamako en una situación en la que, siendo Mali un exportador importante de oro, no tiene suficiente ni siquiera para mejorar la educación o la esperanza de vida de sus ciudadanos. ¿Es acaso sorprendente que haya llegado un punto en que haya muchos malienses que ya no aguantan más este sufrimiento diario? ¿Es acaso sorprendente que hayan decidido rebelarse, pensando, como diría Marx, que lo único que tienen que perder son sus cadenas? Claro que Francia, apoyada por la Unión Europea, además de disfrutar de la simpatía de los EEUU en esta lucha, ha decidido combatir a los rebeldes. ¡Lo sorprendente hubiera sido que no lo hiciera! Porque, claro, son Francia, el resto de la UE y EEUU quienes están sacando fuera de Mali los beneficios de los recursos del país, dejando a los malienses en indigencia, en la absoluta miseria, en una situación en la que tienen que agradecer a los voluntarios y religiosos -otra vez europeos y norteamericanos- que, después de que sus gobiernos dejan Mali en un estado de indigencia, vienen a mostrar su «caridad» a los malienses.

Lo que hay que hacer es cambiar el status quo y crear un escenario en el cual los recursos de Mali puedan usarse para el desarrollo y el beneficio del propio país, no un escenario en el que Mali sufre una dependencia extrema de la Unión Europea y EEUU.

Otro punto que al principio me resultó difícil de explicar era por qué han sido los islamistas radicales, y no los marxistas, quienes han estado liderando el levantamiento. Pero hay que tener en cuenta que la industrialización no solo en Mali, sino en África occidental en general, está todavía en su etapa de, digamos, «infancia». Todavía no existe un gran sector industrial en las economías de la mayoría de los países en cuestión, y en la industria que sí existe, muchos de los empleados más cualificados son extranjeros, no nativos africanos -lo que explica que en la toma de rehenes en Argelia en represalia por la guerra contra los islamistas en Mali muchos de los rehenes fuesen europeos, estadounidenses o japoneses-. Y como la mayoría de los nativos africanos trabajan en la agricultura o en servicios, y no en la industria, eso explica la falta de desarrollo de un sector proletario. Además, tenemos el hecho de que la mayoría de las sociedades en cuestión son, todavía, tradicionales. Todo eso también explica el éxito de los islamistas en atraer a seguidores a su ideario.

Pero en Mali seguimos viendo un nuevo episodio de violencia en África, caracterizado por los intentos de las potencias imperialistas de proteger sus intereses en ese continente y de prevenir el desarrollo de un sector social con amplio seguimiento que proponga seguir otro camino que no sea el dictado por las potencias imperialistas.

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