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Gara > Idatzia > Mundua 2006-04-22
Crisis en el techo del mundo
El rey anuncia que «devuelve» el poder para seguir mandando
Tras más de dos semanas de movilizaciones de la oposición contra el absolutismo, a menudo trágicas, el rey Gyanendra anunció ayer que el poder ejecutivo será «devuelto al pueblo a partir de hoy», por lo que pidió a los siete partidos opositores que lideraron la revuelta que nombren un nuevo primer ministro lo antes posible. La oposición ha calificado la oferta de «insuficiente». Hoy se reúnen los partidos políticos.

KATMANDU

«El poder ejecutivo del reino de Nepal, que estaba en nuestras seguras manos, será restituido al pueblo desde el día de hoy, en aplicación del artículo 35 de la Constitución», proclamó Gyanendra en un discurso a la nación transmitido por la televisión y la radio estatales, en el que aseguró que la Corona está «decididamente comprometida con la monarquía constitucional y la democracia multipartidista». Su discurso ante las cámaras ­se esforzó por aparecer con cara seria­ fue pronunciado con un tono de gravedad.

«Esperamos que la paz y el orden se restablezcan en el país mediante la protección de la democracia multipartidista», añadió el monarca, que pidió a los siete principales partidos políticos que nombren, lo antes posible, a un primer ministro de consenso. Hasta entonces, precisó, la actual administración seguirá en funciones. No dio el rey una fecha de una futura convocatoria electoral ni tampoco señaló la vía a través de la cual regresará la soberanía al pueblo nepalí.

Poder absoluto

El 1 de febrero de 2005, Gyanendra dio un autogolpe de Estado que le permitió asumir el poder absoluto, tras destituir al Gobierno ­por cuarta vez en tres años­ y disolver el Parlamento democráticamente elegido, tras lo cual designó un Ejecutivo directamente controlado por él.

Para justificar su decisión, el monarca acusó al Gobierno del primer ministro Sher Bahadur Deuba de ser incapaz de llegar a un acuerdo con los rebeldes maoístas para iniciar conversaciones de paz y preparar el terreno para la celebración de elecciones en el segundo trimestre de 2005.

Los analistas afirmaron entonces que los argumentos del rey no fueron sino una treta para justificar el establecimiento de una monarquía absoluta. Por su parte, Deuba, puesto bajo arresto domiciliario, calificó la medida de «antidemocrática» y advirtió de que conduciría a Nepal a «una grave crisis».

Pese a que Gyanendra había insistido en que no se trataba de un golpe de Estado, en que se respetarían los Derechos Humanos y en que se llegaría a una «democracia efectiva» y a la paz en un plazo de tres años, organizaciones como Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW) denunciaron que desde el autogolpe de Estado el Ejército y las fuerzas de seguridad suspendieron «de forma sumaria» los derechos civiles y políticos y se vieron implicados en desapariciones, en la muerte de más de mil personas ­incluidos civiles­ y en detenciones masivas de activistas políticos, periodistas y estudiantes.

Además, el monarca tuvo que enfrentarse en este tiempo a la presión internacional. India, el influyente vecino de Nepal, expresó una «gran preocupación» y acusó al rey de violar la Constitución, al tiempo que advirtió de que la decisión real favorecía a los maoístas, que querían «socavar la democracia y la institución de la monarquía».

Un enviado de India, Karan Singh, se reunió el jueves con Gyanendra en Katmandú para pedirle que restaure la democracia. Según fuentes de Katmandú citadas por la agencia misionera de noticias MISNA, la presión del delegado indio, si bien fue ignorada por numerosos medios de comunicación, tuvo una influencia importante en la decisión final del monarca, en particular porque el propio Singh está emparentado directamente con la mismísima familia real de Nepal.

Dos semanas en la calle

Asimismo, organismos y países con influencia en la política nepalí, como China, la ONU, EEUU y Gran Bretaña, habían instado al rey a reconciliarse con los partidos políticos.

El anuncio-maniobra del monarca llega tras 16 días de protestas organizadas en todo el país por los siete partidos de oposición y por cada vez más numerosas organizaciones sociales para exigir la reinstauración del sistema democrático.

Las movilizaciones se vieron espoleadas por las recientes detenciones y procesamientos de varios líderes políticos, algunos de ellos ante un controvertido organismo real de anticorrupción que, según sus críticos, actuó realmente como un instrumento de intimidación política y que incluso fue declarado ilegal por el Tribunal Supremo, una decisión que a juicio de muchos debilitó de forma importante al monarca.

Durante las movilizaciones de estas dos semanas, en las que se pidió el fin de la monarquía, las fuerzas de seguridad ­que tenían órdenes de disparar contra los manifestantes­ mataron al menos a quince personas.

En la capital, Katmandú, un inútil toque de queda fue impuesto ayer por segundo día consecutivo, mientras la presión internacional no hacía sino incrementarse.

La reacción inicial de la oposición a las palabras del rey fue de desconfianza. Así, el partido Congreso Nepalí calificado de «insuficiente» la oferta de Gyanendra. Krishna Sitaula, portavoz del Congreso Nepalí, dijo que la oposición se reunirá hoy para dar una respuesta oficial al rey, pero avanzó que de momento continuarán las movilizaciones porque su mensaje «no fue claro». Sitaula señaló que el monarca no citó las peticiones de la oposición, entre ellas la restauración del Parlamento.

Gopal Man Shrestha, presidente del Partido del Congreso Democrático Nepalí, dijo que lo previsible es que la oposición presente a Gyanendra un plan de acción que lleve a la convocatoria de elecciones constituyentes pero que, si no es aceptado, lo más probable es que continúen las movilizaciones.

La campaña por la restauración de la democracia fue liderada por una coalición de siete partidos políticos y, aunque muchos manifestantes pidieron el fin de la monarquía, en noviembre de 2005 los partidos llegaron a un acuerdo con los guerrilleros maoístas para luchar fundamentalmente por el fin de la monarquía «autocrática» y por la formación de una Asamblea Constituyente.

El director de la asociación nepalí de derechos humanos Informal Sector Service Center (INSEC), Subodh Ray Pyakurel, declaró a la agencia MISNA que entre la población hay «mucha perplejidad».

Discurso con lagunas

«Pese a su anuncio, el rey sigue en el poder mientras la oposición y la mayoría de la población pedían la formación de una Asamblea Constituyente en la que se discuta una nueva estructura institucional», añadió Pyakurel, cuya organización participó en las dos intensas semanas de protestas.

Pyakurel lamentó algunas «lagunas» del discurso de Gyanendra: «No ha dicho una sola palabra sobre las víctimas, los miles de heridos y detenidos indiscriminadamente en estos días terribles, en los que las fuerzas del orden ejercieron sobre los civiles una violencia sin precedentes», denunció. Tampoco hubo «ninguna palabra de disculpa o de reconciliación», añadió Subodh Ray Pyakurel.



Rey, hindú, «ecologista» y ¿magnicida?

Gyanendra, el único rey hindú del mundo, ha sido dos veces monarca de Nepal. Sus súbditos dudan de la legitimidad de su ascensión al trono, propiciada por el brutal homicidio de media familia real en 2001.

Ha dirigido Nepal de forma absoluta durante los últimos catorce meses, desde que en febrero de 2005 disolvió otra vez el Gobierno democráticamente constituido alegando su incapacidad para resolver el conflicto con la potente guerrilla maoísta.

Escritor de canciones y poesías, es conocido en el mundo literario con el seudónimo G. Sang. Casado con la reina Komal, tiene dos hijos. Interesado en la conservación del medio ambiente, Gyanendra ha trabajado estrechamente con el Fondo Mundial para la Naturaleza Salvaje (WWF).

Posee un hotel en Katmandú, una fábrica de cigarros y una plantación de té en el este.

Durante su reinado, cambió dos veces en tres años al primer ministro para elegir gobiernos más de su agrado, hasta que, el 1 de febrero de 2005, decidió dar un golpe de mano y asumir el poder absoluto.

La sospecha no le abandonará nunca. Subió al trono tras la masacre ocurrida en el palacio real de Katmandú el 1 de junio de 2001. La versión oficial atribuye la autoría a un Dipendra borracho y drogado, pero las dudas siempre han acompañado a Gyanendra, que se encontraba en la ciudad turística de Pokhara el día del magnicidio múltiple. Su ausencia, unida al hecho de que su mujer e hijo, que se encontraban en el lugar del magnicidio, salieran ilesos, han contribuido a alimentar las sospechas de que las muertes obedecieron a un contubernio urdido por Gyanendra. -

GARA



Monarquía o república
Txente REKONDO | GABINETE VASCO DE ANALISIS INTERNACIONAL (GAIN)

La intervención del rey Gyanendra anunciando que «transfiere el poder al pueblo», al tiempo que se muestra «comprometido con la monarquía constitucional», puede llegar demasiado tarde para sus intereses. Esta es una maniobra para salvar la monarquía más que para reinstaurar un régimen democrático. No se sabe hasta qué punto puede aceptarla el pueblo. Algunas fuentes señalaban ayer por la mañana que el nerviosismo en torno al palacio real era más que evidente, que su política de mano dura ante las protestas no había acabado con la demanda popular de «libertad sin monarquía».

La repercusión en la movilización popular del gesto del monarca podremos evaluarla cuando la Alianza de Siete Partidos (ASP) muestre su capacidad para mantener las demandas que ha dicho defender hasta ahora. Los partidos deberán tener muy en cuenta que la población nepalí también está cansada de las elites corruptas que se han repartido el poder durante décadas.

Ayer, los portavoces de esos partidos señalaban que no aceptarían «bajo ninguna circunstancia un gobierno tutelado por el rey». Manifestaban su deseo de que se forme un gobierno interino con todos los partidos para preparar las elecciones a una Asamblea Constituyente. Aquí reside la preocupación del rey, quien ve que las demandas populares van en la línea de transformar Nepal en una república y romper definitivamente con el pasado monárquico y reaccionario.

Los actores extranjeros también han movido sus hilos. Destaca la visita que esta semana ha realizado un enviado del primer ministro indio para convencer al monarca de que era necesario retomar el camino de la monarquía constitucional. También EEUU prefiere esa opción, consciente de que la fuerza de la guerrilla, unida al movimiento popular actual ­verdadero motor de las protestas y de los acontecimientos que han propiciado­, puede provocar un peligroso vuelco para sus intereses en el corazón de Asia.

El pulso está lanzado. El rey y sus aliados (las fuerzas de seguridad y los países extranjeros) buscan que la ASP acepte volver al juego constitucional. Difícilmente podrán las fuerzas progresistas y la guerrilla aceptar ningún acuerdo que no suponga la creación de una república democrática. Si triunfan las tesis de los primeros, probablemente el país caminará a una situación muy conflictiva a medio o largo plazo. El pueblo ya se ha manifestado con claridad. Su lema «libertad, no a la monarquía» es más que evidente. Todo lo demás será repetir errores.

El tiempo del régimen feudal puede tener los días más que contados. Aunque pueda sobrevivir un tiempo, en las calles nadie apuesta por él. Hay quien dice que su exilio se está fraguando ya fuera del país. -


 
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