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Gara > Idatzia > Iritzia > Kolaborazioak 2006-11-08
Ioseba Eceolaza - Asociación de Familiares de Fusilados de Nafarroa
Mirar atrás

Como ya es sabido, la memoria de las víctimas republicanas del franquismo y de la guerra civil fue ocultada durante 40 años de dictadura. En todos esos años, a los familiares de estos fusilados se les ha negado la posibilidad de colmar el duelo. En principio porque se les negaba el cuerpo. Pero la represión franquista también dispuso numerosas acciones para acabar con la posibilidad de esa despedida. Por ejemplo, la literatura contra los rojos estigmatizaba a unas familias a las que se les condenaba al ostracismo, en un proceso en el que la vía judicial jugó un papel importante. Después se trató de imponer que eran ellas las que generaban odio, las culpables de la guerra... y en la transición era hora de la reconciliación, basada en pasar página.

Un sector importante de las asociaciones de la memoria histórica de ahora se basan en revitalizar la memoria como análisis ético, con el objetivo de avanzar en el conocimiento de lo que ocurrió, para que nunca más vuelva. La idea central parte de una concepción comprometida de los derechos humanos. Por eso existe una actitud autocrítica ante lo que algunos sectores republicanos hicieron durante la guerra civil.

Las primeras acciones de estas asociaciones vinieron de la mano de las exhumaciones, pero no es ésta la parte fundamental ni la que más esfuerzos concentra. Se percibe una necesidad perentoria de cerrar, por fin, el duelo, de hacer aparecer al negado, al desaparecido. Por eso son dos las actividades fundamentales; en primer lugar, se trata de localizar el cuerpo, investigar qué sucedió y darle sepultura. Y en segundo lugar se trata de evitar que este acto se convierta en una acción efímera, que pase con el enterramiento. Por eso adquieren gran importancia las placas, los parques o los homenajes. El olvido desea silenciar el dolor, pero el potencial subversivo de la memoria reclama los conflictos no solventados, las esperanzas incumplidas.

Por eso, en numerosas ocasiones muchos familiares plantean la plantación de árboles o la colocación de placas recordatorias en los lugares donde fueron arrojados sus familiares. Se trata también de una prevención hacia posibles revisiones del futuro, es decir cuando se plantea esto se está pensando en el hoy, pero también se está pensando en el mañana, para que el desconocimiento no se apodere de las siguientes generaciones. Y esto se consigue con la investigación, pero se culmina con la exhumación. El tiempo apremia y la obligación ética para abordar este asunto ahoga.

Hay que tener en cuenta que todas las guerras civiles provocan un desequilibrio de la memoria, porque los vencedores imponen sus símbolos. Pero en unos años, en la mayoría de las sociedades, se produce una reconciliación, un acercamiento, así que el desequilibrio de la memoria no tarda en desaparecer. En España, sin embargo, a la guerra le sucedió una larga dictadura y un desequilibrio enorme entre la memoria de los vencedores y la de los vencidos. Por eso nuestra recuperación de la memoria se basa en un concepto clave; la restitución.

En segundo lugar, tenemos que ser capaces de separar la guerra y el franquismo. No podemos decir que en los dos bandos se cometieron tropelías para no abordar la necesaria restitución. Es un hecho que en los dos bandos hubo fusilamientos y torturas, la guerra fue horrible, 600.000 muertes en total hablan por sí solas. En la zona nacional 100.000 personas fueron asesinadas, en la republicana 60.000, entre ellos 7.000 religiosos. Hasta ahí el terror compartido porque a partir de 1939 ­en Navarra a partir del mismo 18 de julio de 1936­, con todo a su favor para ser generoso y sellar la paz, el régimen franquista decidió sellar la victoria con 270.000 personas encarceladas y fusiló a más de 192.684, mientras que al menos 4.000 personas murieron de hambre y frío en las prisiones.

El plus del franquismo reside en dos cuestiones: en la represión que desató, primero en las zonas que dominó antes del 1 de abril de 1939 y luego en toda España; y en que este aniquilamiento del adversario fue un proceso sistematizado con el apoyo y concurso de todas las instituciones y la jerarquía católica.

En Navarra no hubo frente de guerra alguno, es decir no hubo otro bando, sino una cruel persecución. Negarse ahora a realizar este trabajo de apoyo a las víctimas navarras de los fusilamientos, como hacen los dirigentes de UPN, es dar por bueno el paradigma de vencedores y vencidos que impuso el franquismo, sin embargo, apostar por la restitución es apostar por el cierre de heridas, porque para pasar página hace falta haberla leído antes.

Para los nietos, y por extensión para las nuevas generaciones, saber que todo esto no se conocía nos ha producido, por llamarlo de alguna manera, una sensación de engaño histórico, de vulnerabilidad. De ahí la necesidad de saber. Porque la única versión oficial de lo ocurrido fue la producida y transmitida a la sociedad española por el régimen instaurado en 1939.

Habiendo existido un desequilibrio más que evidente en los relatos históricos a favor del franquismo, es necesario un mayor afán descriptivo sobre lo que se quiere reconocer y restituir. No se trata de hacer una historia oficial desde el poder, sino de relatar los hechos que inspiran este reconocimiento tardío. No es verdad que la memoria histórica sea sólo una construcción emocional de lo que ocurrió para honrar a otra persona, este proyecto debe tener una carga descriptiva importante porque ese relato hace más verosímil el homenaje, porque ese relato arropa la verdad de estas víctimas tantas veces ocultada. Necesitamos que se refleje la naturaleza de los abusos y la intensidad de los daños. Teniendo en cuenta ese proceso que se debe hacer, las declaraciones institucionales cobran una especial relevancia, sea en Aoiz, en Murchante o en el Parlamento de Navarra.

Por eso UPN debe aclarar cuanto antes su discurso respecto al franquismo, porque si no se generan suspicacias algunas veces más que justificadas. Este partido tiene que deslegitimar el sistema franquista políticamente y para siempre. Debe tener algo más de sensibilidad y dejar de sumar agravios a estas víctimas. Casos como el del Ayuntamiento de Pamplona, o el de Zizur Mayor, que aprobó 500 euros de ayuda cuando los ayuntamientos de su tamaño y cercanía han aprobado 3.000 euros, demuestran que la derecha navarra opta por la tradición autoritaria.

Por estas víctimas merece la pena cambiar, respirar dos veces y mirar a la tierra de esas fosas que se encuentran perdidas, observar a estos esperanzados familiares y no defraudar setenta años de espera. -


 
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