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José Manzaneda Realizador y periodista, miembro de Euskadi-Cuba

Cuba, Australia y la bombilla de la imaginación

Cuba lleva dos años con un programa integral de ahorro y eficiencia energética, denominado Revolución Energética, una de cuyas líneas ha sido la sustitución de todas las bombillas por modelos ahorradores

En los grandes medios de comunicación, la información sobre el Sur gira básicamente en torno a los conflictos, la pobreza o a fenómenos ligados a élla, como la emigración. Los países ricos marcan la pauta y el camino para el desarrollo, por lo que es impensable dar información sobre experiencias de los países empobrecidos que demuestran formas superiores de convivencia y civilización.

Recientemente, los grandes medios informaron de la decisión del Gobierno de Australia de abordar un ambicioso programa de ahorro energético. Informativos de todo el mundo afirmaron que Australia es el primer país que lleva a cabo una campaña masiva de sustitución de bombillas incandescente por bombillas ahorradoras.

Cierta es la importancia de esta medida adoptada por un país industrializado y altamente consumidor de energía. Pero de ninguna manera el Gobierno de Aus- tralia es pionero en la materia. Cuba lleva dos años con un programa integral de ahorro y eficiencia energética, denominado Revolución Energética, una de cuyas líneas ha sido la sustitución de todas las bombillas por modelos ahorradores. Un total de diez millones de bombillas.

Este programa ha sido alabado recientemente por el director regional del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Ricardo Sánchez. Y la fundación World Wildlife Fund-Adena, en su informe de 2006, declaró a Cuba como el único país con un modelo social y económico probadamente sostenible.

La experiencia energética de Cuba ha sido llevada a otros países, gracias al acuerdo de integración regional denominado Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que ya agrupa a Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua. Venezuela está en el proceso de sustitución de 52 millones de bombillas, y Nicaragua de 1.700.000 unidades.

Que sean países del Tercer Mundo los que lleven la delantera en el ahorro energético puede parecer paradójico. Pero tiene una fácil explicación de naturaleza política: los anteriores son países con gobiernos de izquierda que han asumido que el papel rector del desarrollo le corresponde al estado, y no al sector privado, cuyo objetivo no es precisamente ocuparse de los efectos catastróficos del despilfarro energético.

Hay que señalar, por último, que el compromiso del Gobierno de Australia no es inmediato, sino para el año 2010, y aún no ha explicado si el coste del mismo será asumido por el Estado, tal como ocurre en Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Las agencias de información del mundo rico seguirán ignorando las experiencias ejemplares de estos países. O bien tratarán de ridiculizarlas y llevarlas al absurdo, como algunos diarios de Miami y de Caracas, que nos informan de las «verdaderas intenciones» de los gobiernos de Cuba y Venezuela. Según estos medios, la «misión secreta» de las brigadas de trabajadores sociales encargadas de la sustitución de los bombillos en los hogares es la de instalar chips de vigilancia en las casas y realizar inventarios de las pertenencias de las familias. Y es que a estos medios no hay quien les apague la bombilla de la imaginación.

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