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EL ESCENARIO DE LA MAYOR FUGA CARCELARIA EUROPEA

El futuro de Ezkaba, ¿Igeldo o Auschwitz?

En los últimos 20 años, a contrarreloj por la avanzada edad de los supervivientes, el trabajo altruista de varias personas ha logrado recuperar la historia del penal de Ezkaba y la impresionante fuga de 1938. El fuerte y su entorno siguen deparando hallazgos como el reciente del cementerio. Su reto ahora es convertirlo en centro de memoria histórica, como Auschwitz o Mauthausen.

Ramón SOLA

En la nueva Casa de Cultura de Artika, en la falda del monte Ezkaba, a las afueras de Iruñea, llovieron la pasada semana ideas, proyectos e ilusiones para dar vida a una historia que durante décadas se quiso en- terrar. Uno de los principales culpables de que no se lograra es un vallisoletano, Félix Sierra, que hace 20 años halló casualmente los documentos olvidados por un fiscal militar. Allí se narraba una espeluznante fuga de presos republicanos en plena guerra del 36, ocurrida en pleno territorio franquista y zanjada con más de 200 muertos. Una historia de la que las nuevas generaciones de jó- venes ni siquiera habían oído hablar, pero que constituye sin duda la mayor fuga carcelaria de Europa, en palabras de Iñaki Alforja, encargado de dar otro empujón a la recuperación de la historia a través del docu- mental presentado el pasado año.

Sierra y Alforja estuvieron el viernes en Artika, en las jornadas sobre el mítico fuerte. Y allí abogaron por convertir el lugar en un centro de memoria histórica.

No es una quimera. Para ello hay dos vías. La más fácil es la institucional. Sierra puso sobre la mesa el caso de la isla de San Simón, convertida en un museo de la represión franquista por el nuevo gobierno gallego tras la derrota de Manuel Fraga. Este verano pasó por allí el llamado Barco de la Memoria, en el que Alforja pudo presentar el documental que narra una fuga de la que muchos de los protagonistas eran gallegos. Pensar hoy por hoy en una iniciativa similar del Gobierno navarro o el Ayuntamiento de Iruñea sería soñar (UPN se abstuvo el jueves ante una moción para que Francisco Franco dejara de ser hijo adoptivo de la ciudad). Por eso se han puesto manos a la obra otras instituciones más pegadas a la calle y a este caso. El vecino Ayuntamiento de Berriobeiti lleva meses tratando de que el Ejército español le venda o ceda la instalación, abandonada hace 30 años. Y prepara el terreno para elaborar un proyecto serio y científico que divulgue la increíble historia del penal.

El proyecto de Moneo

La decidida actuación del Ayuntamiento de Berriobeiti podría hacer moverse a instituciones mayores. Como recordó Iñaki Alforja, en la sede del Gobierno navarro reposan hace tiempo diferentes proyectos: uno de ellos llevaba la firma del arquitecto tudelano Francisco Moneo y consistía en la construcción de un restaurante y un hostal. Otros han propuesto hacer un observatorio para las aves, un funicular... Es lo que Alforja define como «modelo Igeldo». En todas esas iniciativas ve un denominador común: ninguna contempla recuperar la memoria his- tórica. Las instituciones en poder de UPN probablemente lamenten no haber hecho antes un parque de atracciones. El fuerte sigue en pie, y pasear por sus tétricos túneles facilita revivir el drama de los casi 5.000 presos que pasaron por allí en una década.

Félix Sierra subraya que «ése debería ser el destino natural del fuerte; además, allí hay metros cuadrados para que estén todos los navarros, pero de otra manera muy diferente a la de entonces». Cuando se produjo la fuga del 22 de mayo, en sus galerías había unas 2.500 personas conviviendo con el hambre, la enfermedad... y la muerte.

Los huesos y los documentos

La dejación oficial alcanza a todos los ámbitos, que han debido ser cubiertos por la iniciativa popular. Así ha sido posible redescubrir el cementerio del fuerte de Ezkaba, con restos de 131 personas. José María Jimeno Jurío inició la labor, pero las amenazas de la Triple A le obligaron a abandonarla. Hace unos meses apareció por fin el lugar. Ahora se preparan las exhumaciones. Y mientras tanto se ha hallado documentación sobre el paradero de otros presos enterrados en localidades de la zona, aunque sigue sin llegarse hasta el lugar exacto de las fosas.

Otra batalla pendiente es la documental. Tras 65 años de silencio, en los archivos de la actual cárcel de Iruñea se halló el listado de los presos que pasaron por el fuerte, publicado por Sierra y Alforja en la última edición de su libro. Un interviniente dijo tener constancia de que esos papeles «están en situación muy precaria». «¿Por qué no están en el Archivo de Navarra?», preguntó Sierra.

presos censados

pasaron por la cárcel improvisada en el monte Ezkaba desde la llamada Revolución de Octubre de 1934 hasta el año 1945. Murieron allí al menos 305 prisioneros, enfermos o fusilados.

795

se fugaron

monte abajo cuando los sublevados lograron abrir las puertas del penal. Sólo mataron a uno de sus guardianes, y de modo casual. Pero un centinela logró huir y dar la voz de alarma en Iruñea.

2.487

estaban allí el día

22 de mayo de 1938, en que se produjo la huida, motivada por el hambre y las pésimas condiciones higiénicas. Triplicaban la capacidad de un fuerte previsto para acoger a 800 soldados.

«No sabían qué hacer con tantos presos, y eso que morían a mansalva"

Ezkaba fue uno de los penales más duros del sistema franquista, pero no el único. En Valdenoceda (Burgos) han aparecido recientemente los restos de cientos de personas muertas sin un solo tiro; fallecieron de frío. Lo explicó en las jornadas de Artika la profesora de la Universidad Complutense de Madrid Mirta Núñez, experta en la represión franquista: «La represión generó tal cantidad de presos que no sabían qué hacer con ellos, y eso que morían a mansalva». Como dato concluyente, en 1943 las propias instituciones penitenciarias del régimen admitían la existencia de 280.000 prisioneros. Núñez recordó que hoy, con mucho más volumen de población, «hay 50.000 presos y no caben en las cárceles».

Para ello se improvisaron prisiones en fuertes militares como el de San Cristóbal (Ezkaba), en conventos o en colegios religiosos, o bien se habilitaron otras que habían sido abandonadas por sus condiciones infames. Por esas cárceles pasaron además unas 50.000 mujeres en esos «años de plomo», como los llama Núñez. Sus hijos eran enviados a colegios religiosos y adoctrinados para convertirse en curas o monjas. El franquismo mandaba así un doble mensaje: por un lado, de piedad, al aparentar que «el régimen era caritativo, que tenía una especial deferencia»; por otro, de humillación hacia los presos, al mostrarles que «de ateos salían hijos religiosos».

A las cárceles se les sumaban los campos de concentración. Núñez explicó que no se trataba de lugares de «exterminio industrializado», como los promovidos por los nazis, pero sí de fórmulas para «dar un escarmiento y que no volvieran a levantar la cabeza». Y el franquismo utilizó también la vía de los trabajos forzados, que también tuvieron como importante escenario al Pirineo navarro, donde los presos fueron obligados a hacer carreteras, como se narra en un libro de reciente publicación.

En los años 50, las cárceles se fueron vaciando. Para Mirta Núñez, sencillamente ya no hacían falta. No hubo amnistía, sino indultos -lo que permitía mantener la amenaza de los antecedentes penales- o bien libertades condicionales -que obligaban a los excarcelados a estar bajo el control de las llamadas Juntas pro-Presos-.

Ezkaba se encuadraba en este sistema integral, al nivel de otras cárceles de extremo rigor en Albacete, Ceuta... Es la fuga de 1938 la que no tuvo parangón alguno. Núñez confesó que cuando leyó la noticia por vez primera «pensé que era un farol, que resultaba imposible que cientos de presos pudieran escapar de un penal franquista. Ojalá la historia llegue a la gran pantalla...». R.S.

225

fueron abatidos

a tiros en el mismo Ezkaba y otros monte de los alrededores, o bien fusilados en la Vuelta del Castillo de Iruñea (fue el caso de los 14 considerados «cabecillas»). Sólo tres culminaron la fuga con éxito.

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