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Un asesino muy precoz

«El niño de barro»

M. I. | DONOSTIA

El debutante Jorge Algora recrea uno de los casos más terribles de criminales adolescentes conocidos, el del Petiso Orejudo, así llamado porque la descripción que dieron de él algunas de las víctimas que pudieron sobrevivir a sus ataques era la de un muchacho «petiso», que es como denominan los porteños a los de baja estatura, y también de grandes orejas. Se cree que el verdadero Cayetano Santos Rodino comenzó a matar niños en el Buenos Aires de principios de siglo pasado, a la edad de diez años. Cuando se le detuvo a los dieciséis confesó cinco asesinatos, siete tentativas fallidas y una serie de incendios provocados. Todas sus víctimas eran niños entre tres y seis años, circunstancia que ha provocado que el rodaje no haya sido nada fácil. Los niños que interpretaban a los menores traumatizados por la violencia necesitaron de la asistencia de sicólogos, como única manera de hacer viable su participación. Ante la posible polémica que pudiera derivarse, conviene aclarar que no hay imágenes violentas explícitas, siendo mostradas a la manera de Fritz Lang en «M, el vampiro de Düsseldorff» .

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