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Raimundo Fitero

Venal

Podríamos decir que vivimos en un mundo venal. Solamente los muestrarios de las farmacéuticas que te regalan los médicos de cabecera tiene un valor no venal, el resto estamos en venta. No es necesario estarse con insomnio consumiendo electricidad y pilas para ver que a ciertas horas de la noche, en las televisiones se vende de todo, ya que desde que suena el despertador hasta que se te cae el libro sobre la papada o te acurrucas en el sofá soplando levemente, el aparato totémico es un escaparate dispuesto a incitarte al consumo.

Quizás lo más claro y evidente son las ventas directas, los anuncios publicitarios, las maravillas que se pueden hacer con una escoba mágica que vende el amigo Juan o las arrugas que desaparecen con el photoshop y las cremas milagrosas. No, lo peor es el estado ideológico venal que impera de una manera sospechosamente uniforme. ¿Por qué ahora toca vender Monarquía a la ciudadanía? ¿Es por el juicio por la muerte de Lady Di, por la bajada en lectores del periódico de referencia de la progresía retro-felipista o porque Aznar quiere ser republicano como su capo, George Bush? De tal manera está el asunto, que el único programa que mantiene una línea definida es «Aquí hay tomate», es decir se lo toma todo a risa. Será por no llorar.

Por quemar una fotografía se empura a unos jóvenes en la Audiencia Nacional y se solicitan penas de cárcel a la birmana. ¿Quién se atreve a vender la idea de democracia moderna ante estas circunstancias escritas en los códigos penales? Si de verdad está tan aposentada la Monarquía, si se le debe tanto a la Corona, ¿por qué se asustan tanto ante un ejercicio de libertad de expresión de unos ciudadanos que dicen, simplemente, que no quieren ser súbditos?

Si estaba todo tan atado y bien atado, ¿a qué viene tanta escandalera, tantos monárquicos sobrevenidos, tanto papanatismo? ZP nos recalca que es el presidente del Gobierno de España, dos entes recaudatorios están poniéndole letra al himno de Raúl, Acebes y Rosa Díez, y solamente nos dejan una escapatoria: el humor de los cómicos de media noche. Al menos venden atisbos de inteligencia. Menos Santiago Segura, cada día más Torrente.

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