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Bush saca a Corea del Norte del «eje del mal» por un informe nuclear

EEUU ha decidido retirar a Corea del Norte de la lista de «estados terroristas» y dejar de considerarle enemigo a efectos comerciales después de que Pyongyang entregara a China una declaración que no incluye un listado sobre su arsenal nuclear. A lo que se ve, no hay nada como enseñar los dientes y tener capacidad nuclear real para doblegar a una Administración Bush que suspira por un éxito diplomático.

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Corea del Norte remitió ayer a China una declaración sobre su programa nuclear. Beijing confirmó haber recibido el informe, que en ningún caso contiene informaciones sobre el arsenal nuclear norcoreano.

El Gobierno estadounidense reaccionó inmediatamente anunciando el inicio del proceso para levantar las sanciones que pesan contra el país, uno de los más herméticos del planeta. Concretamente, el presidente, George W. Bush, notificó al Congreso la necesidad de retirar a Corea del Norte de la lista de «estados que apoyan al terrorismo». (List of State Sponsors of Terrorism), lo que cierra la puerta a ayudas económicas y a préstamos del Banco Mundial y de otras organizaciones financieras internacionales.

Paralelamente, instó a dejar de aplicar al Gobierno de Pyongyang el Tratado sobre el Comercio con el Enemigo (Trading with the Enemy Act), una ley que limita los intercambios comerciales. Cuba es hoy por hoy el otro país castigado por esta ley.

No obstante, persistirá toda una batería de sanciones, incluidas las que prohíben la ayuda puramente humanitaria.

La declaración, prometida por Pyongyang para finales de 2007 tras un acuerdo concluido en febrero de aquel año, cierra una primera fase de negociaciones internacionales iniciadas en 2003, tras la retirada norcoreana del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).

De la necesidad, virtud

No obstante, la declaración no arroja luz sobre la cuestión central del armamento nuclear y se limita a informar sobre los materiales, instalaciones y equipamientos nucleares. La cuestión del arsenal nuclear secreto ha sido dejada de lado, lo que en opinión de los expertos ilustra un giro de la Administración Bush, en su día inflexible frente a este país «comunista» y hoy necesitada de un éxito diplomático antes de que el presidente abandone la Casa Blanca.

«Sorprende el ferviente deseo de Bush de lograr un acuerdo, que está lejos de ser completo», destaca Bruce Klinger, antiguo cuadro de la CIA encargado de asuntos norcoreanos.

Lejos quedan los tiempos en los que Bush incluyó a Corea del Norte en el «eje del mal» junto a Irán y al Irak de Saddam Hussein. Washington dio luego un viraje de 180 grados aceptando conversaciones directas con el líder norcoreano, Kim Jong-Il, participando en negociaciones junto con China, Japón, las dos Coreas y Rusia.

Hecho sin precedentes, Bush envió en diciembre una carta personal a su homólogo norcoreano abriendo la vía a la normalización de las relaciones entre los dos países si Kim Jong-Il aceptaba suministrar una lista completa de sus programas nucleares antes del fin del mandato del presidente de EEUU, el próximo mes de enero.

La primera prueba de una bomba atómica en octubre de 2006 y los ensayos de misiles balísticos norcoreanos no lastraron sino que, al contrario, impulsaron las negociaciones. A cambio de su promesa de desnuclearización, Pyongyang comenzó a recibir ayuda energética. Su objetivo es una normali- zación de sus relaciones con EEUU y sus aliados y un tratado de paz que ponga formalmente fin a la Guerra de Corea, que se detuvo en 1953 con su partición.

EEUU trató ayer de vender el acuerdo anunciando que un responsable asistirá hoy a la demolición de la torre de refrigeración del principal complejo nuclear de Yongbyong.

En la misma línea, Bush aseguró que EEUU «nunca olvidará» que Pyongyang mantiene secuestrados a varios japoneses. Tokio insistía en condicionar cualquier gesto de apertura a su puesta en libertad. Es evidente que le han dejado en la estacada.

El papel clave de China en la resolución de la crisis

Anfitrión de las negociaciones a seis desde 2003, China ha jugado un papel clave en el proceso. «China ha empujado a Corea del Norte y a EEUU a seguir adelante», reconoce Brian Bridges, experto en política coreana de la Universidad Lingnan de Hong Kong. «Es cierto que los americanos hubieran querido a veces que actuara con mayor firmeza y rapidez, pero en conjunto China ha jugado un papel positivo», añade este analista.

Corea del Norte tensó los nervios de su principal aliado al hacer explotar su primera bomba atómica en 2006. Este suceso probó que la influencia de China sobre este país, al que suministra ayuda económica, obedece a razones más geopolíticas que ideológicas y que no era tanta como pensaban los occidentales.

Beijing ha jugado con paciencia y con gestos de alto valor político, como la visita la semana pasada a Pyongyang del vicepresidente chino, Xi Jinping, probable sucesor del presidente actual, Hu Jintao.

«Quid pro quo», a China no le ha interesado nunca una crisis en la península coreana. Defensora del estatus quo, siempre ha temido sus efectos económicos y políticos, sin obviar el riesgo de la llegada de cientos de miles de norcoreanos que podrían cruzar la frontera.

No obstante, y sin menospreciar su papel, los expertos destacan que fue el órdago lanzado por Pyongyang el que verdaderamente dio impulso a las negociaciones. «La terquedad de la Administración Bush en su negativa a negociar y a mantener las sanciones contra Corea se devaneció tras el ensayo nuclear», señala Seong Chang Cheong, especialista de Seúl. GARA

JAPÓN

La Administración Bush trató de mitigar con bonitas palabras la desilusión de Japón, que insiste en mantener la presión aduciendo que el caso de sus ciudadanos secuestrados no estaría cerrado, como sostiene Pyongyang.

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